<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347</id><updated>2011-10-07T01:39:50.707-02:00</updated><category term='Leyenda'/><category term='Ficción'/><category term='Ciencia ficción'/><category term='Humor'/><category term='Ensayo'/><category term='Poesía'/><category term='Realismo mágico'/><category term='Erótico'/><category term='Terror'/><category term='Fantástico'/><category term='Microcuento'/><category term='Policial'/><title type='text'>Para escribirte mejor</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>134</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6404113136708537620</id><published>2010-05-18T12:07:00.002-02:00</published><updated>2010-05-18T12:07:54.617-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Prefiero los golpes</title><content type='html'>Siento golpes lastimando mi piel varias veces por segundo y con cada contacto me recuerdo feliz, mirando al cielo, reflejándome en el río; el mismo río que luego me llevó de paseo a un nuevo mundo, hacia nuevas formas y destinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces me convertí en el envoltorio de un regalo y pude apreciar sonrisas y gestos de sorpresa, pero rápidamente me abollaban con ambas manos y me tiraban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego fui boleto de tren y por necesidad duré más tiempo, pero siempre me desechaban al terminar el viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También fui cigarrillo y acompañé momentos importantes, de nervios, de pasión; y me consumí con entusiasmo, con apuro y urgencia; y siempre sin conocer razones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui una nota de despedida, leída con emoción, sorpresa y resentimiento; mojada con lágrimas y abollada con bronca, luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fui el billete, el dinero que oyó las campanillas del hotel, el que otorgó placeres triviales, pero que luego causó dolor por mi presencia y ausencia, a muchos otros. Me gastaron y me culparon.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, a pesar de todo, prefiero los golpes. Prefiero la tinta salpicando de letras mi piel. Prefiero ser el transporte de palabras y de texto y conformarme con la idea de que así escaparé del mundo material para encerrarme en tus ojos, que me guardarán en tu mente como si vieran una arboleda a la vera del río; con la idea de que con ellos, con tus ojos, podré ver otra vez el cielo y no será efímero. Prefiero los golpes hasta el final, hasta el punto final, que será el principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6404113136708537620?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6404113136708537620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6404113136708537620' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6404113136708537620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6404113136708537620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2010/05/prefiero-los-golpes.html' title='Prefiero los golpes'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5246270648989456832</id><published>2010-03-03T12:25:00.000-02:00</published><updated>2010-03-03T12:25:53.130-02:00</updated><title type='text'>El control</title><content type='html'>—Eli, esta noche vendrá Roberto a cenar —Marcos se expresaba con seriedad y algo de inusual autoritarismo—, así que preparanos algo rico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Tu socio? ¿Para qué lo invitás si te está cagando con el negocio? ¿Justo hoy? —había descontento en la voz: por el atropello y por el invitado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, hoy, y vamos a arreglar todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía meses que el negocio no tenía ingresos. Roberto aprovechaba para comprarle acciones a Marcos, quién solo conservaba el treinta por ciento de la empresa y ya no compartía decisiones. Así, en poco tiempo se quedaría sin nada. Elizabeth era la única persona que lo alentaba y lo aconsejaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos, deseaba (si acaso existiese la posibilidad) recuperar todo ese mismo día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaron, Marcos mantuvo la puerta abierta; Roberto pasó y, aunque allí la penumbra era intensa, dejó su abrigo en el perchero casi sin mirar. Luego buscó en el espejo del living, que reflejaba la cocina, una figura femenina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para cuando la comida estuvo servida, sólo se oían los cubiertos chillando; y las miradas volvían al plato si se cruzaban con los ojos de otra persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos cortó el silencio como una rebanada de peceto al preguntar a Roberto por qué no había venido su esposa. Y casi sin dejarlo responder, contó la anécdota del día, envolviendo las palabras con sonrisas divertidas, irónicas y sarcásticas:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Já! ¡No sabés, Eli! Así de serio como lo ves, hoy a la mañana estaba como un chico. Lo vi en su oficina, llevaba un sobre, estaba emocionado: ¡era muy gracioso! —con el rostro inexpresivo, Elizabeth miró a Roberto, quién se limpió los labios y bebió un largo sorbo de vino—. Y, claro..., pensé mal. Pensé que se trataba del negocio, de algún golpe final para que yo me quedara sin nada. Por eso al mediodía entré a la oficina y leí la carta —el invitado tragó saliva y la anfitriona abría y cerraba sus manos húmedas—: los detalles, mejor los dejamos para cuando esté tu mujer, ¿no Roberto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos disfrutaba observando a los comensales y sus gestos mudos. La cena terminó rápido, pero la digestión de la noticia sería lenta y molesta como un zumbido. Al momento del café, Marcos continuó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ah, Roberto! Acá tengo —dijo, al tiempo que sacaba papeles de una carpeta— un contrato de redistribución de acciones: ¡te quedarías con el cuarenta por ciento! Firmá acá…, ¡te conviene! ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejando el café intacto, Roberto se fue. Antes, Marcos mandó saludos a su mujer y le recordó que cada tanto la veía en la oficina municipal donde ella trabaja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Se arregló lo del negocio! ¿No estás contenta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Sos una mierda! Contás algo por lo que tendrías que estar mal y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Antes...! —Marcos la interrumpió con voz firme—. ¡Antes tenías que pensar en que yo no estuviera mal!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Basura! ¡Me usaste! ¡Me trataste como una puta y me aprovechaste para tus negocios!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo no busqué nada de esto. El que escupe para arriba...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Quiero el divorcio! —Elizabeth levantó los ojos y los dedos acompañaron las cuentas mentales: cuarenta más la mitad de sesenta...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—De acuerdo. Pero mi hermano no podrá ser el abogado; como es el nuevo titular de las acciones de la empresa, no sería ético.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquel día Marcos controló la empresa y logró que Roberto cediera el resto de su parte. Lo que no pudo controlar fue el dolor en el pecho, el vacío subiendo a la garganta y las lágrimas llenando el rostro cada noche cuando cenaba solo entre ollas, platos sucios y abandono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5246270648989456832?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5246270648989456832/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5246270648989456832' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5246270648989456832'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5246270648989456832'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2010/03/el-control.html' title='El control'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-8854898222585402449</id><published>2010-01-04T16:42:00.001-02:00</published><updated>2010-01-04T16:42:00.326-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>¿Sabían lo de la savia?</title><content type='html'>Hay los que no creen en nada y lo esperan todo&lt;br /&gt;Hay los que creen todo y no reciben nada&lt;br /&gt;Y hay los que sin tener nada van en busca de todo&lt;br /&gt;Hay los que asisten al funeral de cada segundo de su vida&lt;br /&gt;Hay los que asisten al nacimiento de los instantes que florecen&lt;br /&gt;Y hay los que se acostumbran al ciclo divino viviendo el tallo&lt;br /&gt;Nosotros nos quejamos de morir tan pronto&lt;br /&gt;Ellos se quejan de acostumbrarse a vernos pasar&lt;br /&gt;Nosotros nos quejamos de la finitud del viaje&lt;br /&gt;Ellos se quejan de la falta de vértigo y aventura&lt;br /&gt;Nosotros nos quejamos de oir sus quejas&lt;br /&gt;Ellos las escucharon, las escuchan y las escucharán. &lt;br /&gt;Viven en el tallo y lo tienen todo, menos la savia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-8854898222585402449?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/8854898222585402449/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=8854898222585402449' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8854898222585402449'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8854898222585402449'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2010/01/sabian-lo-de-la-savia.html' title='¿Sabían lo de la savia?'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-314070967127431186</id><published>2010-01-04T16:40:00.004-02:00</published><updated>2010-01-04T16:41:10.012-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Poesía'/><title type='text'>Catando cáliz</title><content type='html'>He aquí un hermoso monumento:&lt;br /&gt;la sangre de Baco, la suciedad y la saciedad de todos.&lt;br /&gt;Tristeza de ladrillos pulidos por el tiempo, &lt;br /&gt;y por las aguas sucias de petróleo y aceite&lt;br /&gt;que se desparraman danzando &lt;br /&gt;como una mosca cautiva bajo la campana de vino.&lt;br /&gt;Vacié el mundo tragando de a sorbos, &lt;br /&gt;sacié mi sed creando huecos en otros.&lt;br /&gt;Duele. Y me pregunto ¿qué tenía dentro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-314070967127431186?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/314070967127431186/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=314070967127431186' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/314070967127431186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/314070967127431186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2010/01/catando-caliz.html' title='Catando cáliz'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-859806345867733734</id><published>2010-01-04T16:34:00.002-02:00</published><updated>2010-01-04T16:52:50.952-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Justo a tiempo</title><content type='html'>-¡Es muy pesada la caja! ¿Qué tiene dentro?&lt;br /&gt;-Tiene una hermosa joya, cubierta de cristal. Así que, por favor, con mucho cuidado que al menor golpe se puede romper. Recuerda: Parque Industrial Norte, torre 4, piso 29, entregarlo al señor Domínguez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para evitar que el movimiento natural de la moto en la calle afecte al cofre lo colocó en una mochila que ubicó delante de su cuerpo, llevando la joya cerca de su corazón, que latía fuerte por la responsabilidad que había asumido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ritmo lento le tomó casi una hora llegar a destino. Al entrar al parque industrial se quedó vislumbrando las torres unos instantes: eran como bestias imponentes que iban comiendo y escupiendo la gente que pasaba por la entrada de cada edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ingresó a la torre 4 detrás de una mujer muy atractiva, quizá una secretaria o recepcionista, que él observaba disimuladamente al mirar hacia delante. Hasta los dos policías que custodiaban la entrada la siguieron con la mirada. Luego, los oficiales observándose mutuamente, realizaron un gesto de babosa complicidad. Por eso pudo ingresar tras ella sin perder tiempo en controles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan solo catorce segundos después de haber subido al ascensor estaba en el piso 29. Después de esperar unos minutos lo recibió su secretaria. Era la mujer había que caminado delante suyo; ahora desplegando su belleza y elegancia con mayor soltura. Fue ella quién recibió el cofre que tenía una cruz tallada en la tapa. Se despidieron con cordialidad, aunque él hubiera preferido un beso, algo más cercano, un gesto de esperanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió de la torre y caminó por el parque de entrada con mucha tranquilidad por haber cumplido su trabajo. Se quedó pensando en la suerte de quienes trabajan con mujeres tan hermosas cuando de repente sintió un soplo de aire, un estruendo lejano que fue creciendo como una bola, un quejido en el aire y en la tierra, desde las entrañas, desde la ciudad misma. Giró su cabeza y confirmó lo que el calor anunciaba: la torre estaba en llamas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras unos segundos de confusión y al ver la gente gritando desesperada comenzó a correr hacia el edificio. Solo se detuvo cuando el ruido de vidrios rotos salpicó de cristal y luego de sangre los alrededores. Siguió corriendo y observó en el hall personas tiradas en el piso, intentando alcanzar la salida. Saltando sobre el fuego entró a la recepción y tomó de los brazos a una persona que arrastró hacia fuera. El crepitar del fuego, las explosiones y los gritos se acallaron un instante y el escuchó un maullido. Giró y vio un gato negro, con el lomo en alto, caminar lentamente y reflejar, en sus ojos rojos, la torre en llamas. En ese momento comprendió cual fue su papel en la dramática historia; se levantó y corrió nuevamente hacia el edificio en ruinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-859806345867733734?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/859806345867733734/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=859806345867733734' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/859806345867733734'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/859806345867733734'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2010/01/justo-tiempo.html' title='Justo a tiempo'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-3182382615436126731</id><published>2010-01-04T16:09:00.002-02:00</published><updated>2010-01-04T16:09:24.020-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>Actuación cautelar</title><content type='html'>Desayunaba con fingida tranquilidad. No se preocupó de juntar las migas de pan ni de limpiarse las manos cuando untó manteca en la tostada sin controlar la fuerza y desparramó todo en la mesa. Tampoco le importó que el café con leche se enfriara lentamente. En su cabeza solo había lugar para imaginar la escena: ¡el día había llegado! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era un buen abogado aunque sus años de estudio habían relegado su vocación de actor. Pero con la filmación del documental sobre el Palacio de Justicia su pasión juvenil se haría realidad. Interpretaría a un conductor que había atropellado y matado a un peatón, y sería condenado en un juzgado penal. No hacía falta que hablara, su actuación estaba basada en gestos, pero debía meterse en el personaje completamente para que sus expresiones fueran creíbles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando subió al auto se dio cuenta de que iba con retraso. Manejó apurado, sabía que no podrían comenzar la jornada sin él. Más se apuraba y más se retrasaba; el tránsito era traicionero. Era un día muy especial para él, así que superó cada traba del camino y avanzó casi sin parar ni mirar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó lo llevaron a la sala. Puso cara de circunstancia cuando leyeron los cargos y apenas si miró al juez con el entrecejo fruncido cuando pronunció la condena. Reforzó su gesto pensando, “¿Diez años de cárcel por chocar a un imbécil que cruzaba la calle con el semáforo en rojo? ¡Yo estaba realmente apurado! ¡Era un día especial! ¿Esto es justicia?” y entonces el rostro mostró indignación y un poco de impotencia y dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su abogada, su socia, que estuvo en silencio sentada a su lado, se puso de pie y con un ademán llamó a la fuerza pública. El condenado la miró con rabia mientras un policía lo llevaba a los tirones tomándolo del brazo. Quiso gritar. Mejor aún, ¡correr!: se sentía impulsado a hacerlo, total, él conocía mejor que nadie los pasillos del Palacio de Justicia. Pero no hizo nada. Se dejó llevar por el oficial como se dejó engañar por su abogada, que jamás lo defendió, tan fiel que había sido siempre. Tratándose de ella, resultaba incomprensible una traición así. Él estaba enamorado de su socia, y ella lo sabía. Era su princesa; así la llamaba y así la trataba cuando estaban solos. Y en ese momento se había convertido en su verdugo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como Hamlet, caminaba de una esquina a otra de la sala recitando, o lanzando alaridos a una audiencia de oídos sordos. Cuatro años habían pasado desde la primera actuación. Todos los días se preguntaba si completaría primero los diez años de condena o escucharía gritar “¡Corten!” en algún momento. Mientras tanto, la noche se cerraba apagando la débil luz del sol del atardecer que llegaba cortada en rodajas a través de los barrotes de su celda: un día más en que el telón bajaba sin público ni aplausos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-3182382615436126731?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/3182382615436126731/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=3182382615436126731' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3182382615436126731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3182382615436126731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2010/01/actuacion-cautelar.html' title='Actuación cautelar'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-8032740759911865264</id><published>2010-01-02T20:19:00.002-02:00</published><updated>2010-01-02T20:19:18.225-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Desde las cenizas</title><content type='html'>Eran las once de la mañana y estaba todo preparado: la casa limpia y ordenada, la mesa puesta y yo listo —ansioso también— para el encuentro tan deseado. Cruzaba los dedos rogando que el delivery (que traería pastas rellenas con pollo, bañadas en salsa rosa, su plato favorito) llegara antes que ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¡Pensar que nos conocimos peleando! Yo había entrado al chat y le hablé: “Hola Luna, como estas?”, y ella me llenó la pantalla de reproches y reclamos: “…no te hagas el tonto se que sos Fenix con otro apodo”, “sos una basura me queres usar a mi tambien como hicistes con las otras chicas”, y otros ataques más que no comprendí y que ahora no recuerdo. Le aseguré y le juré que no era Fenix sino Federico. No me creyó pero seguimos conversando hasta que terminó dándome la razón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y ahora, tres meses después, la estaba esperando con la vista clavada en la puerta y deseando que el timbre cortara el silencio y la soledad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Hablamos tanto en el MSN… Me contó que trabaja como vendedora y que viaja por diferentes ciudades visitando clientes, que es soltera y confía en que el amor de su vida aparecerá de un momento a otro; yo le conté algo sobre mis relaciones anteriores y mis planes futuros. Poco a poco nos fuimos enganchando hasta caer en una gran dependencia: cada día, esperábamos impacientes que llegara el atardecer para chatear dos, tres y hasta cuatro horas. No recuerdo en qué momento empezamos a tratarnos como novios pero desde ese instante nuestras charlas se cargaron de erotismo y de inteligencia. Jugábamos a seducirnos como si estuviéramos frente a frente, y muchas veces vivimos virtualmente el encuentro de hoy, con lujo de detalles. Nos volvimos expertos en el arte de hacernos el amor; y no dudábamos de que el encuentro real sería como una obra de teatro magistralmente interpretada, después de tantos ensayos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¡Por fin! El timbre sonó tembloroso y entrecortado al principio, y ronroneó vacilante después. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mientras me levantaba del sillón volví a imaginarla como tantas veces; contaba solo con su descripción ya que nunca me envió fotos ni quiso usar su cámara web. La recordaba con pelo castaño, ojos claros, delgada, no muy alta. Mentalmente, veía en ella una mirada pícara y actitud inquieta, como nerviosa. Me había dicho que su aspecto quizá variaría un poco respecto de la descripción o de mi imaginación, pero yo le aseguré que la quería más allá de sus características físicas, y era verdad. Quedó en pasar por mi casa luego de recorrer el barrio, aún con la carpeta en la mano, como si yo fuera un cliente más. ¡Cuánto hemos fantaseado con la forma en que la pobre carpeta volaría por los aires víctima de nuestra pasión irrefrenable!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Caminando hacia la puerta supuse que me encontraría con el almuerzo  llegando justo antes del mediodía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Primero abrí la puerta, despacio; luego, cuando la vi, abrí la sonrisa, de marco a marco: ¡era hermosa! El pelo rubio llovía sobre su camisa. Era más joven de lo que esperaba y su mirada en lugar de pícara era esquiva. Miró su carpeta y no dijo nada, ¡no hacía falta! Extendí mi mano izquierda en dirección al living, y entró. Caminé los pasos que me separaban de su armónica figura sin despegar mi mirada de sus ojos marrones. Ella, sosteniendo la carpeta con ambas manos sobre su falda, no podía responderme la mirada y observaba, en cambio, los diferentes rincones de mi casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Parados frente a frente y rostro contra rostro, intenté besarla, y su boca  se escondió en un costado. Entonces recordé lo que me contó chateando: había sufrido mucho por un desengaño amoroso y le costaba abrirse a alguien nuevamente. De hecho, yo sería su primer hombre desde aquella tormentosa relación. Lo único que hice fue esconder su rostro entre mi pecho y mi hombro y jugar con una mano en su pelo y con la otra en su espalda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cuando sus manos se animaron a responder de igual manera, busqué otra vez sus ojos, y encontré sus labios. Todavía el beso era frío, suave y superficial, o quizá yo estaba muy ansioso. Pero, así como en el chat nos conocimos acumulando palabras, nuestros labios fueron sumando besos y descubriéndose paulatinamente; y en poco tiempo ganaron confianza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Nos sacamos los apodos, los e-mails y las cuentas de sitios sociales; nos quitamos la ropa, el calzado y todo lo que molestaba. Hicimos de la alfombra una pradera, de su piel un templo abandonado a re descubrir, de mis manos una enredadera y de nuestros cuerpos un nudo que rodó sobre el césped como un animal salvaje. Olvidamos el guión que habíamos ensayado y escribimos, con sudor compartido, uno nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después de la improvisada función, atrapamos el relax y la tranquilidad en un fuerte abrazo cuando el timbre, inoportuno, volvió a chillar en la puerta. En realidad, era bienvenido; hay ocasiones en que la comida se hace indispensable. El timbre volvió a sonar, más largo e impaciente que antes. Apurado, apenas logré vestirme con una remera y mi ropa interior, y abrí la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Encontré una mujer con los brazos en alto. En una mano sostenía una botella de vino y en la otra una carpeta. También sostenía una sonrisa que, al tiempo que los brazos bajaban, fue apagándose para dejar en penumbra un rostro de asombro y decepción. Más abajo, colgando de su cuello, tenía un cartel que reclamaba “Luna”. Di un paso atrás, intenté taparme las piernas, y ella aprovechó para entrar. La otra mujer, aún descalza, se acomodó la pollera y comenzó a re organizar su carpeta que había perdido hojas en la alfombra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Luna miraba a la mujer. La mujer siguió mirando la alfombra. Yo no sabía qué hacer. El triángulo estaba unido por un aire espeso y gomoso. Me acerqué a Luna y le dije en voz baja, tratando de que la otra no me escuchara:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; —Fue una confusión... tiene una carpeta, yo no sabía...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero “la otra” me interrumpió y, por primera vez, la escuché hablar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; —Es... es una encuesta rápida, solo..., solo son cinco minutos —no sé si por la ausencia de respuesta, o por la mirada incrédula de Luna, pero terminó la frase después de un par de segundos de mirarnos alternadamente—. Creo, creo que volveré en otro momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y salió de la casa sin levantar la mirada mientras un “fue hermoso” se me atragantaba en la garganta. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Cerré los ojos y me puse a repasar mentalmente lo sucedido. Sentía frío en las piernas y calor en el rostro. Escuché que Luna repetía, en voz baja o quizá distante, con tono de reproche, algo sobre Fenix. Sentí que tendría que comenzar todo de nuevo, desde las cenizas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-8032740759911865264?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/8032740759911865264/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=8032740759911865264' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8032740759911865264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8032740759911865264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2010/01/desde-las-cenizas.html' title='Desde las cenizas'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1779265271095449934</id><published>2009-12-29T02:13:00.000-02:00</published><updated>2009-12-29T02:13:47.711-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Erótico'/><title type='text'>El fuego, fuera de juego</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt; Todos decían que la casa de Sebastián era el lugar ideal para jugar a la botella porque tenía una mesa redonda y grande en el comedor, y una cocina pequeña que servía como lugar privado para cumplir las prendas. Ya estaba acordado que las prendas serían besos, y el tiempo en "el privado" de aproximadamente cinco minutos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El juego era fácil: por turnos hacíamos girar la botella; el apuntado por el pico tiraba un dado; y el resultado lo relacionaba con su compañero eventual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa era mi primera vez en el juego, y sería, si la suerte me acompañaba, el primer beso de mi vida. Cuando la botella me apuntó y luego arrojé el dado, emocionado esperé con ganas que el resultado seleccionara a Pía. Quería que el beso inaugural fuera con ella. ¡Y así fue! Pía se levantó decidida y yo la seguí hacia la cocina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El momento inicial, justo antes de comenzar, fue mágico y trágico a la vez. El paso siguiente era acercarse y besarse, de eso se trataba, pero... había que animarse. Yo no tenía experiencia: lo primero que hice fue estirar mi mano &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;—quizá influenciado por películas y escenas de la televisión&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;—&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;; ella la tomó y entonces nos acercamos. Estábamos frente a frente, como cuando una pareja se dispone a bailar un tema lento. Llevé mi mano a su espalda y así nos acercarnos más. Con mis dedos libres acomodé el pelo por detrás de su oreja y luego dejé que recorrieran la linea donde termina el cuello y comienza la cabellera hasta quedar descansando en la nuca, sosteniendo su cabeza. Noté que cerró los ojos y eso me gustó porque sentí que confiaba en mí. Enfrenté mi rostro al suyo y, como una mariposa, mis labios se acercaban, revoloteaban las alas sobre sus pétalos rojos, y seguían viaje dejando respiración mezclada como huella. Así, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;mis labios rozaron sus labios rosa casi sin saborearlos. Y &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;ella buscaba, llevando su boca hacia arriba, prolongar el momento. Yo mismo, consciente de tener frente a mí el más exquisito manjar; me cansé del juego, no resistí más; tomé los gajos de fruta con mis labios y los exprimí como naranja fresca. El jugo transparente pronto apareció y pudimos movernos sin trabas. Entonces, juntos encontramos que los labios eran más grandes de lo que se veía, que la boca tenía laberintos insospechados y que la lengua no solo era protagonista del habla. Movíamos las cabezas para acomodarnos mejor a las diferentes exploraciones y nuestras manos se movían sincronizadas también sobre nuestras espaldas y brazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vamos, ya pasó el tiempo, tiene que entrar la otra pareja! —gritó Seba, bajándonos de un hondazo del vuelo húmedo y sincronizado en que nos habíamos abandonado. Salimos caminando despacio, sin decirnos nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté nuevamente a la mesa, pero Pía no quiso seguir jugando y se quedó dando vueltas por la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron varias rondas más hasta que Clara, con una alegría que no supe comprender, me eligió como compañero. Después de mi primera experiencia me sentía más seguro. Aún tenía la frescura de Pía en mis labios y recordaba la imagen de sus párpados cerrados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Alguna vez besaste con los ojos cerrados? —Clara me tomó por sorpresa. No supe cuál sería la respuesta más conveniente. Me quedé mirándola y amagando con la boca palabras que nunca pronuncié. Mientras yo dudaba ella ató un pañuelo en mi cabeza reduciendo mi visión y ampliando mi mundo hacia la imaginación. Siguió hablándome, y su voz, en la oscuridad, sonaba diferente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo que atarte las manos porque al no ver capaz me golpeas sin querer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no decía ni hacía nada. La oscuridad estiraba cada segundo al doble o al triple. Sentí su respiración en la nuca; luego sus labios acercándose por mi mejilla y no pude evitar girar mi rostro hacia allí. Dejé de sentirla. Tocó mis labios: quise abrazarla con mi boca y mordí el aire. Respiraba cerca de mi oído izquierdo, luego en mi mejilla derecha y volvió a rozar mi boca. La situación era desesperante, pero deliciosa. En mi oreja sentí una respiración agitada, en mi costado opuesto también. No sabía hacia donde buscar. Luego vino el silencio y la ausencia de sensaciones. Pero podía notar movimientos y pasos a mi alrededor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como un calesitero mostrando la sortija a un niño sentí el chasquido que la saliva provoca en la piel al besar, pero no era mi piel. Estaba haciéndome desear sus besos: el juego de Clara era perverso y efectivo. Mientras el sonido me recordaba el intercambio que tuve con Pía, sentí una mano en mi brazo, luego en el otro, y otra vez la respiración, y otra vez el roce de labios en mis labios, y por fin pude atrapar la presa, que se dejó devorar por mi boca, ciega de realidad pero muy vidente de deseo. Estaba descubriendo y recorriendo esos labios cuando sentí más respiración a la altura de mi cuello. Aunque quería arrancarme los pañuelos y ver qué estaba pasando &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;decidí quedarme quieto&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;. La lengua se alejó y volvió más fresca a unirse como una sanguijuela a mi piel. Y se fue desplazando por mi cara hasta llegar a la oreja. Recorría esos laberintos con besos que como chispas encendían fuego en mi interior. Y echando aún más brasa al fuego, mi boca fue apresada por un par de labios que, con entusiasmo, se llevaron mis temblores. Paralizado, con mi boca abierta y la respiración agitada, sentí un nuevo par de labios hurgando exploradores en mi carne. De golpe, otra vez la ausencia, el aire frío en los labios, en la oreja, en la cara. Ese silencio negro era interrumpido por ruido a besos y saliva chirriando. Otra vez el juego. Y otra vez los labios, dos, cuatro, seis. Otra vez se alejaron. Con esa pausa levanté mis manos, aún atadas, y arrastré el pañuelo de mi cara. Allí estaban Clara y Pía con sus ojos cerrados, con sus labios activos, con sus lenguas batallando y sosteniéndose con un medio abrazo que, como una puerta abierta, me invitaba a cerrar el triángulo. Me acerqué y uní mi beso al fogón donde cada llama, sin duda, sumaba calor al inocente juego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Otra vez lo mismo! ¡Ya salgan! —oportuno, como siempre, Seba echó agua en las brasas. Ni ellas ni yo quisimos seguir jugando.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;_ &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1779265271095449934?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1779265271095449934/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1779265271095449934' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1779265271095449934'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1779265271095449934'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/12/el-fuego-fuera-de-juego.html' title='El fuego, fuera de juego'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5802868681422031775</id><published>2009-12-19T19:44:00.001-02:00</published><updated>2009-12-21T21:50:34.594-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>El cajón de los secretos</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;El pueblo era chico, pero durante las fiestas navideñas se llenaba de gente que salía de compras. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Marcos, seguro de&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt; que se repetiría el éxito comercial de años anteriores&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;, preparaba su negocio; y mientras pensaba en qué porcentaje aumentar los precios, entró su hijo, Julián, corriendo y ansioso por hablarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Papá! ¡Me lo prometiste para hoy!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estoy ocupado, mejor a la tarde, ¿sí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julián accedió. Había insistido mucho para que su padre aceptara ir hasta la cima de la montaña donde vivían el abeto más grande que hubieran visto y una familia solitaria, que nunca bajaba al pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaron dos horas bajo el sol por un sendero sin vegetación y vieron aparecer en el horizonte la copa del abeto, asomándose como un títere tras los lejanos arbustos. El chico corrió desesperado hasta que el árbol se desplegó completo, como un gigante verde apuntando al cielo. Un hombre viejo, de barbas blancas, salió presuroso a recibirlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Si vienen a buscar el árbol, ¡no permitiré que lo toquen!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi hijo quería —Marcos tomó a Julián de los hombros, lo puso delante de sí y cruzó las manos sobre el pecho del niño— conocer el abeto gigante...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo aflojó el cuerpo y su sonrisa se vio como una liebre corriendo entre los arbustos de la tupida barba. Caminó hacia el árbol, se detuvo bajo la copa, cuya sombra era como una casa, y los invitó a sentarse en unos desprolijos bancos de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué no le puso luces al árbol —consultó Julián—, si ya estamos en navidad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi silabeando, el viejo le repreguntó qué sabía él de la navidad; y el niño, apurado, contestó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es porque nació Jesús y por eso tenemos regalos y nos juntamos todos y es divertido porque hay luces en el arbolito y fuegos artificiales y me compran ropa nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos observaba orgulloso a su hijo. El viejo, que rascaba su mentón entre la selva blanquecina, en voz alta y apresurada, como si estuviera enojado, dijo lo suyo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo mejor que podemos hacer en navidad es imitar a Jesús y sus costumbres. Y para él, seguramente, era más importante contar con una familia unida que los juguetes y las ropas, o saber que se puede compartir una comida con los seres queridos en lugar del ruido y los&amp;nbsp; fuegos artificiales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo se dirigía a Julián, pero también miraba a su padre, cada tanto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Antiguamente, se colocaban manzanas, que simbolizaban los pecados, y velas, que representaban la creencia en Dios. Entonces, los pecados estaban al alcance de la mano, y la creencia nos ayudaba a no tomarlos. Cuando esto se transformó en árboles de plástico, bolitas de colores y luces eléctricas, se perdió el real significado. Lo mismo con los regalos. Igual, entiendo que como niño estés ansioso por la parte más divertida y visible de la navidad: vos sólo aprendiste lo que te enseñaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos tragó saliva y esperó que su hijo no lo mirara, pero Julián lo observó con curiosidad y algo de desencanto. Volvieron al hogar sin hablar. Al llegar, Julián le pidió que lo llevara otra vez al día siguiente: quería averiguar sobre Papá Noel. Marcos no quería llevarlo, pero no pudo negarse y asintió con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la segunda visita observaron en detalle la pequeña casa, cuyas paredes de rodajas de troncos contenían ventanas y sostenían un abundante techo de paja. Fueron recibidos por la familia completa: José, su mujer y un niño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Usted sabe quién es Papá Noel? —preguntó Julián, tapándose la boca con culpa y vergüenza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es tu papá... —la frente de Marcos se frunció, José lo vio y rectificó—, es tu papá quién tiene la respuesta. Estoy seguro de que, como ya sos un chico grande e inteligente, él te contará todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julián, un poco confundido, pasó a la siguiente pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ustedes tienen familiares? ¿Se reúnen con ellos para navidad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, claro, nos reunimos con ellos muchas veces al año. Por ejemplo, cada vez que terminamos de hacer un regalo, los visitamos. Hacemos muebles, adornos, dibujos, comidas o postres... lo que sabemos que a cada uno le gusta o necesita. Y son regalos que hacemos con nuestras manos, y ellos lo valoran muchísimo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al volver, Marcos, muy a su pesar, contó quién era en realidad Papá Noel, qué sucedía en la época de los reyes magos, y confesó, quizá a modo de excusa, que él mismo creyó en todo eso hasta que fue unos cuántos años más grande que Julián. El niño preguntó algo sobre las razones, y sobre si eso era como mentir, y después de consultar si las cosas no podían ser diferentes, el silencio volvió a reinar entre ambos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Faltando solo unos días para navidad, Marcos estaba retocando nuevamente los precios cuando Julián entró corriendo con unos papeles bajo el brazo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Papá! Mirá, éstos dibujos los hice yo, éste es para el tío y ya está listo, éste está armado con hojas y pétalos y semillas y es para la abuela... ¿después me llevás así se los damos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos lo alzó en brazos y lo abrazó fuerte cuando, a paso lento, entraron al negocio José y su niño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hola! Les trajimos esto que hicimos entre los dos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué lindo cajón! —dijo Julián, tomándolo con ambas manos—. ¿Y para qué sirve?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es una cajón para guardar secretos —respondió, risueño, el hijo del viejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Así? ¿Sin candado? —dudó Marcos, que no paraba de observarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, porque es para usar en el hogar —hubo silencio, miradas y reflexiones—. ¿Estaban ocupados?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcos comentó que estaba reduciendo los precios y le contó sobre los nuevos proyectos de Julián. Luego de un rato de charla, tiempo en el cual los chicos jugaron con las pinturas y completaron imaginariamente los dibujos, se despidieron. Marcos estrechó la mano de José y estuvo a punto de decir una frase común, gastada, dos palabras vacías de tanto maltrato, y ante la sonrisa sincera del viejo, sólo dijo «Gracias. Muchas gracias, José», y ambos supieron que el agradecimiento era por mucho más que el cajón.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;_ &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5802868681422031775?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5802868681422031775/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5802868681422031775' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5802868681422031775'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5802868681422031775'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/12/el-cajon-de-los-secretos.html' title='El cajón de los secretos'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-9055115943863382352</id><published>2009-12-19T19:43:00.000-02:00</published><updated>2009-12-19T19:43:47.152-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Hacia la luz</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Por la noche era más factible el consumo de alcohol, pero a esa hora la gente desayunaba, ¡no tomaba &lt;i&gt;whisky&lt;/i&gt;!. Ya le había servido dos medidas cuando el sol, que castigaba tanto al riachuelo como a la fachada antigua del bar, subió y comenzó a entrar al salón del segundo piso a través de los ventanales de vitreaux. Se escuchaba un lejano tango desde el bodegón vecino.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;El hombre estaba revisando sobres y leyendo papeles. Cuando pasé a su lado para preparar una de las mesas guardó todo: aparentemente eso era un secreto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí observándolo. Tomó un sobre más chico que los demás. Iba a guardarlo nuevamente y al final se detuvo, sosteniéndolo entre sus dedos, frotándolos suavemente como intentando adivinar al tacto el contenido. Levantó con ambas manos el sobrecito y lo giró hasta que el papel se hizo trasluz contra el sol de la mañana. Desde aquí, con una breve mirada, apenas pude apreciar que dentro del sobre una figura rectangular opacaba la claridad: tenía el tamaño de dos paquetitos de azúcar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un cuidado y una lentitud que me generaron intriga, abrió el sobre, introdujo el dedo índice y se ayudó con el pulgar para retirar despacio, como se descubre una carta en el truco, el diminuto papel. Era una foto. La observaba inmóvil. La dejó en la mesa y le clavó nuevamente los ojos. No sé cuánto tiempo estuvo mirándola. La acercaba a su rostro, la giraba, la examinaba desde diferentes ángulos y con distintos reflejos de luz. Y a juzgar por los gestos del rostro, su mente entrenada para recordar estaba reviviendo situaciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De reojo vi que había guardado la foto y que me pidió un café con la mano. Cuando se lo serví, la mesa parecía estar vacía, pero su mano extendida ocultaba debajo, inocentemente, la pequeña foto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde la barra sentí el primer ruido, que no me asombró: era la silla quejándose de que el hombre se había levantado urgido y descuidado. Después, apurado y con torpe esfuerzo, abrió la puerta que lleva al balcón, reducto habitual de los fumadores. El hombre, con la somnolencia de quien no durmió en la noche, ya no podía disimular sus nervios: seguramente necesitaba un cigarrillo o ventilar el alcohol ingerido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, me alarmé cuando se redujo la claridad del ventanal. Lo vi parándose en la baranda del balcón y tambaleando hasta afirmarse. Primero le escupí una dura mirada de reproche; luego, corrí hacia él, pero a veces el tiempo corre más rápido que los hombres: al llegar a la puerta del balcón, él ya no estaba. No quise mirar. Sólo volví hacia su mesa y vi la foto. Mostraba una mujer delgada. La chica estaba en el aire y sus ropas flameaban alejándose del cuerpo. Parecía que estaba cayendo. Detrás de su rostro vivaz y sus brazos extendidos, se veía, algo borroso y apenas iluminado, el cartel fileteado de este famoso bar de La Boca, llamado Hacia la luz, tal como era algunos años atrás. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;  &lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;_&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-9055115943863382352?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/9055115943863382352/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=9055115943863382352' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/9055115943863382352'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/9055115943863382352'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/12/hacia-la-luz.html' title='Hacia la luz'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7923007353218671406</id><published>2009-12-11T10:56:00.000-02:00</published><updated>2009-12-11T10:56:57.745-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ensayo'/><title type='text'>Para saber cómo vivir en el bosque hay que volver al jardín</title><content type='html'>&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;"Todo lo que necesitamos saber para vivir en sociedad lo hemos aprendido en el jardín de infantes", decía Robert Fulghum, con gran acierto. Podemos agregar que necesitamos recordar o quizá revivir aquellas enseñanzas para que nuestro presente de adultos sea placentero y responsable al mismo tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros años de vida son los más importantes para nuestro desarrollo personal. Nos lo enseña la psicología. Nos lo enseña la naturaleza. El árbol guarda sus raíces bajo la superficie y nosotros guardamos los aprendizajes en lo profundo de nuestro ser. Y claro que tanto la copa del árbol como nuestra forma de ser serán más resistentes cuanto más fuertes sean dichas raíces. ¿Y qué tal si regamos un poco el suelo para que las ramas y hojas reflejen lo que hay en la profundidad?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;Lo más significativo que aprendimos en el jardín de infantes fue a relacionarnos sanamente. Adquirimos la costumbre de compartir todo con los demás (juguetes, materiales y herramientas). También hemos experimentado el trabajo en equipo cuando, por ejemplo, cantábamos canciones a coro o armábamos figuras encastrando objetos entre varios chicos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco entendimos la importancia de jugar limpio con nuestros compañeros: no hacer trampa. Nos enseñaron a no usar violencia verbal ni física con nuestros semejantes. Y a disculparnos si alguna vez lo hacíamos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella época guardábamos todo lo que usábamos, nuevamente en su lugar original; manteníamos limpias nuestras pertenencias y jamás se nos ocurría tomar algo ajeno.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adquirimos el hábito de lavarnos las manos antes de comer; entendimos que la leche era un buen alimento y que debíamos llevar una vida balanceada. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Disfrutamos de expresiones artísticas con total frescura: dibujar, pintar y escribir -aunque más no sean garabatos- eran un viaje único y mágico que transitábamos con sonrisas y orgullo por lo propio y por lo ajeno. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con esfuerzo pudimos mezclar en proporciones justas actividades como jugar, cantar, bailar con otras como trabajar en proyectos de aprendizaje formal. Y supimos valorar, también, la importancia del descanso, usualmente en forma de siesta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprendimos que todo tiene un ciclo, y no solo el día termina, también nuestras mascotas se van. Los hámsters, las tortugas, los perros y gatos nos advertían, al morir, que necesitábamos aceptación y a saber que la vida continuaba a pesar de todo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Valoramos mucho la presencia de nuestros seres queridos hacia quienes corríamos desesperados cuando nos venían a buscar. Y aprendimos a observar el tránsito con cuidado y respeto antes de abandonar la vereda y poner un pie en la calle. Finalmente nos acostumbramos, con humildad, a aprender de quienes más sabían en ese momento, nuestros mayores, y a incorporar los conocimientos experimentando con nuestros pares, quienes estaban en el mismo proceso. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En definitiva, hemos construido nuestras raíces con respeto al prójimo, responsabilidad, diversión y descanso, aceptación y amor. Creo que es nuestro deber hacer lo necesario para que esa savia viaje desde las profundidades hasta las ramas y nuestros brazos nuevamente, y que contagien cada acción cotidiana, en tiempos actuales. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésto es lo que propuso Robert Fulghum en su libro "Todo lo que hay que saber lo aprendí en el jardín de infantes". ¿Y cómo podemos traer esos aprendizajes a la actualidad? A veces la retrospección puede ayudar, con frecuencia el paso de nuestros hijos por el jardín nos brinda la oportunidad, y sino, ¿qué tal si volvemos al jardín por segunda vez? No hay mucho por aprender, hay mucho por recordar y, fundamentalmente, poner en práctica, una y otra vez, hasta obtener raíces fuertes y resistentes. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los árboles por cuyo interior no corre la savia están muertos, aunque se mantengan en pie. Busquemos la savia en los primeros años de nuestra vida, en aquello que aprendimos en el jardín de infantes, y hagámosla correr por toda nuestra sangre. Algo bueno pasará con nosotros y nuestros pares. Y así, árbol por árbol, el bosque volverá a ser verde, joven y añejo al mismo tiempo: un reflejo del jardín que supo ser tiempo atrás.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: Arial;"&gt;&lt;span style="font-size: small;"&gt;_ &lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7923007353218671406?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7923007353218671406/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7923007353218671406' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7923007353218671406'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7923007353218671406'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/12/para-saber-como-vivir-en-el-bosque-hay.html' title='Para saber cómo vivir en el bosque hay que volver al jardín'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6947344286986083144</id><published>2009-12-11T10:51:00.000-02:00</published><updated>2009-12-11T10:57:17.694-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Perro que ladra</title><content type='html'>Cuando volvía a mi casa siempre caminaba por el medio de la calle. Eran veinte cuadras aburridas y monótonas. Sólo se veían cercos o tejidos protegiendo el ingreso a las casas de fin de semana y, a lo lejos, cada construcción se emplazaba cubriendo apenas un punto en el horizonte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando uno de los campos incluyó un perro para cuidar el perímetro, realmente me asusté. El perro era grande, del tipo manto negro, con mucho pelaje. Siempre estaba solo aunque a veces venía un chico a alimentarlo. Tenía un olfato muy agudo: media cuadra antes de que yo llegara a la esquina ya estaba esperándome, saltando de un costado a otro, como juntando fuerzas para desplegar todos sus ladridos al tenerme cerca. ¡Y cómo ladraba! No hacía pausa y me intimidaba. Encima, iba siguiéndome durante los doscientos metros del campo. Su presión lograba que yo caminara, sin darme cuenta, del otro lado de la calle, empujado por el agudo sonido sus fauces. Desde la vereda de enfrente veía su baba cayéndole del hocico, como parte de su interminable ofensiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero día a día fui perdiendo miedo. Incorporaba los ladridos al paisaje, como los truenos de una tormenta o el ruido de las máquinas en la fábrica. Y luego, desafiando mi temor, comencé a caminar por su vereda, ignorando sus quejidos, sus saltos y los golpes de su cabeza contra el alambre intentando alcanzarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una de las oportunidades noté que, al mirarlo, el perro se enfadaba más. Jugué con mi mirada y su enojo. Fue la primera vez que disfruté de esas cuadras, de esos ladridos, a los que acompañó mi sonrisa. Fui por más. Comencé a saltar provocando su ira, o a correr rápido y luego regresar haciendo que me siguiera como una sombra; le hacía gestos, me agachaba, me burlaba... y su impulso de locura golpeaba sobre el tejido. También le lanzaba, por los huecos del alambre entramado, pequeñas ramas que mordía en el aire, descartaba al instante y luego seguía ladrando. ¡Qué divertido había resultado el guardián!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día había sido fatal en el trabajo. Mi única ilusión era divertirme con el perro. En las cuadras anteriores junté un arsenal de ramitas, piedras y algunas hojas de papel, que también lo ponían nervioso. Fui intercambiando uno a uno mis elementos por sus ladridos absurdos y por sus inútiles arranques de violencia. Hasta logré cruzar unos dedos por el tejido tentándolo a saltos y tarascones fallidos. Y yo caminaba alegre, con la mandíbula dolorida de tanto sonreír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intuí que se cansaría antes que yo y me eché a correr. Me siguió, marcándome el ritmo con ladridos, hasta que me detuve alarmado al ver una irregularidad en el paisaje. Él perro aún estaba varios metros detrás de mí, y yo, por la brusca frenada, caí al piso. Desde allí vi nuevamente el hueco en el tejido. Era un semicírculo de apenas medio metro de altura donde faltaba el alambre, y se notaba que había sido cortado con alguna herramienta. Cuando quise levantarme la oscuridad de su pelaje me nubló la vista, sentí sus patas inmovilizándome y en lugar de ladridos hubo gritos. Acurrucado, el calor y la humedad brotaba de mi cuerpo en líneas que causaban dolor y ardían al contacto con el aire. Un grito agudo y lejano hizo que todo terminara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando pude abrir los ojos, lo único que vi fue el atardecer cayendo en el campo; el sol se iba, dejando al horizonte teñido de rojo y morado. Y, a lo lejos, vi al perro corriendo y agitando la cola como un plumero; a su lado, un chico que saltaba y reía: eran figuras negras sobre el fondo púrpura del campo abierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="separator" style="clear: both; text-align: center;"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SyJAQfYEqnI/AAAAAAAAAU0/OVFv97NqcvM/s1600-h/1imagen1000palabras_9-4b.jpg" imageanchor="1" style="margin-left: 1em; margin-right: 1em;"&gt;&lt;img border="0" src="http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SyJAQfYEqnI/AAAAAAAAAU0/OVFv97NqcvM/s320/1imagen1000palabras_9-4b.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6947344286986083144?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6947344286986083144/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6947344286986083144' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6947344286986083144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6947344286986083144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/12/perro-que-ladra.html' title='Perro que ladra'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SyJAQfYEqnI/AAAAAAAAAU0/OVFv97NqcvM/s72-c/1imagen1000palabras_9-4b.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5306717370994912039</id><published>2009-12-11T10:44:00.002-02:00</published><updated>2009-12-11T10:57:27.742-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>Finalizando el viaje</title><content type='html'>Todos los viajes son en el tiempo, y los humanos son jinetes que intentan e intentan hasta que creen controlar el recorrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ulises sabía que necesitaba varias carreras, varias vidas, que una sola no era suficiente para aprender lo necesario. Esa verdad se le había revelado a su alma en el pequeño o enorme lapso entre muerte y resurrección de un par de sus vidas. Y de alguna manera, esa conciencia desarrollada se derramó como un vaso de vino, demostrando su monarquía sobre el cuerpo, embriagando su mente, alertándolo de su finitud, de su utilidad, de su condición de transporte desechable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, Ulises comenzó a pensar en contribuir a su alma, en ayudarla a alimentarse, pero no de la manera habitual, que sería viviendo intensamente, cometiendo errores y superándose, sino consiguiendo más tiempo de revelaciones, de salto entre un cuerpo y otro, de limbo, de alma vacía y receptiva a las verdades universales. El cuerpo ayudando al alma, así de accesible es la soberbia para los humanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la sangre azul, lenta y espesa, paseando holgazana en sus venas, inició el recorrido. Caminó por la salida de ese túnel oscuro que traía los desechos de la ciudad. Pisaría charcos y agua nauseabunda hasta morir en una alcantarilla para luego viajar como un barco de papel hacia el río.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando las únicas luces fueron los destellos en las ondulaciones que generaban sus piernas al empujar el agua y el único sonido fue una mezcla de lenta respiración y chirriante espuma, impetuosos torrenciales de tiempos pretéritos cayeron como una tormenta silenciosa, en forma de recuerdos, sobre su cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo, pesado de ropa húmeda, seguía empujando y se cansaba. Los recuerdos llenaban su cara de expresiones, la aspiración y la expiración se apuraban entre sí haciéndose cortas y rítmicas; el agua subía y los pasos se volvían lentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los huecos de la lluvia de imágenes del pasado, pensaba en ese tiempo mágico, entre la muerte y el nacimiento, donde fundiría su conocimiento con el de otros como él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su camino, que era igual a algún número par, dividía el agua en múltiples diagonales de un lado y del otro, primero con la cintura, después con el pecho y los brazos y luego con el cuello. Su cabeza y su respiración también se humedecieron. Algo en él se resistió pero finalmente logró su cometido: los años de existir se reflejaban como líneas difusas en el agua mansa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibió revelaciones, presenció la alquimia espiritual, fue consciente como nunca antes. Y lo supo, supo cuando mueren las almas. Entendió que debía guardar el secreto como un tesoro, y que cada alma sería eterna excepto que uno de sus cuerpos huéspedes se quitara la vida por decisión propia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5306717370994912039?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5306717370994912039/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5306717370994912039' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5306717370994912039'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5306717370994912039'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/12/finalizando-el-viaje.html' title='Finalizando el viaje'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-4851119582042278317</id><published>2009-11-18T11:40:00.002-02:00</published><updated>2009-11-18T11:40:47.941-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Rastros</title><content type='html'>El silencio fue la única respuesta al llamado insistente de mis dedos sobre el timbre. El temblor de mi mano reflejaba la preocupación que iba en aumento. Recordé la ventana que nunca cerrabas en el patio trasero, y entré furtivo a tu casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el piso negro, y como si fuera un lejano planeta rojo, la tapa del perfume que habitualmente derramabas en tu cuerpo, aún orbitaba. A su lado descansaba la copia de la llave alargada y pesada que usabas por dentro, la que tantas veces respondió a mi llamado abriendo la puerta de tu departamento y de tu ropa. Seguía unida al llavero de metal; recuerdo como tintineaban cuando te acercabas; cómo, junto a la sombra bajo la puerta, me anunciaban tu llegada. Más allá había una cinta negra, la que usabas para sostener tus medias en las piernas blancas. Era como un trofeo: habiendo conseguido ese pedazo de tela, no había otra prenda en tu cuerpo que se resistiera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levanté la mirada y vi que sobre la mesita de luz había un cassette de audio. Por supuesto que era tuyo, ¿quién más hubiera usado un estuche naranja para un cassette blanco, colores que combinaban justo con el equipo de audio? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras separaba la cinta del estuche supe que tus dedos también habían estado allí. Esperaba, impaciente, encontrar tu voz en la grabación; tal vez con un mensaje, una pista o una despedida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El equipo me devolvió música, no tu voz. Pero… ¡qué música! Era la que siempre reproducías cuando te visitaba. La que bailamos por primera vez. ¡Si me parece sentir tus manos en mi hombro y mi espalda! Y escuché la canción siguiente, la que usábamos para acercarnos. Después sonó el tema que nos acompañaba en los momentos de mayor pasión: el que evoca imágenes únicas y es capaz de empujar mis lágrimas perezosas. Las imágenes, en ese momento, me aflojaron las piernas y me arrojaron a la cama, dejándome sentado, con la mirada en mis pies y los brazos rodeándome el cuerpo: solo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Terminó la última canción. Me froté los ojos, junté valor y, con el sonido blanco de la cinta vacía como fondo, me levanté, alejándome despacio de ese colchón al que algunos llamaban avenida, pero que para mí era una desolada calle en la que solo vos y yo transitábamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba a punto de presionar Stop cuando escuché tu voz, del otro lado de la cinta. Primero quedé inmóvil, como un niño descubierto en una travesura. Luego comencé a caminar por la habitación, como si estuviera escuchándote al teléfono. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me decías que te ibas de viaje, que deseabas que te recordara y que volverías en unos días. Tu voz era igual en la cinta que en vivo; suave y melodiosa, dulce y efímera como un caramelo de azúcar. Te imaginé sentada en la cama donde yo recién había estado, pensando en mí y en mi reacción al oir esas palabras. Y, como si el ambiente y tu voz no fueran suficiente, me relataste nuestros mejores momentos, cambiando el tono, susurrando y hasta suspirando a veces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo seguía caminando y saboreando tus palabras cuando un destello de luz sobre la mesita me distrajo. El objeto metálico era un encendedor de bencina, apoyado desprolijo, olvidado por descuido o por apuro. No quise tomarlo, ya sabés cuánto detesto el olor a tabaco. Me quedé mirándolo. El extraño objeto absorbía la poca iluminación y energía del lugar mientras vos terminabas tu mensaje pidiendo que no te extrañe, que te espere. Y lo último que mencionaste, junto con un te quiero, fue el nombre, un nombre amargo, ajeno, seguramente el nombre de un maldito fumador empedernido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-4851119582042278317?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/4851119582042278317/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=4851119582042278317' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4851119582042278317'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4851119582042278317'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/11/rastros.html' title='Rastros'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6914401086493386315</id><published>2009-11-09T11:41:00.001-02:00</published><updated>2009-11-09T11:42:27.565-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Microcuento'/><title type='text'>Yo me llamo...</title><content type='html'>Se había dormido casi sin darse cuenta: el sueño fue ganándole la batalla como la noche empuja al atardecer. Luego, el teléfono comenzó a azotarla con un paño de seda primero, con un cinto después y con un latigazo en el último ring.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Molesta, descolgó el teléfono; oyó una respiración lejana y comprendió lo que debía hacer. Se abrigó y salió a la calle. Caminó esquivando estrellas y soledades y se detuvo en un teléfono público. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcó automáticamente. La llamada sonaba... sonaba... sonaba..., y nadie atendía. «Lógico —supuso—, porque estaba durmiendo». Hasta que alguien levantó el tubo, pero ella, sorprendida, agitada y nerviosa, no pudo decir nada. Sólo cerró los ojos pesados y se dejó empujar por la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6914401086493386315?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6914401086493386315/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6914401086493386315' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6914401086493386315'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6914401086493386315'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/11/yo-me-llamo.html' title='Yo me llamo...'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-2688072990586673234</id><published>2009-10-22T14:42:00.001-02:00</published><updated>2009-10-22T14:43:33.703-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Los otros yo</title><content type='html'>La casa era demasiado lujosa para un barrio tan marginal. Muchos deseaban entrar y adueñarse de algunos elementos creyendo que sus dueños los reemplazarían rápidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “Conejo” aprovechó la oportunidad. Fue fácil abrir la puerta. Se asustó cuando un perro corrió hacia él, pero luego lo vio moviendo la cola, señal de felicidad y bienvenida, y el temor desapareció. El zaguán era diminuto. Avanzó hacia la luz. La sala lo recibió con un destello que, como un relámpago enceguecedor, lo obligó a taparse los ojos con las manos. Luego, despacio, fue despejando su mirada. Encontró un loft con una particularidad, todo era espejado: las paredes, la cama, la mesa e incluso los techos y pisos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cientos de Conejos se movían en diferentes direcciones copiándole cada paso. Veía caras de asombro a su alrededor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Primero se sintió poderoso, con un ejército de soldados obedientes y sumisos a su disposición. Jugó, forzando a sus huestes a imitar extraños movimientos. Se sintió un director de orquesta y después un simple profesor de gimnasia. Pero... ¿qué pasaría cuando se viera como sus otros yo, los detestables? ¿Lo perseguirían sus fantasmas? Desesperado, quería salir de esa casa cerrando pasados turbulentos, escapando de él mismo, ¡urgente!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminaba rápido sobre el reflejo de sus pies y no advirtió el escalón. Se vio en el piso, cayendo de boca en su boca y arrastrando a los demás al encuentro del mismo cuerpo. Algunas gotas de sangre ensuciaron el suelo, las paredes y el techo. Intentó limpiar su sangre, pero igual quedaron los restos esparcidos por toda la casa, como múltiples manchas rojas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siguió buscando la salida. La puerta no era visible. No había picaportes. Revisó las paredes corriendo de un lado a otro. Sólo encontraba su desesperada mirada, que alimentaba el desconcierto. Exhausto de correr con miles de piernas, quedó en el centro de la sala y se desahogó. El grito rebotó y se reflejó en las paredes hasta atormentarlo. Cayó en cuclillas y lloró evitando emitir sonidos. Tenía la cabeza escondida en el regazo y los ojos cerrados. Pasó el tiempo hasta que el sueño ganó la batalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo despertó un hombre que no era su reflejo. Lo ayudó a pararse. Le recordó que había cometido un delito y que tenían la obligación de denunciarlo. Pero le ofreció firmar un papel para evitarlo. El Conejo accedió, solo quería irse de allí. El contrato hablaba de usar las imágenes grabadas y algo sobre los derechos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué bien la está haciendo el ruso! –comentó con envidia el encargado de vigilancia a su compañero—. Con tantas grabaciones, gana guita fácilmente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y si, ganar es tan fácil para él porque acá está lleno de ladrones principiantes. Supongo que éste, antes de entrar en una casa ajena, la siguiente vez pedirá permiso, ¿no? —y sonrieron juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Conejo, al irse, huyendo de los reflejos, oye miles de ladridos. Aturdido se detiene. Gira y ve, aliviado, que es un solo perro, quién entra y sale enérgicamente de la atractiva casa, despidiéndolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-2688072990586673234?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/2688072990586673234/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=2688072990586673234' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2688072990586673234'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2688072990586673234'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/10/los-otros-yo.html' title='Los otros yo'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-2120110085767004984</id><published>2009-10-18T22:54:00.003-02:00</published><updated>2009-10-22T14:44:55.343-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Oportunidades</title><content type='html'>Lo vi y empecé a correr. Mi cuerpo saltaba desprolijo sobre las baldosas y los pies me dolían a cada paso. Él no era más rápido que yo y por lo que podía ver no estaba acostumbrado a las corridas. Por seguirlo con la mirada cuando doblé la esquina casi choco a una mujer que llevaba una bolsa de supermercado. La esquivé y seguí al trote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún con mi respiración agitada y el cuerpo cansado y meneándose por la inercia, pude pensar. ¿O debería decir divagar? Me pregunté: ¿qué lleva a un hombre a tomar algo ajeno? ¿no es mejor el orgullo de conseguir las cosas con el propio esfuerzo? Bueno, pero robar también implica un esfuerzo, me contesté; ¡aunque esos riesgos son muy altos! Por ejemplo, la siguiente esquina, la avenida, es uno de esos puntos que nos obligan a los corredores a tomar decisiones rápidas. Son, en definitiva, oportunidades para que termine la persecución.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras corría, la luz del semáforo parecía saltar y moverse con ritmo alocado. Como una bandera a cuadros, el rojo y el tránsito intenso nos obligaron a reducir la velocidad y a esquivar obstáculos con movimientos poco precisos. No recuerdo quién empujó a quién, pero caímos al piso, enredados, entre brazos que aprisionaban y otros que intentaban zafarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hijo de puta! ¡Devolvéme el celular! ¿Dónde lo tenés?&lt;br /&gt;—Eh... eh... está en el bolsillo de la campera..., de adentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bandera a cuadros también marcó un ganador. Yo me quedé ahí y él se fue caminando rápido, como un chico con un juguete nuevo.&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-2120110085767004984?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/2120110085767004984/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=2120110085767004984' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2120110085767004984'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2120110085767004984'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/10/oportunidades.html' title='Oportunidades'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-715158912326755293</id><published>2009-10-15T10:28:00.000-02:00</published><updated>2009-10-15T12:34:24.080-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Prueba de fuego</title><content type='html'>Al terminar la jornada laboral, Fabio se puso el sobretodo y salió a la calle. El suyo parecía uno más entre los rostros que diariamente regresan a sus hogares cansados de la rutina; pero no: él era feliz tachando los días faltantes para su casamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadia, su futura mujer, le había pedido que pasara por la casa de Mary, la &lt;i&gt;wedding planner &lt;/i&gt;y ex compañera de facultad de ambos, para ultimar detalles de la boda que se celebraría en dos semanas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mary lo recibió maquillada y con un insinuante vestido negro, largo y escotado. Enseguida trajo una carpeta con fotos y presupuestos; repasaron las opciones; calcularon precios y definieron todo. Al terminar, Mary soltó su pelo, lo acomodó perdiendo su mano en la cabellera y, mirando los labios de Fabio, comentó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué bueno que ya llega la boda! ¿Estás preparado para el cambio? Porque tu vida va a cambiar..., va a mutar, que se parece tanto a matar etapas y sueños viejos..., ¡vas a ser un hombre casado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabio dibujó su conocida sonrisa de orgullo pre-marital, pero sus ojos esquivos y los labios vacilantes demostraban que la situación lo incomodaba. La morocha continuó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es importante que llegues a la boda sin cuentas pendientes... —lo miró fijamente casi exigiéndole una respuesta, y ante el silencio prefirió seguir—. Lo que nosotros tuvimos hace años fue algo, aunque ínfimo y fugaz, muy fuerte. No me gustaría que esa chispa se hiciera fuego cuando Nadia y vos ya estén casados. Pero ese momento aún no llegó...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabio no pronunciaba palabra; se acomodaba en la silla; tomaba y soltaba los papeles y se frotaba reiteradamente el pelo. Mary, con las piernas cruzadas e inclinada hacia él sobre la mesa y mientras guardaba el dedo índice entre sus labios, remató:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahora voy a mi cuarto a cambiarme. Me gustaría que me ayudes, como aquella vez... ¿te acordás? Hacé memoria, yo te espero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué debía hacer? Su mente se balanceaba entre dos alternativas. La belleza prohibida al alcance de la mano por un lado; por otro la ternura, el amor y los planes de vida. El rítmico péndulo temporal definía su vida mientras los segundos corrían apurados. ¿Se arrepentiría de la infidelidad como los peatones que putean la madrugada después de una noche de juerga o se lamentaría -en el amanecer y el atardecer de los días eternos- por haberse dormido en los laureles?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el cuerpo rígido, como dolorido, se levantó de la silla y dio cuatro pasos. Salió de la casa. Su transpiración al cruzar el parque se transformó en perfume, mientras sonreía. Justo cuando llegaba al auto vio, en la vereda de enfrente, a Nadia, llorando y corriendo hacia él. Lo abrazó con locura y entre sollozos no paraba de decirle que lo amaba y que estaba feliz de que haya superado esa pequeña prueba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fabio aflojó sus piernas, correspondió el abrazo, respiró hondo y se alegró por haber elegido la guantera del automóvil como lugar para guardar los preservativos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-715158912326755293?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/715158912326755293/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=715158912326755293' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/715158912326755293'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/715158912326755293'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/10/prueba-de-fuego.html' title='Prueba de fuego'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-2786914809143827672</id><published>2009-10-02T12:44:00.000-02:00</published><updated>2009-10-02T12:44:16.122-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>Las miradas</title><content type='html'>Hay una niña en Belliston que tiene un par de ojos enormes color violeta. Están tan lejos el uno del otro que la niña capta las cosas en sus dimensiones opuestas. Estaba mirando el sol en el amanecer y en el crepúsculo cuando escuchó los gritos. Oír gritos le molestaba mucho. Prefería mirar ya que sus ojos alejados le permiten ver el antes y el después de la escena, los diferentes cuadros de la historieta, y así comprendía todo. Pero los sonidos, sin embargo, traían consigo presente, solo el ruido cercano en espacio y en tiempo; y la obligaban a buscar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte le funcionaba esa percepción que nos lleva a mirar hacia el lugar desde donde proviene un sonido. Ella lo sintió claramente: venía desde el amanecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vio a sus vecinos de enfrente, en la puerta de la casa. Augusto estaba en el auto y Ana María, del lado de afuera, tenia los brazos apoyados en la ventanilla y, con una sonrisa pícara le recordaba lo especial del día y mencionó la palabra aniversario. Él asintió moviendo la cabeza como un caballo al galope y le aseguró que le encantaría el regalo que tenía preparado. El auto arrancó y ella gritó "Te amooooo..." y Augusto respondió obligado, con la voz escondiéndose tras el ruido del motor, "Yo tambien, a la tarde festejaaaa...".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña giró la cabeza hacia delante y escuchó otros gritos, del lado de la noche. Ana María tenía en sus manos una caja grande envuelta en papel de regalo. La dejó a un costado y siguió gritando al mismo tiempo que movía los brazos como dando vítores, avivando a las palabras a que viajaran más rápido, o más fuerte. Augusto se justificaba, le decía algo como que era necesario, que él sabía que a ella le gustaba, pero los gritos no cesaban. Como la situación era desagradable la niña viró la cabeza hacia el amanecer, girándola un poco más que antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya no había gritos, solo el sonido de la ducha en la casa vecina y Ana Maria en sus labores cotidianas, levantando el desayuno y preparando todo mientras Augusto se alistaba en el baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en el ocaso Ana María mantenía los ojos cerrados y la boca abierta en una sonrisa que había durado todo el día y que se fue apagando, como el sol, cuando al quitar el papel de regalo encontró la imagen de la multi-procesadora. El rostro perdió luz y en lugar de estrellas hubo tormenta: las cejas rectas y casi unidas empujadas por las sienes, los labios hinchados sobresaliendo del rostro, los ojos grandes y poco visibles, como lunas detrás de las nubes. Antes de escuchar los gritos, la pequeña giró rápidamente la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De nuevo en el nacimiento de la mañana, la niña vio salir desde el horizonte del rostro de Ana María una sonrisa espléndida. Se fue encendiendo poco a poco con sorpresa, entusiasmo y emoción. Esa luz iluminó unos ojos que dibujaban, apuntando hacia arriba, lo que deseaban para dentro de algunas horas. Luego, la mirada bajó para observar otra vez el objeto en su mano derecha, el que había encontrado al guardar la agenda de su marido entre sus pertenencias. Era una gargantilla muy brillante, dentro de un cofre transparente. Tenía una medalla con iniciales grabadas que no pudo leer porque Augusto la llamó y ella guardó todo nuevamente en el maletín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado de su cabeza, la niña pudo ver a Augusto llegando en el auto y hablando por teléfono al mismo tiempo. Sonreía y gesticulaba. Guardó el teléfono y salió del auto con la caja. Ana María estaba esperándolo con un vestido que dejaba su cuello al descubierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La niña decidió cerrar los ojos y presionar con las manos sus orejas. Pudo escuchar el mar, la marea estaba subiendo, como siempre al atardecer, y el océano no pudo esconder más su engaño detrás de olas espumosas en risueña y paulatina retirada. Supo que a la noche se ve, en blanco y negro, lo que el día disfraza con múltiples colores. No abrió los ojos hasta el amanecer del día siguiente, justo cuando la noche iluminó todo nuevamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-2786914809143827672?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/2786914809143827672/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=2786914809143827672' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2786914809143827672'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2786914809143827672'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/10/las-miradas.html' title='Las miradas'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-730340247446933590</id><published>2009-09-22T00:14:00.000-02:00</published><updated>2009-09-23T17:22:25.590-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Para verte mejor</title><content type='html'>Mientras mi amigo Carlitos, el actor, viajaba al exterior por trabajo, yo me hospedé en su casa, como me lo pidió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya que él no vivía lejos de la estación elegí caminar y conocer mi nuevo barrio. No hacía frío, pero igual me subí las solapas del abrigo y hundí las manos en el bolsillo en un intento de parecer peculiar, especial, como Carlitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El portero del edificio (me asombró que llevara todo el tiempo un intercomunicador y un celular, pero supuse que era por seguridad y eso me tranquilizó) antes de entregarme las llaves se despachó con un sermón interminable: sobre la convivencia, los horarios y la limpieza, en especial de la pared lateral que era de vidrio y debía lucir siempre impecable. Dejé de escucharlo enseguida mientras observaba a una mujer preciosa, rubia y de ojos celestes, pasar a mi lado camino al ascensor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—...y cualquier cosa me llama al teléfono que está en la llave, ¿entendido? —el tono de su voz indicaba que allí se terminaba la charla, afortunadamente para mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supuse que la pared de vidrio me permitiría ver hacia afuera, pero era un cristal oscuro y espejado al que, por la disposición de los muebles, veía todo el tiempo. "Este Carlos es un egocéntrico. Cosa de actores", pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo casi siempre estaba en la cocina, y en la mesa fue donde empecé a notar algo extraño. Se me cayó una tostada con la mermelada hacia abajo y me pareció oír una risa. Supuse que era la radio, pero con el correr de los días la situación comenzó a complicarse. Ante cada acción mía sentía una reacción en forma de risas, comentarios o ruidos sordos, como movimientos lejanos. Pero cuando descubrí que en el departamento contiguo vivía la mujer rubia, todo cambió. Supuse que ella me miraba y entonces posaba en mis costados más favorables y me vestía con la mejor ropa que tenía. Pero, aunque los ruidos continuaban, nunca volví a verla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, me cansé. Había pasado dos semanas sin salir del departamento actuando para nadie, esperando no sé qué reacción de ella. Caminaba de un lado a otro de la habitación juntando fuerzas, pero no me animaba a salir y tocar su puerta, ¿y si vivía con alguien? Decidí consultar con el portero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estaba en la recepción, pero encontré una puerta abierta. Hallé algo inesperado: una veintena de monitores de video formando una medialuna y el portero sentado en el medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya entiendo todo! —grité furioso—. ¡Usted mira todo lo que hacemos! ¡Es un perverso! ¡Lo voy a denunciar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él, que comprendió las palabras y se paró de un salto, me hizo una propuesta muy interesante. Luego fui a mi departamento a colocar cortinas tapando los vidrios mientras él se quedó viendo videos actuales y mirando, también, vaya uno a saber qué imágenes de otros tiempos. Después sí, comencé a disfrutar de una película en capítulos diarios y permanentes, con mi vecina como protagonista, buscando ser —yo también—, el actor principal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-730340247446933590?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/730340247446933590/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=730340247446933590' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/730340247446933590'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/730340247446933590'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/09/para-verte-mejor_22.html' title='Para verte mejor'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-4651438403911004049</id><published>2009-09-11T14:30:00.001-02:00</published><updated>2009-09-11T14:35:41.513-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>El final, del libro, del hombre, de negro</title><content type='html'>Cuando Evaristo sintió caer fragmentos diminutos blancos y grises desde el cielo cerró la contratapa del libro y dejó el ejemplar a su lado, en el banco de la plaza. Ó cuando cerró el libro sintió caer señales desde arriba. Luego, un hombre con sobretodo y sombrero oscuros corrió desesperado hacia él. La urgencia del desconocido acercándose le hizo tomar conciencia de lo que había hecho. Estaba condenado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su condena había comenzado meses atrás, cuando llegó a ese pueblo para cambiar de vida. Su salud empeoraba y le habían recomendado vivir cerca de las montañas donde pudiera respirar aire puro. Un día de la primera semana, cuando las cimas de las montañas comenzaban a oscurecerse, entró a una librería. Husmeó diferentes libros sin sentirse atraído por ninguno, dejándolos pasar como transeúntes en la calle principal. Hasta que tomó «ese» volumen en sus manos. Era de tapa dura y color bordó, con diminutas letras de oro. Ignoró las leyendas exteriores para hojear el libro. Lo atrapó inmediatamente. Lo que leía era una autobiografía y se identificó rápidamente con el personaje. Avanzó casi un capítulo sin parar, olvidando donde estaba y hasta quien era: sólo la realidad del libro lo circundaba. El primer capítulo terminaba comentando, advirtiendo o amenazando: «...cuando esta historia llegue a su fin, mi vida y la del lector terminarán juntas». Una brisa fría y seca recorrió su espalda y luego como un aplauso o como un portazo se oyó al libro cerrarse sobre sí. Evaristo lo dejó rápido y desprolijo en el estante y corrió hacia su casa dejando atrás más interrogantes que adoquines en las calles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó a su hogar agitado; el corazón parecía saltar en su pecho; la garganta dolía con cada respiración: el fantasma de los ataques de asma y los paros cardíacos había vuelto. Sin respuestas para las absurdas preguntas de por qué lo enamoró ese libro, de cómo él podría creer lo que el autor por capricho escribió y de si realmente el frío que sintió era la muerte que pasó a su lado, decidió no leer esa obra, no comprarla ni volver a hojearla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó varios días abandonado en el letargo de la enfermedad y la fatiga . Y no podía dejar de pensar en el libro, en la historia de vida de ese autor, que podría ser la suya. Sentía que sin conocer los siguientes capítulos estaba muerto. Y si leía el libro también estaría muerto, al final. «¡Si todos en algún momento moriremos!», decía para conformarse. Pero dada la fuerte identificación con el personaje que vivió y sabiendo que la vida de ambos terminaría al mismo tiempo, ¿encontraría en la lectura, además, datos sobre qué sucedería entre el momento actual y el de su muerte, el del final del libro?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la excusa de recorrer nuevas zonas del centro del pueblo salió nuevamente. Engañándose a sí mismo pasó por la librería. Desde la vidriera comprobó que a lo lejos, en el estante, el libro seguía disponible. Respiró hondo y siguió su camino. Resistió la tentación de comprarlo, pero íntimamente sabía que en algún momento iba a ceder a la curiosidad, al conocimiento, al ímpetu de vida, y de muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres vueltas a la manzana hicieron falta para que tome la decisión más importante de su vida. Entró al negocio y con la velocidad con que se compra cigarrillos salió con el libro entre manos. Caminó demasiado erguido, llevando el libro bajo el ala de un brazo y sosteniéndolo con la otra mano. No había veredas ni calles ni esquinas, sólo imaginaba diferentes posibilidades para el final del libro y de todo. Fantaseaba con ese momento como un hombre imagina su encuentro amoroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dejó el libro en la habitación y preparó su cena. Comió con inhabitual lentitud; lavó los platos y cubiertos; se duchó y secó hasta que finalmente se acostó en la cama, desnudo. Como todo abrigo y mortaja se envolvió en la sábana blanca. Antes de estirar la mano hacia la mesa de luz, rezó. Necesitaba una santificación, o una protección, o creer en algo. Comenzó con un Padre Nuestro deteniéndose, remarcando y hasta repitiendo algunas partes: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». Siguió con un Ave María, «...ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya relajado tomó el libro y leyó. Se sumergió en el sueño literario y comenzó a vivir la vida del autor o a darle sentido a su vida. Las páginas pasaban indefectibles como los minutos y la historia crecía y el sueño continuaba. Hasta que una punzada lo despertó de golpe y sintió el eco de lo leído retumbar en su mente: «el lector morirá conmigo». Saltó de la cama y enredado en las sábanas se quedó mirando el libro que sonreía sarcástico en sus hojas entreabiertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra vez las palpitaciones, otra vez el corazón martillando. La angustia lo empujó a terminar con todo. Decidido tomó el libro y con ambas manos lo llevó hasta el hogar a leña y lo quemó. El fuego devoró cada hoja y escupió cenizas al aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días se llenaron de incertidumbre. No sabía cuándo sería su muerte, pero tampoco sabía qué hacer con su vida. No salía de su casa y no hacía otra cosa que pensar. Se sentía dominado y quería cambiar la situación. Su única salida era ser más fuerte. Caminó ansioso hasta la librería con la esperanza de que hubiera otro ejemplar. Lo compró y relajado volvió pensando en que tendría el libro a su disposición y elegiría no leerlo: era su forma de demostrar poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Funcionó al principio pero la curiosidad lo sucumbía en la noche cuando se levantaba a tomar agua y en realidad quería otra cosa, o cuando elegía oír radio y divagaba en el libro oyendo el pronóstico del tiempo o el horóscopo. En la lucha de poder que estaba jugando decidió dar un paso más: leería diariamente un pequeño fragmento, uno o dos párrafos y alargaría así su vida y la llegada de la muerte. ¿Era una forma de engañar al autor? ¿Al libro? ¿A él mismo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La estrategia fue un éxito. Cada día leía tres párrafos y repetía la lectura. Al día siguiente volvía a leer el último párrafo del día anterior antes de los tres correspondientes. Su vida recobró sentido. Inició las caminatas diarias por el bosque que eran el objetivo de su estadía en el pueblo. Siempre finalizaba en la plaza donde repetía el ritual de lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron dos meses. Cambió el calendario y el clima, cambió el paisaje y la gente, pero algo permaneció inmutable, la rutina de Evaristo leyendo en la plaza sus tres párrafos al atardecer. Así fue que leyó «cuando desde el cielo caigan las cenizas del destino quemado sabré que la negra muerte vendrá a buscarme». La siguiente página estaba en blanco. La otra también. Alrededor de cincuenta páginas más —las últimas— estaban vacías. Con estupor y los ojos llenos de lágrimas contenidas desde hacía semanas cerró el libro y lo dejó a su lado. Fue entonces cuando comenzó a caer algo que parecía nieve y el hombre vestido de negro se acercó hacia él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-4651438403911004049?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/4651438403911004049/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=4651438403911004049' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4651438403911004049'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4651438403911004049'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/09/el-final-del-libro-del-hombre-de-negro.html' title='El final, del libro, del hombre, de negro'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5764074080679446396</id><published>2009-09-10T17:58:00.002-02:00</published><updated>2009-09-11T13:06:50.249-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Humor'/><title type='text'>Finos zapatos de verano</title><content type='html'>De repente siento algo que me empuja, me llena todo, me presiona, me ajusta un poco y luego me empieza a mover. La repetida historia comenzó de nuevo. Yo, Izquierdo, me encontraba tan tranquilo debajo de la cama, junto a Derecho, descansando... y ahora... Bueno al menos me queda la remota esperanza de que a mi ocupante se le ocurra ir a un lugar confortable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero parece que mis deseos no están en vías de hacerse realidad ya que mi piloto me hace bajar las escaleras a una velocidad que casi destruye mis sentidos. Llegó el día. Nos cansamos. Hoy mismo, de acuerdo con Derecho, nos vamos a interponer uno en el camino del otro, dejando como consecuencia nuestra inmediata paralización, con lo que lograríamos aplicar el principio de inercia que ambos aprendimos en la Shoe's School, donde nos sentábamos en el mismo piso, y así comenzar nuestra venganza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Ya estamos en acción. El principio anteriormente mencionado provoca que el cuerpo de nuestro pasajero se desplace inicialmente unos 90 grados con respecto a su situación anterior. Luego, su cuerpo queda acostado sobre la escalera y su rostro empieza a sentir el frío de la losa. Ahora la fuerza de gravedad comienza a actuar haciendo que su cara, sus brazos, sus piernas y el resto de su cuerpo recorran el contorno de todos y cada uno de los escalones, con leves desplazamientos y bruscas caídas (de no más de 15 cm.) que se van sucediendo indefinidamente hasta que la cabeza de nuestro piloto choca, después de pasar por el último escalón, con el tan deseado piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A esta altura llevará una velocidad lo suficientemente alta como para que por resultado del impacto, su cuello se una con su ombligo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que Derecho y yo no permanecemos pasivos en todo este proceso. Nosotros también nos vamos deslizando sobre la escalera y, cuando podemos, damos un pequeño empujón para que la velocidad aumente, pero sufrimos cada golpe de cada escalón, aunque aguantamos el dolor porque sabemos que luego vendrá lo que estamos buscando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con imperiosa velocidad llega una ambulancia al lugar de los hechos. Tratan, cuidan y llevan al lesionado con tanta bondad que no pareciera ser el culpable de lo sucedido. Si tuviera la delicadeza de bajar las escaleras a un ritmo razonable, quizás, no hubiera sucedido nada de esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ambulancia nos dejó junto al accidentado en un hospital, donde nuestro piloto deber permanecer internado. Una enfermera nos saco de los pies del herido y nos puso al lado de un armario, a metro y medio de la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un principio creí que nuestro ex-ocupante estaba enfadado con nosotros, ya que ni siquiera nos miraba. Luego me di cuenta de que tenia un raro aparato alrededor de su cuello, similar a una bufanda enrollada, pero de plástico, que lógicamente no le permitía mover la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando le sacaron esa cosa del cuello, notamos que nos miraba sin ningún tipo de rencores, por lo que Derecho aseguro que nuestro piloto nos habla perdonado, a lo que yo agregué que eso era imposible puesto que nosotros no habíamos hecho nada y él era el único responsable de todo lo ocurrido y que ahora lo que deberíamos hacer es descansar, ya que con ese fin hicimos lo que hicimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Che, Derecho, ¿sabés que estoy pensando que después de todo esto mucha gente, al de ponerse los zapatos a la mañana, va a pensar dos veces lo que hacer, no te parece?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si es cierto. Por otro lado, el olor a hospital es horrible.¿Por qué no vamos a otro lado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, dale, ¡pero con pasajero!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5764074080679446396?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5764074080679446396/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5764074080679446396' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5764074080679446396'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5764074080679446396'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/09/finos-zapatos-de-verano.html' title='Finos zapatos de verano'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-8359406381000728515</id><published>2009-07-08T15:41:00.000-02:00</published><updated>2009-07-08T15:42:49.910-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Quitar las espinas</title><content type='html'>Ese día dormí sobre la arena, escondido entre arbustos, hasta que el sol comenzó a alumbrar la calle costanera. Yo sabía que mis víctimas pasarían por allí. El trípode estaba correctamente ubicado, había visión directa al lugar de la acción. Dejé todo apuntando a la vereda. También la tanza estaba preparada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los vi doblar en la esquina, tomados de la mano, ocultos en la penumbra del amanecer. La mano que tantas veces tuve entre mis dedos, ese día llevaba un anillo color de luna, similar al que yo le había regalado años atrás, pero con otro nombre. Aquella vez, ella rechazó mi regalo, pero los lazos entre nosotros siguieron, lo sé: son invisibles pero puedo sentirlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre me atrajeron las flores bellas del jardín. Y también las flores que tienen espinas. Sólo me faltaba quitarle las espinas y recuperar para mí la belleza de su tallo y sus pétalos. Pero no era fácil llevar adelante ese plan. Apenas la veía me distraía recordando nuestros momentos felices...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella avanzaba filtrando todo lo bello a través de sus ojos; detrás suyo, solo quedaba vacío y desolación. Pero yo debía impedir su compromiso sí o sí, y debía hacerlo sin distracciones. “Es una cuestión de disciplina”, me repetía constantemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ubiqué detrás del trípode. Se encendió la luz roja. Ellos estaban llegando. Accioné la palanca justo cuando ambos levantaron el pie. La tanza se elevó a treinta centímetros. Los pies se engancharon; cayeron juntos y enredados sobre la vereda; la cámara de fotos tomó cientos de imágenes; quedaron desparramados en el piso. Con esa última foto sería fácil adivinar la ternura que ocultaban, ¡no habían soltado sus manos en la caída!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llamé a la ambulancia; llegó casi inmediatamente. Un tumulto de gente los rodeó. Muchos los conocían y no entendieron qué hacía ella, que iba a casarse el mes próximo, de la mano de su jefe, tan temprano en la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para aquellos que comprenden la vida como un juego tengo una advertencia: ¡cuidado con el próximo paso! Para la flor más bella tengo comprensión, tiempo y ganas de volver a empezar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-8359406381000728515?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/8359406381000728515/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=8359406381000728515' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8359406381000728515'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8359406381000728515'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/07/quitar-las-espinas.html' title='Quitar las espinas'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6117665752252017168</id><published>2009-06-16T16:04:00.001-02:00</published><updated>2009-06-22T16:54:57.677-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>Para niños de todas las edades</title><content type='html'>En aquel momento, casi todos habían encontrado la forma de vivir como si aún fuesen niños. Para algunos la vida era un juego que volvía a empezar día a día, donde no importaba tanto el resultado como permanecer entusiasmados en el entretenimiento. Otros tomaban de la niñez la búsqueda de protección y, los más descarados, usaban la picaresca infantil de culpar a los objetos y a los demás de sus propios errores e irresponsabilidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Complicada era la situación de quienes se transformaban en niños dependientes, ya que los pocos mayores que no se habían convertido en jóvenes, no estaban dispuestos a contener, guiar y criar a niños que en realidad ya habían dejado de serlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue así que surgió la figura de madre colectiva. Su función era la de contener, guiar e impartir justicia entre los niños hermanos de su barrio. En poco tiempo se sancionó la ley que reglamentó el nuevo método, incluyendo capacitación, seguimiento y directivas de todo tipo. Respaldados por un grupo de psicopedagogos, psicólogos y sociólogos aportados por el gobierno, el plan no tenía fisuras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La «Coordinadora de Madres Colectivas», que agrupaba a las madres de cada barrio del país, trabajaba a toda máquina. Producían nuevos cuentos aleccionadores que mantenían la paz y la tranquilidad entre los participantes y otorgaban premios a quienes cumplían su papel en la sociedad, tanto como adultos cuanto como niños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedaban fuera de estos planes las personas mayores, quienes ya no podían producir, y los adultos que decidieron hacerse cargo ellos mismos de su niño interior, dejándolo expresarse cada vez que quisiera, pero sin depender de otros en cada paso. Entonces, viejos e independientes se organizaron con el objetivo de mantener la tradición, la naturalidad en el paso del tiempo y rechazar los intentos de control del gobierno. Formaron el «Grupo por el Desarrollo Natural no Manipulado», o GENOMA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era muy difícil oponerse al movimiento de la niñez permanente. Es que después de décadas de logarítmico crecimiento demográfico sobrevino la ausencia de nacimientos más grande de la historia. Toda la industria de entretenimientos y de productos para chicos, se había quedado sin clientes. Y lo que comenzó como una campaña publicitaria de una empresa se transformó, una vez obtenido el apoyo del gobierno, en el eje del funcionamiento de la sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conforme pasaban los años, el GENOMA fue presentado sus denuncias. Se enumeraron las empresas de entretenimientos que de estar en la bancarrota comenzaron a crecer más y más, de cómo las jugueterías fueron quedando en manos del gobierno para garantizar la mejor distribución de juegos específicos para adultos-niños hasta llegar al monopolio, y señalaban que no era casual el paulatino reemplazo de la Coordinadora de Madres Colectivas sobre instituciones tradicionales como la iglesia, los clubes y los partidos políticos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el GENOMA tenía en sus principios e integrantes la semilla de su fracaso. Eran tan realistas en respetar el paso del tiempo que éste los fue devorando poco a poco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la plaza principal, después del horario laboral, se veía a las personas jugando. Se corrían entre ellos, se hamacaban, simulaban caballos, sonreían, se ensuciaban sin sentir culpa por ello y a veces se lastimaban sin querer. Había trajes, mamelucos, polleras y vaqueros llenos de arena. Y en el ya desusado banco de la plaza, un viejo observaba. No podía creer la manipulación a la que todos se prestaban voluntaria y alegremente. Tan fácil como quitarle un dulce a un niño, la fuerza de trabajo era cambiada solamente por alegrías infantiles. Para impedir esa situación, él se había embarcado en la creación del grupo, siendo uno de sus fundadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SjffDE9oZVI/AAAAAAAAAUU/fovFCzul3Fc/s1600-h/1imagen1000palabras_9-2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SjffDE9oZVI/AAAAAAAAAUU/fovFCzul3Fc/s320/1imagen1000palabras_9-2.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5347988326490596690" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El viejo, conciente de que dentro suyo vivían el maduro, el adulto, el adolescente y el niño, y con el fuerte temor de que uno de ellos quisiera traicionar su naturalidad entregándose de brazos abiertos a madres falsas que con zanahorias de burro buscaban los beneficios del gobierno actual, quiso correr: no soportaba ese triste espectáculo. Pero los años pesaban tanto que el angustiante esfuerzo no fue gratuito. Mientras todos jugaban en la plaza, sólo el alma del viejo corrió, dejando atrás a su cuerpo. Murió así, uno de los últimos integrantes del GENOMA, logrando, al menos él, cumplir su objetivo: morir siendo viejo, independiente y libre. Quedó pendiente entonces, esa tarea, para el resto de la sociedad de grandes chicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6117665752252017168?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6117665752252017168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6117665752252017168' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6117665752252017168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6117665752252017168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/06/para-ninos-de-todas-las-edades.html' title='Para niños de todas las edades'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SjffDE9oZVI/AAAAAAAAAUU/fovFCzul3Fc/s72-c/1imagen1000palabras_9-2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-8084936796786663231</id><published>2009-06-16T15:54:00.002-02:00</published><updated>2009-09-11T14:30:43.240-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>Cortocircuito</title><content type='html'>Ese martes, Marcela no entendía la actitud de su jefe. La saludó levantando la mano, apurado y desde lejos, cuando habitualmente, al llegar, la abrazaba y la halagaba expresando la atracción que sentía por ella. Marcela disfrutaba de esos mimos aunque no lo dejaba avanzar porque él estaba casado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desesperado, Abel se sentó detrás del escritorio y preguntó si hubo llamados. No despegaba la vista del teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo había comenzado el día anterior, cuando estaba hablando con un cliente y la comunicación se cortó. El teléfono volvió a sonar, y cuando Abel atendió, escuchó una voz dulce y juvenil que hablaba con entusiasmo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—...mañana tengo la entrevista, parece que es un buen trabajo, ¡ojalá tenga suerte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abel no quiso interrumpir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ma? ¿Me escuchás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No pudo esconderse más. Tragó saliva, impostó la voz y habló:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hola... yo soy Abel, parece que nuestra línea se ligó y quiero aprovechar para felicitarte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? ¿Estuvo escuchando todo? Disculpe, voy a cortar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No, no! Esperá...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tono acalló el fugaz encuentro. Abel colgó el auricular con exagerada lentitud. El aparato volvió a sonar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Má! No sabés lo que pasó, estaba hablando con vos y de repente se ligó; un señor con voz de locutor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias por el halago —Abel modulaba cada palabra—. Tu voz también es bonita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Otra vez? ¡Yo marqué el número de mi mamá! ¿Cómo es que atiende usted?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Quizá es un problema de la compañía de teléfonos. Podríamos reclamar juntos, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lugar de respuesta, volvió el tono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hooola! ¿Por qué siempre me cortás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese lunes estuvo pendiente del teléfono durante toda la tarde, pero los llamados fueron los habituales, clientes y proveedores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, temprano en la mañana del martes, Abel pidió a Marcela que no atendiera el teléfono, él se ocuparía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El objetivo era conseguir una cita con la mujer detrás de la voz. Ensayó varios argumentos y casi se le escapa uno al escuchar la voz femenina ¡de su mujer! Más tarde, el llamado esperado sucedió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hola mamá! ¡Conseguí el trabajo! No sabés qué bueno...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abel interrumpió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Te felicito! Seguramente te irá muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varios segundos separaron la respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno... gracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ataque, Abel continuó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo te llamás?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella respondió «Cecilia». Tenía veinticuatro años, era contadora y ese era su primer trabajo. Abel se mostró comprensivo e interesado, le ofreció ayuda y hasta trabajo. Había preparado el terreno para la propuesta concreta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué te parece si nos juntamos a almorzar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La respuesta fue el sonido del auricular ahogando la horquilla. Fue la primera vez que Marcela escuchó gritar a su jefe, aun con la puerta de su oficina cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lleno de bronca, se propuso encontrarla: consiguió un listado de las llamadas entrantes; identificó el teléfono de la dama; marcó el número y esperó impaciente oir su voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«El número solicitado no corresponde a un usuario en servicio».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Noooo! ¡No puede seeeeeeer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abel caminaba alrededor del escritorio intentando encontrar una respuesta coherente cuando lo sorprendió el teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hola... ¿es Abel?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él se apoyó sobre el escritorio y con emoción adolescente, dijo «Sí».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Fui irrespetuosa al colgarle, pero usted entenderá, no nos conocemos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por supuesto, Cecilia. Sólo me gustaría que hablemos mirándonos a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Podés elegir el lugar en el que te sientas más segura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ok, ¿que le parece el bar de la plaza San Martín, a las doce?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Por supuesto! Ahí estaré. Tengo un traje gris.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo voy con un solero floreado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Diez minutos antes de las doce, Abel estaba sentado, buscando un vestido floreado, o un solero, o cualquier cosa que indicara que Cecilia se acercaba. Sus ojos y su cabeza se movían en zigzag siguiendo a cada mujer que pasaba por la esquina. Ninguna era Cecilia.&lt;br /&gt;A la una de la tarde, muerto de frío, volvió a la oficina. Con los codos en el escritorio sostuvo su cabeza un largo rato mientras se lamentaba haber sido tan ingenuo. El teléfono sonando lo trajo de nuevo a la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Muy bonito! ¡Dejar plantada a una dama!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? ¡Pero si estuve esperándote más de una hora!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo estuve desde antes de las doce, usted no vino. Cuando comenzó a llover, me fui.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Lluvia? ¿A qué plaza fuiste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A la plaza San Martín, en el bar que está frente a la municipalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero ahi ya no funciona más la municipalidad, hace años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo que no? Yo hice trámites allí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, como sea, ¿vamos de nuevo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, pero más tarde porque ahora está lloviendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Acá no llueve! Pero bueno..., quedamos para las cinco entonces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco antes del horario acordado, Abel fue al bar y consultó al mozo: ninguna mujer sola estuvo al mediodía por allí. Esperó, esperó y esperó y cuando los faroles de la plaza se encendieron, totalmente frustrado, volvió a la oficina con la intención de tomar su abrigo, su portafolios y volver a su casa antes de que su mujer se preocupara por la demora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de apagar las luces y mientras cerraba la puerta con llave, escuchó el teléfono. Era ella nuevamente. Quería seguir jugando con él. ¿Qué excusa pondría ahora? Esta vez sería él quien le cortaría, después de decirle unas cuántas cosas. Entró urgente y estiró el cuerpo para atender a tiempo. Comenzó a los gritos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y ahora qué pasó?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Abel? ¿Estás bien? Estaba preocupada porque no llegabas —su mujer, sorprendida, intentaba tranquilizarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ahhh... que bueno oírte, amor. Tuve un día terrible, ya voy para casa...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en su hogar, Abel, abatido y silencioso, cenaba con la mirada perdida en algún lugar del tiempo, de las comunicaciones, de la confianza, del engaño. Su mujer le habló:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Sabés? Hoy vi algo raro al mediodía, cuando iba al banco y crucé plaza San Martín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abel levantó la mirada y le consultó, mientras sus manos comenzaban a transpirar, qué había visto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te acordás el edificio donde antes estaba la municipalidad? Bueno, lo abrieron nuevamente, ahí se realizan los trámites ahora. Y como nosotros necesitamos tramitar el...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abel dejó de escuchar. Por un momento dudó sobre si estaba con su mujer o con Cecilia, si estaba hablando con Marcela o si su vida era solo una confusión de los cables del destino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-8084936796786663231?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/8084936796786663231/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=8084936796786663231' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8084936796786663231'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8084936796786663231'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/06/cortocircuito.html' title='Cortocircuito'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-4247828200090572457</id><published>2009-06-16T15:48:00.001-02:00</published><updated>2009-06-22T16:55:24.998-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Levantar vuelo</title><content type='html'>En el bar, los dos compinches bebían cerveza, como siempre, desde que se conocieron en la sala de espera del bulo. Roberto, mientras llenaba los vasos y sonreía pícaro, comentaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué noche la de anoche!, ¿eh?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí... ¡la pasé de diez! —dijo Luciano, secándose la boca con la manga y desviando la mirada, recordando el rostro de la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Qué bueno! ¡Y eso que siempre comés la misma carne!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luciano no respondió. Bebió un sorbo más y el sonido del chopp en la mesa remarcó el silencio incómodo. Roberto continuó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tengo un regalo para vos —y le estiró la mano con un pasaje de ida a Misiones, que Luciano leyó pero no agarró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? Pero... no quiero viajar —se atajó. Cruzó los brazos y se apoyó en la silla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pero... ¿qué te ata a este lugar? ¿No será por esa «trolita»? —se acercó y bajando la voz escupió palabras con olor a alcohol—. Mirá, yo te advertí que cambiaras de mina, ¿te acordás? En el bulo se dieron cuenta. Además de las chicas que laburan también hay tipos que no duermen por la noche, observando todo. ¡Ellos cuidan su negocio y harían cualquier cosa!... ¡Ja, ja, ja! Viste que «el ojo del amo...»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te rías que tu gracia mete miedo. Esa gente es jodida. Menos mal que sólo a vos te confié la dirección de mi casa. Igual, ¿yo qué tengo que ver en esto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luciano movía las manos sin parar y había comenzado a golpetear el piso con sus zapatos. Sentía calor y bebía más rápido aún.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y..., yo te avisé Luciano. Te dije que esas hembras no son dulces. Que atraigan boludos como moscas no las hace dulces. ¿Cómo te vas a enganchar? Encima, justo con la Jaqui. Es fácil la ecuación: cada una de estas minas sueña con algún  pajarraco que con sus garras la levante y la lleve volando desde el quilombo hacia una nueva vida. Y la Jaqui miraba el cielo justo a tiempo, esperando que cayera algún gil, y en ese momento llegaste vos, repartiendo plumas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me parece que estás inventando. Las minas no serán dulces pero tampoco son así de calculadoras e interesadas. Siempre andan borrachas como cubas sin manija, sosteniéndose de los brazos de los clientes. Acá hay algo más...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Roberto lo miró fijo. Masticaba más palabras de las que pronunciaría. Luego, apoyó con fuerza los puños cerrados en la mesa y con voz firme y desafiante redondeó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Creéme que conozco muy bien el ambiente. Es más —aflojó el cuerpo y la voz—, de hecho la Jaqui es mi hermana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ah, bueno! ¡Ahora sí se caen los disfraces, desnudándote de cuerpo y alma! ¿Qué más me vas a decir? ¿Y qué pasa? ¿Estás celoso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No entendés nada, ella trabaja para mí. Solo te digo esto: estamos en el atardecer; el aire huele a tormenta; los relámpagos caerán esta noche en tu casa. En la mesa queda el pasaje, tu único paraguas. Yo me voy..., vos pensálo y ¡hacé lo que quieras!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-4247828200090572457?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/4247828200090572457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=4247828200090572457' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4247828200090572457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4247828200090572457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/06/levantar-vuelo.html' title='Levantar vuelo'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6530217436228386251</id><published>2009-05-22T16:51:00.000-02:00</published><updated>2009-06-22T16:55:36.085-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Terror'/><title type='text'>La fuerza de la hamaca</title><content type='html'>Cada vez que la noche obligaba a las madres a llevarse a sus hijos a casa yo llegaba a la plaza escurriéndome entre las sombras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi único divertimento es hamacarme. Sí, sé que ya soy grande para eso, pero apenas me siento y tomo las cadenas con las manos, vuelvo a ser niño: balanceo mi cuerpo y viajo hacia delante y atrás, hacia arriba y abajo, recorriendo años y kilómetros, en ese espacio tan vasto como claustrofóbico que es el semicírculo que dibuja la hamaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habitualmente cerraba los ojos y mi cuerpo navegaba como una nube o como un péndulo imitando el ritmo de la respiración. Hasta que la curiosidad me llevó a abrir los ojos y mirar el mundo que pasaba bajo mis pies. Veía, de forma cíclica, arena, tronco, copa del árbol, edificio, ventana y cielo. Así comenzó todo porque desde que vi la cara en la ventana no pude quitarla de mi cabeza. Veía el rostro en la arena, en las hojas del árbol, en el cielo y, aunque cerrara los ojos al pasar por allí, también lo veía en la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde entonces el rostro vive detrás de mis ojos. Es la cara de un niño de mirada curiosa, con expresión de deseo. Nos mirábamos mutuamente: yo necesitaba su demandante e inquietante presión para balancearme, y él, según mostraban sus facciones, parecía disfrutar del espectáculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero desde que aquel intruso se cruzó en el camino de nuestras miradas, todo cambió. El tipo, con una libreta en la mano, se alejó silbando por lo bajo, quizá sintiéndose culpable de haber roto la magia de la plaza, del juego de hamacas y miradas cómplices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El rostro del niño dejó de sonreír y luego no lo vi más. Sentí que se había enojado conmigo, ¡un extraño parecer siendo que ya no lo veía!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí hamacándome noche tras noche sólo invocando el recuerdo de la cara. Repasando los hechos, finalmente, entendí: ese hombre que interrumpió el sueño era de aquellos que llenan las páginas de diarios sensacionalistas con relatos fantásticos e increíbles. Su última aventura fue difundir la historia de una hamaca que se movía sola, en una plaza ubicada frente a un edificio abandonado que décadas atrás había sido un orfanato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay dos cosas de las que no puedo desconfiar: mis ojos y el tiempo. Mis ojos vieron el rostro. El rostro vio la hamaca. El niño aporta el deseo y el sueño, el adulto la acción y la profesión. El tiempo como un pegamento une el pasado con el futuro llevándome por un presente que se mueve hacia delante y atrás, entre años y kilómetros. Y en cada punto del recorrido me dedico a publicar en el diario lo que veo y siento. A veces me veo como un niño curioso, a veces como un hombre esquivo, y entre esos dos extremos me balanceo cada noche en la plaza.&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6530217436228386251?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6530217436228386251/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6530217436228386251' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6530217436228386251'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6530217436228386251'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/05/la-fuerza-de-la-hamaca.html' title='La fuerza de la hamaca'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-9110204334137948717</id><published>2009-02-17T14:03:00.003-02:00</published><updated>2009-06-22T16:56:09.574-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Dos fotos, muchas vidas</title><content type='html'>De golpe me encontré con una multitud. Podía reconocer la presencia y la cercanía de cada persona, pero no lograba identificar a nadie. Pude oír, de quienes estaban hacía más tiempo, que sólo se recuerdan los últimos minutos de vida, y que algunos, con el tiempo, logran recuperar más vivencias, recuerdos o sensaciones, pero nunca sentimientos. Así, entre el tumulto de almas, solo veremos los rostros de quienes hayan estado cerca nuestro justo antes de que la muerte nos trajera aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muy cerca, dos chicos conversaban animados. Estaban sorprendidos por las coincidencias de sus últimos y escasos recuerdos. Lo primero que averiguaron fue su edad, y ambos respondieron «ocho años». Buscando las razones de la familiaridad de sus rostros, siguieron indagando. Ella recordó un viaje en ómnibus con su madre cuando la sorprendió el fuego. Él estaba en el patio de su casa, también con su madre, cuando lo invadió la nube de polvo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detrás de mí hablaban otras personas. De ellos aprendí como eran las cosas en este extraño lugar. Ellos llamaron punto intermedio o etapa de transición a este momento o lugar de confusión y búsqueda. Sólo quienes tomaran conciencia de la razón de su muerte, y de cuanto influyó su vida en la suerte de otros, podrían abandonar ese encierro al aire libre para seguir su destino final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del otro lado, la niña miraba a su compañero y parecía volar. Era como si el rostro del chico la transportara en el tiempo. Unos segundos después, sin más expresión que la vista dirigida hacia abajo, como hojeando recuerdos, le contó sus últimos momentos. Dijo que un hombre con una gran mochila subió al ómnibus y gritó muchas cosas en un lenguaje que no ella no entendió. Antes de estallar sostuvo entre su mano y su pecho una foto de una mujer y un niño. Contó que esa foto fue lo último que había visto antes de que el fuego lo invadiera todo. Y le dijo que él se parecía mucho al de la foto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«¡Cuántas coincidencias!» respondió el muchacho y apurado contó sus únicos recuerdos. Dijo que aquel día, al tiempo que su madre le recordaba el heroísmo de su padre, él miraba al cielo, buscando entre las nubes la figura de su guía. Y encontró, después del ruido de un avión, el rostro sonriente de una niña, cayendo encerrado en un huevo metálico que, después de golpear el techo de la casa, tiñó de noche la tarde. Agregó que vio en el huevo unas palabras escritas en un idioma que no supo reconocer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Supongo que sabes lo que decía el misil, ¿no? —el chico preguntó con auténtica curiosidad, como intentando adivinar el final de un cuento o una adivinanza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé, pero seguramente escribí "que mueran en paz", porque siempre lo escribía, en todos lados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Es posible eso? ¿Se puede morir en paz? —consultó el muchacho e inmediatamente la niña negó con la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron unos momentos antes de que desaparecieran. Creo que se abrazaron. No volví a verlos pero comprendí, en su ausencia, por qué pude ver sus rostros y escuchar sus voces: con el único objetivo de sensibilizar a los lectores del diario en el que trabajaba, y con un alto bagaje de prejuicios, uní dos fotos de chicos enfrentados por la guerra. Escribí sobre las miserias humanas como quien critica una obra de teatro. No recuerdo como me fui de la vida, pero sé que tenía la foto a la vista. ¿Se habrá publicado mi artículo? ¿Habrá afectado a alguien? Hasta que no encuentre las respuestas seguiré vagando sin rumbo, sin compañía, sin destino, por este interminable pasillo de nubes con almas oscuras, culpables, pero aún inconscientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SZrgCzzWurI/AAAAAAAAAT0/x7eVGVcHHbo/s1600-h/1foto1000palabras_09_01b.png"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 172px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SZrgCzzWurI/AAAAAAAAAT0/x7eVGVcHHbo/s320/1foto1000palabras_09_01b.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5303797850052147890" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Como múltiples bocanadas de humo de cigarrillo víctimas de una fuerte ráfaga de viento, veo escaparse innumerable cantidad de almas. ¿Cuánto tiempo más deberé permanecer yo aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-9110204334137948717?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/9110204334137948717/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=9110204334137948717' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/9110204334137948717'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/9110204334137948717'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/02/dos-fotos-muchas-vidas.html' title='Dos fotos, muchas vidas'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SZrgCzzWurI/AAAAAAAAAT0/x7eVGVcHHbo/s72-c/1foto1000palabras_09_01b.png' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-3612784390623090433</id><published>2009-02-17T13:58:00.000-02:00</published><updated>2009-02-17T14:01:21.551-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Los escapes</title><content type='html'>Rublo estaba en la cama del hospital del penal. Sabía cuál era la manera más fácil de escapar. Su cuerpo largo y dolorido yacía inmóvil; su mente iba hacia delante y atrás. Corría en un bosque sin lobos, sin perseguidores, sin trampas. Vestía el ambo celeste de los enfermos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rublo había llegado al hospital vendiendo ilusiones a quienes sólo estaban interesados en ganar dinero; ambiciosos siempre abundaron y eran los más fáciles de convencer. Canjeó favores por promesas que pagaría luego ya que había aceptado una oferta fabulosa, algo grande, algo real: un trabajo afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rublo corría. Pisaba ramas, insectos y el rocío de la madrugada. Sus cómplices habían comprado varias voluntades que lo ayudarían a escapar. La enfermera cambiaba el suero cuando mencionó que ese pestañeo somnoliento sólo podía ser causado por exceso de medicación o de golpes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rublo, agitado, esquivando árboles, recordaba las palabras: «...vas a distinguirlo rápidamente: es un gordo pelado de ojos celestes». Claro, siendo que todos los habitantes de estas islas negras eran morochos y fornidos como esclavos africanos, sería fácil reconocer al contacto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rublo veía oscuridad verde y marrón y sentía un bullicio lejano, como grillos en el camino. Llegó a la costa. Los pescadores se confundían con la noche y el mar excepto uno de espaldas amplias que se dio vuelta apenas Rublo pisó la arena. El pelado lo miró fijo y se inclinó hacia él; luego levantó un brazo y moviéndolo ordenó la avanzada. La palabra «traslado» sonó como un trueno mientras varias manos lo alcanzaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rublo se resistía. Golpeaba a quién podía y se escurría entre varios brazos. «Acariciar la libertad y no sostenerla es peor que seguir en la cárcel», pensó. Por eso, sin temor de los daños que sufriría, siguió dando pelea. Pero fue inútil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rublo, sedado, oía sin comprender. Eran voces cercanas y algunos quejidos lejanos. Sintió nuevas manos en su cuerpo y pinchazos tan molestos como la luz del día en los ojos de quien quiere seguir durmiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rublo, como pudo, con esfuerzo, volvió a mirar. Descubrió que el lugar no era el mismo. Había demasiada luz y una enorme espalda blanca que al girar se hizo pecho. Vio lapiceras en el delantal, unos papeles en su mano, ojos claros y nada de pelo en la cabeza. Le escuchó decir, mientras agitaba en alto los papeles, «el traslado está listo, ahora es nuestro paciente, ya saben qué hacer».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rublo estaba en la cama del hospital, dolorido, aturdido y confundido. Pero, por sobre todas las cosas, estaba esperanzado. Sabía que cuando pasara el efecto del sedante podría escapar y realizar el trabajo afuera, nuevamente, como tantas veces: sólo necesitaba algunos favores que pagaría luego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-3612784390623090433?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/3612784390623090433/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=3612784390623090433' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3612784390623090433'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3612784390623090433'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/02/los-escapes.html' title='Los escapes'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1821902161923203096</id><published>2009-02-05T13:50:00.000-02:00</published><updated>2009-02-17T14:01:08.246-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>Resonancias</title><content type='html'>Me guiaron unas manos generosas que con suavidad me recostaron. El frío desapareció de mis pies y del resto del cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo comenzó a moverse, no entendí si el techo o el piso. Como si fuera una frazada de plomo la sombra de una tormenta tapó mi cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis ojos veían la oscuridad apenas salpicada por estrellas incandescentes. Ráfagas de color aparecían en los costados durante cortos lapsos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya relajado empezaba a mirar con la mente, el ruido me interrumpió. Comenzó tímidamente con unos golpes metálicos, con la cadencia de los palillos del baterista anunciando el principio de una canción. Luego vino el estruendo. Fue como una explosión pero nunca se detuvo. Era como un taladro hiriendo la pared: golpes incesantes y de frecuencia creciente.&lt;br /&gt;Veía imágenes, formas y colores bien sincronizados con el tormentoso ruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que se detuvo y el silencio molesto inundó todo el espacio. Hubiera preferido un desvanecimiento paulatino. Pero mientras me lamentaba, golpes y una fuerte vibración martillaron sonidos nuevos en mi mente. Se sentía de fondo un motor aumentando y reduciendo la velocidad y el contacto de engranajes en desuso, como los de un ferrocarril que vuelve a funcionar después de décadas. Enseguida se sumó el traqueteo y volvió el estruendo. Era una sinfonía que recorría el cuerpo más rápido que la sangre, con más beats que el corazón, con más potencia que la creación y generando más molestia que la fiebre y su delirio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo giraba la cabeza intentando esconder mi mente de la exposición sonora y solo conseguía mezclar los colores en una paleta dinámica y perversa. Pero en la negrura del cuarto pude distinguir, en algunos momentos, una ventana. Sabía que del otro lado estaría mejor y busqué la forma de cruzarla. Probé pisando las manchas rojas pero se desvanecían a medida que las contactaba, hasta que desaparecieron todas. Caí entre estrellas hasta que me sostuve de un círculo, también rojo. Mis manos fueron perdiendo el sostén y fui a parar sobre un par de rieles verdes en los cuales me deslicé a toda velocidad. El movimiento generaba vértigo, el recorrido era sinuoso, pero la ventana siempre estaba a la misma lejana distancia. Quise alcanzar una escalera, que era  del mismo color de las manchas y el círculo, pero resbalé y caí en picada. Como un silbido fui perdiéndome en el agujero negro del mundo, apagando mi presencia y sintiendo cada vez más cercano el fondo de todo, donde haría contacto, donde chocaría. En la estrepitosa caída, las estrellas eran líneas, los colores flashes y el cuerpo liviano. Cuando el grito estaba por llenar mi garganta... sucedió. El ruido se detuvo. Como un globo desinflándose. Quedó en mis oídos la sensación de ausencia, la inercia. El contraste entre movimiento interno y cuerpo estático creó una maraca de plomo, la cola de un cascabel inmóvil. Luego vino la luz, que encegueció la oscuridad pintando todo de blanco, de beige y de azul. Solo quedaron las estrellas que seguía viendo esporádicamente, como si hubiera traído parte de la noche a esa mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me entregaron un papel con una fecha y, mientras aún escuchaba el quejido de la puerta cerrándose, me ayudaron a recorrer la escalera. Me aferré a la baranda roja con fuerza desesperante. Tenía miedo de caer y que la ventana ubicada en el descanso, la de marco verde, me llevara a un lugar demasiado claro para mi gusto. El ruido del golpe de la puerta al cerrarse me obligó a girar la cabeza. Leí “magnéticas” y volví la mirada adelante guardando todos los colores que mis ojos encontraban en el recorrido mientras bajaba un nuevo escalón hacia la ventana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1821902161923203096?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1821902161923203096/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1821902161923203096' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1821902161923203096'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1821902161923203096'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/02/resonancias.html' title='Resonancias'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-482276856775865836</id><published>2009-01-07T11:04:00.005-02:00</published><updated>2009-01-09T20:01:28.192-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>La suerte no existe</title><content type='html'>Me llamó la atención que Mariela se fijara en él. Hizo como siempre: se encargó de llevarle la bebida que le gustaba y se quedó a su lado alentándolo, diciéndole que la suerte llegaría si ella era su amuleto. El tipo era cordial, más aún, cuando el pronóstico se hizo realidad y ganó una pequeña suma de dinero. Mariela recibió de regalo unas monedas y Ramón —así se llamaba—, se fue apenas obtuvo el cheque. ¡Cuánta frialdad! La mayoría de los jugadores no se retira justo después de ganar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando vino por primera vez todos lo miraban de reojo y dejaban caer alguna risita burlona. Vestía un sobretodo gastado —siempre, aunque hiciera calor— y un llamativo sombrero tapando su larga melena. Luego de una semana ya era un cliente habitual del bingo.&lt;br /&gt;&lt;span style="text-decoration: underline;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SWSrZ3VOfII/AAAAAAAAATs/e6WuLATQsvQ/s1600-h/1imagen1000palabras5.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 277px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SWSrZ3VOfII/AAAAAAAAATs/e6WuLATQsvQ/s320/1imagen1000palabras5.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5288540323277864066" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El monótono ritual se repetía a diario: Ramón llegaba; iba siempre a la misma máquina; ella lo acompañaba y luego mantenía su garganta húmeda (algunos decían que cuando festejaban también humedecía sus labios); él ganaba el premio mayor; le regalaba monedas; cambiaba el resto por un cheque y se iba. ¡Ganaba todos los días!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Ramón se alejaba la gente se agolpaba desesperada en la máquina de la suerte diaria buscando migajas de la fortuna del “ranchero”. Pero sólo él ganaba en esa máquina. Y yo barría los restos de sándwiches, me llevaba los vasos, mantenía la higiene del lugar y con suerte encontraba, entre los cables, alguna moneda extraviada en la euforia de algún premio importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mariela, que habitualmente compartía conmigo el turno completo —ella en su tarea de brindar suerte a los jugadores—, empezó a venir sólo para acompañar a Ramón. Era lógico, con él tenía asegurado un ingreso diario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero había algo más. Ni lento ni perezoso, averigüé:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué elegiste al ranchero?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hay que ser observador. ¿No viste la calidad de sus zapatos? ¿Las manos cuidadas? ¿El rolex que porta? Lo que no sé es por qué se viste con ropa vieja. Es raro el tipo. Además, aunque le veas mechas largas, el Ramón es pelado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi relación con Mariela era especial: ella podía coquetear con los jugadores en busca de sus dádivas generosas, ¡pero nada más! Pero sospechaba que mientras yo estaba limpiando el brillante piso del bingo, Mariela y Ramón festejaban, antes de venir, por las monedas que ganarían juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿A qué se dedica Ramón?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me dijo algo de importaciones y exportaciones, pero no tiene una empresa, y a veces habla por teléfono con gente del exterior —esa respuesta fue como una cachetada. Yo sabía que en el salón, por razones de seguridad, había un bloqueador de celulares, como en los bancos ¿dónde lo había escuchado hablar por teléfono?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por qué gana siempre? ¡No me vengas con que vos le traes suerte!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé, y la verdad no me importa, mientras siga colaborando y creyendo que es por mí…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía que comprobar ese rumor de que ella “humedecía sus labios”. Esa misma noche fui a la sala de control. Llevé una pizza para compartir. Tenían un semicírculo de veinte monitores para ellos dos solos y una computadora cada uno. Las imágenes eran aburridas, pero mi vista estaba clavada en una máquina, la de Ramón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pizza se estaba terminando. Yo hablaba de cualquier cosa, tratando de que no se dieran cuenta cuál monitor observaba atento. Cuando sonó el teléfono, al ver el interno, me hicieron gestos para que hiciera silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, entonces lo largamos ahora —dijo el más viejo e hizo una seña al que estaba en la computadora, quién en la pantalla eligió un identificador de máquina y luego presionó el botón “Asignar”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Uh! ¿Pero quién llamó, el presidente? —consulté, simulando inocente curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eh… no, tareas de rutina, de mantenimiento. Ché ¿así que estás por cambiar el auto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y entonces sucedió. Ramón ganó y Mariela, después de mirar hacia los costados, saltó dos veces, lo abrazó y lo besó en los labios, perdiéndose bajo el ala del sombrero. Después del beso se miraron y se dijeron algo. Luego el tumulto de gente los ocultó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomé la caja de pizza con los restos dentro y de un solo movimiento la estrujé y la arrojé al tacho de basura. Salí caminando apurado y mi cabeza trabajó arduamente. Las imágenes giraban veloces y cada tanto las detenía. “El ranchero”, “Mariela”, “cheque”, “importación / exportación”. Seguía pensando, detenía la lluvia de fotos con el botón en mi cabeza: “llamada telefónica”, “asignar”, “ganar a diario”. Continué hasta que apareció la secuencia de imágenes ganadora y comprendí todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Busqué a Mariela por todo el salón y finalmente la encontré cerca de la salida. Con urgencia y ansiedad y acelerando las palabras le vociferé las noticias:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya sé lo de Ramón! —dio un paso hacia atrás, me miró a los ojos y luego bajó la vista. Después de un par de segundos preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo lo supiste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Estuve en la sala de videos y lo vi todo. Ya entiendo la relación de Ramón con el bingo y con vos—tragó saliva—. Y en ese río revuelto, vos y yo podríamos ser los pescadores beneficiados, ¡y no con migajas como ahora!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cara dibujaba, de a momentos, una sonrisa nerviosa, pero no pronunciaba palabra. Continué con mi propuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Así que vos, que al ranchero lo conoces bien, digo, más que bien, me vas a ayudar. Buscaremos la manera de obtener una tajada importante de sus visitas camufladas al bingo —bajó la mirada, intentó abrazarme y, después de que la esquivé, cruzó los brazos—. Así de hábil como fuiste para llenar su estómago de bebida y sus labios de saliva, lo serás para llenar nuestros bolsillos de dinero. ¿Te creíste que eras su amuleto? La suerte no existe Mariela. Los secretos tampoco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-482276856775865836?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/482276856775865836/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=482276856775865836' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/482276856775865836'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/482276856775865836'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/01/la-suerte-no-existe.html' title='La suerte no existe'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SWSrZ3VOfII/AAAAAAAAATs/e6WuLATQsvQ/s72-c/1imagen1000palabras5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-4271098522640677272</id><published>2009-01-06T09:48:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T19:54:33.948-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ciencia ficción'/><title type='text'>Verdad, consecuencia ó sincera-miento</title><content type='html'>Después de siglos de mentiras, los ciudadanos optaron por un gobernante que basara su plataforma sólo en verdades. Enarbolando la honestidad y aborreciendo la mentira, el ocultamiento y el silencio, proponía construir un mundo mejor, con la ayuda y el sinceramiento de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevó sólo veinticuatro horas la votación, que algunos realizaron desde sus relojes, otros desde sus centros de comunicación (equipos que unían voz, video y texto), y los más anticuados desde una computadora en sus hogares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La asunción también fue rápida ya que no era necesario desplazarse para tomar decisiones. Las primeras medidas fueron inmediatas y sus resultados revolucionarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Para comenzar una sociedad basada en la honestidad y la verdad, debemos sincerarnos con todos nuestros pares. Hoy mismo comenzamos esa etapa, en la que instamos a todos los ciudadanos a que de manera espontánea quiten de su ser los secretos y mentiras que oscurecen su alma, creando así, los cimientos de una nueva sociedad, y plantando la semilla del entendimiento y el amor fraternal entre todos."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante dos meses hubo un enorme revuelo: se confesaron engaños amorosos, complots comerciales, pequeños robos en los lugares de trabajo y otras fechorías menores. Los resultados fueron dispares: algunas parejas —muy pocas— se fortalecieron, la mayoría se separó; algunas empresas se debilitaron y otras aprovecharon la situación; muchos empleados fueron echados y otros ascendidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como sucede con los grandes cambios, los perjudicados empezaron a quejarse. Reclamaban al gobierno soluciones, pues ellos habían sido sinceros, eran el modelo de la sociedad que buscaban, y estaban solos, sin trabajo y señalados por los demás como mentirosos. Finalmente, el reclamo se centró en algo que desde el principio algunos sospechaban: no todos los ciudadanos se sinceraron, y quienes evitaron contar sus trampas lo hicieron para sacar beneficio al conocer la verdad ajena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gobierno, que estaba dispuesto a llegar al fondo de la transformación, tomó una medida totalmente inesperada: creó el "Centro de Difusión de la Verdad". Inicialmente se dudó de su capacidad para resolver un problema global y particular a la vez, pero su accionar fue efectivo y causó estragos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El CeDVe, en sólo tres semanas, aún no se supo con qué tecnología, develó todos los secretos que alguna vez estuvieron en medios de comunicación públicos o privados. Las personas recibieron llamados telefónicos sólo para oír una conversación de sus parejas con su eventual amante. Los directivos de empresas recibieron e-mails desde el CeDVe con copias de acuerdos o sobornos llevados adelante por sus empleados. Otros veían videos de sus amigos o familiares burlándose o hablando mal a sus espaldas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue entonces cuando llegó el caos. Prácticamente todos los ciudadanos habían sido perjudicados en alguna forma por este masivo descubrimiento de mentiras ocultas. Y si bien al principio no fue fácil organizarse, puesto que ninguno confiaba en el otro por su fama de farsante, poco a poco la gente mostró su descontento. Había una total parálisis en la sociedad. Quedaba poca gente dispuesta a trabajar, o pocos empleadores dispuestos a contratar gente. Los hogares estaban desapareciendo. La gente no se comunicaba. El amor era más un riesgo que un disfrute. El sexo se hizo sucio y ni una simple conversación podía mantenerse por temor a incurrir en una falta que luego sería develada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De forma espontánea, en pequeños grupos que se comunicaban por señas, la gente salió a protestar a las calles. No había una sola plaza vacía; en todas, la multitud reclamaba soluciones reales y, los más radicales, pedían la eliminación del CeVDe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que el gobernante tuvo que dar una respuesta. Su holograma apareció a lo alto de cada concentración y, con gran soltura, desde su casa, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Siempre fuimos conscientes de que el proceso sería difícil. Sabemos bien que el cambio es duro; sabemos bien lo que están pasando; y estamos poniendo a punto las medidas que nos llevarán a construir nuevas relaciones entre todos, siempre con la verdad como premisa. El CeVDe es independiente del gobierno, funciona automáticamente y avisará a quien corresponda cuando alguien falte a la verdad. Seamos pacientes, lo mejor está por venir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente se retiró a sus hogares con amargura. Le pareció haber oído las palabras de un político de los viejos, los que gobernaban con mentiras disfrazadas de verdades benévolas. Pero, ¿de qué manera enojarse frente a ello si todos estaban quejándose por haber sido descubiertos como mentirosos? La contradicción logró amainar la rebeldía de la gente, aunque las mentes no cesaron de trabajar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como tampoco dejó de trabajar el CeVDe, cuyo sistema descentralizado de computadoras se cayó por sobrecarga, cuando el organismo tuvo que mostrar, a cada ciudadano que asistió a la plaza, un holograma con las verdaderas palabras detrás del discurso del gobernante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién en ese momento vino la revolución, ¡la verdadera! Porque no todas las mentiras son iguales. Con algunas, no se juega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-4271098522640677272?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/4271098522640677272/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=4271098522640677272' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4271098522640677272'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4271098522640677272'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/01/verdad-consecuencia-sincera-miento.html' title='Verdad, consecuencia ó sincera-miento'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-214903973267298299</id><published>2009-01-06T09:46:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T19:54:53.990-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ciencia ficción'/><title type='text'>Ahorrar tiempo cuesta dinero</title><content type='html'>A la distancia supe que el viento azotaba la casa cuando vi que la lámpara de su entrada se movía desparramando luz como una luciérnaga. Allí podrían ayudarme, supuse. El mal estado de la ruta, un atajo hacia la autopista que me ahorraría tiempo, hizo que mi auto se detuviera después de un fuerte ruido metálico. Tenía que revisarlo pero ¿cómo hacerlo de noche, sin iluminación y sin herramientas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron unos minutos desde que golpeé a la puerta hasta que abrieron. Me atendió un hombre joven, adolescente por su aspecto, pero con una mirada y actitud muy madura (no sé por qué, pero esperaba encontrar una persona mayor en una casa grande que, probablemente, requiriera de mucho trabajo y disciplina para mantenerla). Le expliqué lo que necesitaba; me invitó a pasar; y enseguida estábamos tomando café en una hermosa sala con muebles de estilo rústico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Adónde viajaba? —mientras me hablaba examinaba cada uno de mis movimientos, y cada vez que se acomodaba en el sillón miraba mi maletín.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hacia Bahía Azul, allí fui citado por trabajo, soy arquitecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mucha gente comete imprudencias manejando. Lo veo seguido. No hacen la revisión del auto antes de viajar; no llevan los elementos mínimos para superar un inconveniente. En algunos aspectos parecen niños aún. También en la curiosidad: usan atajos para ahorrar tiempo —su forma de hablar y los gestos con que acompañaba sus palabras me hacían sentir incómodo. Como cuando mi abuelo se dirigía a mí desde la altura que la experiencia de los años le daba. Respondí evadiendo la crítica e intentando averiguar, indirectamente, su edad:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, a veces confiamos demasiado en los autos, en las computadoras, en consejos sobre qué caminos elegir. ¿Usted hace mucho que vive aquí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo suficiente como para conocer bien la zona. Vivo muy tranquilo... No tengo sala de huéspedes, pero si le parece bien puede dormir aquí, en el sofá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acomodé en el sillón y, pensando en qué podría haberle pasado al auto, encontré el sueño. A la madrugada, como es mi costumbre, me desperté para ir al baño. Al regresar me llamó la atención un zumbido, que en el silencio nocturno se hizo claramente audible. Venía de una habitación contigua. Con cuidado pasé la puerta. Caminé por un pasillo oscuro mientras el sonido aumentaba. Encontré un sillón mullido, ubicado sobre un riel y con un casco como los usados en las peluquerías unido arriba del respaldo. Intrigado, tomé asiento, cubrí mi cabeza con el cono, y la oscuridad fue total. Cada apoya-brazo tenía un botón. Presioné el de la izquierda y la máquina empezó a moverse. No podía creer lo que estaba viviendo. Era como una película de mi vida pero marcha atrás. Empecé viendo lo más importante que me sucedió en el último año, y reviví lo que había sentido en cada oportunidad. Retrocedí aproximadamente quince años y las sensaciones de mi adolescencia no me resultaron gratificantes. Mantuve presionado el botón derecho y en sólo segundos estuve otra vez en el punto de partida. Salí del sillón y comencé a caminar. Sentía una fuerza y una jovialidad irreconocibles. Tanto que decidí regresar al sillón. Caminaba balanceando los brazos y mostrando entusiasmo en mi lenguaje corporal. Una vez ubicado presioné el botón derecho. Si el izquierdo me llevó al pasado probablemente con aquel podría ver el futuro. Lo que viví fue confuso y difícil de creer. Solo me conformó haber encontrado que llegaría a viejo luego de una vida muy rica en situaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Regresé. Salí del sillón con dificultad, caminé muy agotado por el pasillo, y me acosté lentamente en el sofá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente tuve que pedir ayuda a mi anfitrión para levantarme. Me sentía muy raro, y él asentía con la cabeza, como hacen los médicos cuando conocen la razón de los síntomas de un enfermo. Le demandé una respuesta con la mirada, y empezó a hablar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Se pregunta qué pasó? Pasó lo de siempre: los abogados se creen mecánicos; los arquitectos científicos. Todos se sienten con derecho a invadir la privacidad de las profesiones ajenas. Y usted, señor, por lo que veo, estuvo hurgando en mi experimento, ¡sin saber nada de ciencia! La máquina del tiempo lo transporta hacia el pasado o el futuro y lo trae. Y volver lleva el mismo tiempo que ir, como es lógico. Sin embargo, si uno vuelve rápido, no deshace los cambios físicos y se trae el aspecto del momento en el tiempo al que llegó...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras digería las extrañas noticias y recordaba mi paseo nocturno, con gran asombro vi mis manos llenas de arrugas, sentí mi espalda encorvada, y toqué piel al buscar mi cabello. "¡No puede ser!" creí gritar, pero apenas si emití una voz débil, entrecortada y rasposa, que contrastó con la del joven que, con su cínica sonrisa, continuó hablando con deleite:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es un proyecto interesante y da resultados. De hecho, le asombraría conocer mi edad real. Pero el mantenimiento del equipo es muy costoso y siempre estoy buscando gente que colabore con dinero y recursos, y creo que usted es un firme candidato. Claro, después de su aporte podemos arreglar un nuevo viaje en el tiempo para que usted vuelva como desee volver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desesperado, quise levantarme, y un tirón en la espalda me dejó inmóvil. Giré la cabeza alrededor y noté que mi maletín no estaba donde lo había dejado. Era evidente que debía colaborar con el proyecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-214903973267298299?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/214903973267298299/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=214903973267298299' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/214903973267298299'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/214903973267298299'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/01/ahorrar-tiempo-cuesta-dinero.html' title='Ahorrar tiempo cuesta dinero'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-9060207642069860466</id><published>2009-01-06T09:44:00.002-02:00</published><updated>2009-11-30T11:14:02.858-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>Despues del aura</title><content type='html'>El consultorio estaba en un jardín de invierno. Psicólogo y paciente parecían dibujados en lápiz negro sobre la luminosidad de los ventanales que traslucían el sol de la tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Dígame Carlos, ¿en qué puedo ayudarlo? —tras su escritorio de roble, mientras esperaba la respuesta, veía a su paciente haciendo sombras chinas con las manos y buscando con sus ojos, en el piso, las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No estoy bien. No sé adónde ir, como esconderme. Estoy perdiendo todo. ¡Tanto esfuerzo y para qué!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Carlos, ¿qué es lo que está perdiendo? —mantenía la calma y la paciencia de un pescador y tiraba la red con cada pregunta en busca de conflictos y sus razones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—La empresa. Tengo una empresa de recruiting y ya no tengo gente ni trabajos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces, aunque era una actitud criticable, el psicologo preguntaba sabiendo la respuesta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Usted estudió recursos humanos Carlos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, soy bachiller, pero me doy mucha maña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuénteme, ¿cómo llegó a tener su empresa? —lo notó más tranquilo en la respuesta anterior, y creyó que era el momento adecuado para que hablara libremente. Algo podría salir a la superficie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—En realidad, no me dedicaba a encontrar gente para un perfil laboral, sino a confirmar la calidad de la persona seleccionada. Tengo "ojo clínico" o un "quinto sentido" para eso. Trabajo con el departamento de recursos humanos de las empresas o con agencias de selección de personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cómo es eso del "ojo clínico"? ¿Tiene que ver con que usted use anteojos? —se mantuvo serio y lo miró todo el tiempo, no quería que sintiera que lo estaba cargando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, sí. Bueno..., yo puedo saber cuando una persona es buena o mala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ajá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es por llamarme Carlos González, sino no me hubiera pasado. Le explico: yo trabajaba de cadete y me compré una remera por internet. La retiré del correo y al abrirla en casa encontré unos anteojos, muy envueltos y protegidos. Aunque ya tenía mis propios lentes, de lejos y de cerca, me los quedé y no reclamé la remera. Los probé, no encontré aumento y no entendí para qué servían.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;»En la semana siguiente, un día me quedé dormido. Salí apurado y me llevé los lentes nuevos en lugar de los de lejos. Cuando me los puse, al principio no veía nada, y al fijar la vista varios segundos en una persona veía un color alrededor del cuerpo. Luego supe que eso era el aura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;»Y aprendí que si el color era claro la persona era buena, si era oscuro tenía un alma sucia. ¡Y era verdad eh! Tarde o temprano tuve problemas con los de aura negra. Así fue que decidí apartarme de todos los sucios. Tuve que inventar excusas y pelearme por pavadas porque no quería que nadie supiera de mis lentes mágicos. Y me quedé sólo con gente blanca alrededor. Bueno, me quedaban algunos negros y otros grises, entre jefes, vecinos y familiares. Pero la gente que yo elegía era toda buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;»Algunos me tildaban de prejuicioso cuando me alejaba de la gente, pero luego se daban cuenta de que yo tenía razón. Me hice fama en la oficina; me ofrecieron trabajar en recursos humanos; y entonces sólo entraba a trabajar gente sana. Así fue como se me ocurrió brindar el mismo servicio por mi cuenta. Y me fue muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Usted cree que su método no falla?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo he comprobado. No falló nunca. Es muy seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos se había relajado. Hablaba fluido y se oía muy sincero. Era el momento de ir directo al problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y qué pasó que ahora no tiene trabajos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y, que no los merezco —su rostro se tensionó, cruzó los brazos y echó el cuerpo hacia atrás en la silla—. Tampoco mis empleados me merecen como jefe, por eso los eché a todos. Me quedé sólo y ni siquiera atiendo el teléfono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y cuando comenzó con esa actitud?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde el lunes de la semana pasada. Me volví a quedar dormido. Me vestí rápido. Avisé que llegaría tarde. Noté que necesitaba afeitarme, me puse los lentes para ver mejor y no cortarme, y me embadurné la cara de crema. Antes de comenzar a rasurarme, me vi en el espejo y no lo pude creer: la espuma blanca y el resto de mi cuerpo estaban cubiertos por un halo oscuro, como un humo negro flotando. Sin querer me había puesto los lentes mágicos ¡y estaba viendo mi propio aura! Y ahora no puedo conmigo mismo. Ningún alma blanca merece estar con una persona sucia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Carlos, le voy a recomendar a un profesional muy bueno, una colega que tiene experiencia en este tipo de casos —dijo mientras confirmaba con el reloj que la sesión había terminado—. Es la doctora Laura Remeriti. Ella atendió, hace un tiempo, un paciente con un perfil similar con resultados excelentes —mientras escribía hacía memoria, ¿era una prenda de vestir el amuleto de ese paciente que creía tener poderes cuando la usaba? ¡ah, sí! una remera—. Tome, lleve esta recomendación —estiró la mano alcanzándole el papel y Carlos lo agarró desde lejos, con la punta de los dedos, mientras con la otra mano se calzaba los lentes y dejaba su vista fija en el psicólogo—, después de Laura andará muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Carlos siguió mirando al psicólogo y luego de unos segundos bajó sus cejas, negó balanceando la cabeza, guardó el papel sin leerlo, se quitó los lentes mágicos y salió del consultorio sin saludar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-9060207642069860466?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/9060207642069860466/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=9060207642069860466' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/9060207642069860466'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/9060207642069860466'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/01/despues-del-aura.html' title='Despues del aura'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-8195738170719890503</id><published>2009-01-06T09:42:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T19:55:43.892-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>Fuerte de alma</title><content type='html'>La mujer leía concentrada a pesar del ruido del tren en movimiento. Ni siquiera dejó de leer cuando giró las piernas para darle paso al viejo que se sentaría a su lado. Él caminó y la esquivó haciendo equilibrio con un libro bajo el brazo derecho y una caja entre las manos. Ya sentado, buscó dentro del bolsillo del saco una lapicera; abrió su libro; hizo algunas anotaciones; y miró de reojo la lectura de su compañera. Luego, sin disimulo, la observó detenidamente hasta que le habló:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Me lee? Yo soy viejo como un roble, tú eres joven como un lirio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo ignoró intencionalmente. La idea de un desconocido hablándole parecía molestarle, y ni esas palabras tan familiares lograron ablandarla. Pero el hombre insistió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Vienen nubes tenebrosas y montañas espantosas. Y tú, que eres vida de mi vida, no me tocas, no me hablas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella hizo un gesto negativo con la cabeza. Por primera vez lo miró y con lástima levantó sus cejas consultando, preguntando sin hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es que me aserraron el cráneo, me estrujaron los sesos, y el corazón frío lo arrancaron de mi pecho. Por eso te pido, dame un rayo de luz que reavive mi fe, que ya se apaga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces la mujer, conmovida, se inclinó hacia el pobre hombre y, haciendo memoria, le dijo o le recitó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No te des por vencido ni aún vencido. Sé como el clavo enmohecido que aún viejo y ruin vuelve a ser clavo, no como el cobarde pavo que esconde su plumaje al primer ruido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una sonrisa placentera se dibujó en el rostro que, bajo la tupida barba canosa, ocultaba enjambres de arrugas. Su boca, llena de años y saliva, pronunció un agradecimiento casi inaudible. En ese estado de felicidad, y después de guardar el libro en una simple caja de zapatos, se levantó, bajó del tren y se quedó sentado en el suelo del andén, en la vieja estación de San Justo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella se quedó mirándolo con asombro y extrañeza, y entonces quise saber qué había sentido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Disfrutaste la experiencia?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé... la forma en que me habló—sus ojos oscuros brillaban como repasando lo sucedido—, las palabras que usó, fue todo muy raro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Una vez hablé con él, pero no logre que sonriera porque yo no vuelo con la poesía: no me llega. Pero cuando te vio leyendo ese libro, se dio cuenta que tendría un poco más de vida con vos, y tus palabras se lo confirmaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer tomó el libro con ambas manos y leyó el título, “Siete sonetos medicinales”: todo se aclaró de golpe. Abrazó el libro unos instantes, derramó una lágrima y lo abrió nuevamente en la primera página. Descubrió su nombre real, Pedro Palacios; que falleció en 1917 y que a pesar de las autopsias no encontraron la razón de su muerte; que fue más conocido como Almafuerte y que aún vive con sus lectores, especialmente entre aquellos capaces de incorporar y vivir sus versos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;El parlamento de "el viejo" está formado con fragmentos de los poemas Vade retro, Tempestad, ¿Por qué no lo mandas?, El soñador y Fúnebre; el texto en cursivas es un fragmento literal de ¡Piu Avanti!, todas obras de Almafuerte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-8195738170719890503?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/8195738170719890503/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=8195738170719890503' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8195738170719890503'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/8195738170719890503'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2009/01/fuerte-de-alma.html' title='Fuerte de alma'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7618434154485047428</id><published>2008-11-29T17:58:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:01:28.192-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>De timbres y palomas</title><content type='html'>¡Había llegado el día de conocer a Cami08! Tres meses de conversaciones en Internet y finalmente nos veríamos los rostros. Aunque no habíamos compartido videochat ni intercambiado fotografías nos conocíamos muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Varias veces ensayamos el encuentro en nuestras sesiones de chat. Como nuestra atracción era muy física imaginábamos que su carpeta caería al piso en el primer abrazo y que, sin decir nada, mezclaríamos nuestros cuerpos rodando en el piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ella siempre le interesaron los temas misteriosos, a mí la forestación. Ella quería reconectar su energía espiritual y sexual relacionándose conmigo. Yo prometí remover de su cuerpo las impurezas del pasado, trabajar la tierra y permitir que los árboles crezcan en un bosque de felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El esperado timbre sonó con urgencia. Abrí la puerta y con un gesto nervioso la invité a pasar. Era hermosa y más joven de lo que esperaba. Materializando el ensayo la apreté contra mi cuerpo y la besé. Sus labios estaban fríos, ella no colaboraba y terminó girando el rostro. Era comprensible, besaba a alguien por primera vez desde la experiencia del desengaño amoroso que la marcó, impidiéndole por años confiar nuevamente en un hombre. Consciente de que las imágenes de miedo deben borrarse con cariño y confianza, volví a abrazarla guardando su cabeza en mi hombro, acaricié su pelo y recorrí su espalda durante varios minutos. Luego sus labios me correspondieron y rodamos sobre la alfombra hasta ligarnos en un nudo hecho en el centro de nuestros cuerpos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No sé qué vas a pensar de mí –dijo mientras juntaba unos papeles y se ponía la ropa que había quedado desparramada en el piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Pienso lo mismo que te dije antes: ¡sos maravillosa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus ojos —que ella había descrito verdes y eran negros— me miraron extrañados al tiempo que el timbre, tan poco oportuno, volvió a chillar. Sólo me puse la camisa y abrí la puerta. Allí estaba Camila, con su apodo escrito en un cartel, colgando del cuello. Sentí mi frente ceñirse como un acordeón. Crucé las piernas intentando ocultar mi desnudez y ella aprovechó para entrar. La otra mujer, aún descalza, mientras terminaba de acomodarse la pollera, dijo en voz alta y muy apurada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es una encuesta rápida, sólo llevará cinco minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miré a Camila, que sonreía sarcástica, disfrutando o sufriendo del silencio tirano que unía el sorpresivo triángulo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡La confundí con vos! ¡vino por una encuesta! ¡mirá, tiene una carpeta! ¡prueba evidente del tipo de confusión! —le expliqué a Camila, evitando que la otra me escuchara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, para que la encuestadora no se enoje conmigo y permanezca en estado de amor hasta la próxima visita, le susurré:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo que hicimos fue hermoso, espero que vuelvas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fue prometiendo —no muy convencida— que completaría la encuesta en otro momento. Camila quedó de brazos cruzados, con un gesto de decepción y con sus ojos verdes demandando explicaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve dos ilusiones en la mano, como pequeñas palomas; las apreté tan fuerte que quedaron heridas. Si alguna sobrevive será un milagro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7618434154485047428?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7618434154485047428/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7618434154485047428' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7618434154485047428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7618434154485047428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/11/de-timbres-y-palomas.html' title='De timbres y palomas'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6691654027097688662</id><published>2008-11-26T11:22:00.003-02:00</published><updated>2009-01-09T19:56:59.700-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Erótico'/><title type='text'>Un paso más</title><content type='html'>—Es grave. Algo tenemos que hacer. Hablemos con tu hermano, ¡hoy mismo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, ya lo llamo así llega antes de que Paola vuelva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sergio, luego de recibir la llamada, notó el tono de preocupación de su hermana. ¿Se habría enterado de algo? Enseguida tomó el auto y salió. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su cabeza volvían uno a uno los recuerdos. Paola siempre fue muy cariñosa con él y desde que  era chiquita salían juntos a la calesita, al cine, a pasear. Por eso no sorprendió a nadie que tomara el hábito de quedarse a dormir los viernes en su casa: él tenía computadora, playstation, un lindo jardín y muchas anécdotas que contar. Y a medida que los años pasaban y las hormonas adolescentes se despertaban, Sergio también se convirtió en su fantasía sexual. Además, sus compañeras del colegio no paraban de hablarle sobre lo fuerte que estaba su tío. Pero él nunca se dejó llevar por las miradas de interés que recibía de su sobrina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, su respuesta empezó a cambiar el viernes en que volvió antes a su casa y encontró a Paola en su habitación mirando una película condicionada. Tenía el volumen tan alto que los gemidos le habían impedido oír su entrada a la casa. Eligió irse en silencio, dio un par de vueltas con el auto, y regresó a la hora de siempre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche Paola lanzó una avalancha de preguntas sobre sus novias, qué hacían, cuánto tiempo estaban juntos, dónde. Con mucha paciencia y evitando los detalles, el contestó. Finalmente, por lo que estaba rememorando o quizá por la actitud demandante de Paola, y más aún, sabiendo que miraba sus películas condicionadas, Sergio tuvo una erección. Intentó disimular quedándose quieto pero enseguida encontró a Paola con la mirada fija en su entrepierna. Él la miró a los ojos mientras con una mano se acariciaba por sobre el pantalón. Luego de unos segundos tomó la mano de su sobrina y la hizo imitar el movimiento original. Ella accedió contenta y después la curiosidad pudo más: “¿Puedo ver?”. Él se puso de pie y ante la mirada de emoción y lascivia de Paola liberó su pene, que se mantenía erguido, y le pidió que volviera a las caricias originales. “¿Puedo hacer más?”. Sergio comenzó a guiarla. Hizo que su inexperta boca bese, saboree y succione hasta desarmar el helado caliente que sostenía en su mano. En unos instantes Paola no tuvo nada que envidiar a las mujeres de la película condicionada. Disfrutaba con los extraños gestos de su tío ante los vaivenes de sus labios y su lengua y luego se asustó cuando su boca casi explota al recibir el elixir del placer, que era sangre de su sangre, y que pronto aprendió a disfrutar como un licor cremoso, espeso, de sabor fuerte y muy adictivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La sesión continuó con una devolución de favores. Sergio quitó prenda por prenda la ropa de Paola, la recostó en el sillón y armó en su piel un camino de besos hasta llegar a su vientre. Con su rostro dibujó un espiral desde afuera hacia el centro hasta encontrar sus labios rosados. Allí se perdió y recorrió a ciegas con su lengua; luego se encontró, ayudado por sus dedos inquietos. Paola disfrutaba de la boca de su tío ignorando que había más. Él subió unos centímetros y sobre el botón que crecía escribió con saliva cada una de las respuestas que Paola estaba buscando. Y esa revelación hizo que ella conociera, por primera vez, una sensación exquisita, acompañada de un temblor suave, cosquillas en todo el cuerpo y sobretodo muchas ganas de gritar y morder. Luego se abrazaron y se besaron profundamente hasta quedar dormidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las visitas se hicieron más frecuentes; varios días de la semana Paola lo esperaba lista para disfrutarse mutuamente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso la reunión lo atemorizaba: podría ser el fin de sus planes y el inicio de un montón de problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Te llamamos porque Paola no está pasando un buen momento y creemos saber la razón —el tío tragó saliva—. Nosotros la criamos con valores, le damos lo mejor. ¡Y  no permitiremos que pierda el rumbo! —dijo el padre y miró a su mujer, cediéndole la palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sergio escuchaba y a la vez ensayaba su respuesta: de cuánto la quería, que también buscaba lo mejor para ella... Miró a su hermana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde hace más de un mes, las notas de Paola bajaron. Pensamos que está perdiendo mucho tiempo en tu casa, distrayéndose con la computadora y los juegos. Yo creo que tendría que ir menos o aprovechar para estudiar ahí, como hacía antes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sergio volvió a respirar. Respondió rápido, pero fue muy preciso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, a todos nos ha pasado alguna vez. Les propongo algo: yo hablaré con ella, acordaré que sólo use la compu y los juegos una vez a la semana y sólo si sus notas mejoran. También puedo ayudarla con las materias si tiene dificultades. Ah... y si quiere que venga a casa a estudiar con alguna amiga, así se distrae menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me alegro que entiendas Sergio —aprobó el padre, levantándose de la mesa—, voy a poner la pava que no te ofrecimos nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias hermanito. Prefiero que esté con vos antes que en la calle. ¡Pasan tantas cosas! Encima los jóvenes de hoy son un desastre —ella giró su rostro y miró hacia la habitación y cuando Sergio también observó la cama, continuó—. Sé que en tus manos Pao estará bien: siempre supiste como cuidarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ver la cama Sergio saboreó los planes para esa noche: darían un paso más, vivirían la experiencia completa. “Sentirte entrar en mi cuerpo”, decía Pao. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Paola me cuenta todo, incluso... todo —remarcó su hermana, separando las manos y levantando las cejas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sergio sonrió satisfecho y siguió recordando las palabras de su sobrina: “...y me gustaría invitar a una de mis compañeras para que aprenda lo mismo que yo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6691654027097688662?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6691654027097688662/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6691654027097688662' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6691654027097688662'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6691654027097688662'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/11/un-paso-ms.html' title='Un paso más'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1701983697733792325</id><published>2008-11-26T11:21:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T19:56:59.700-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Erótico'/><title type='text'>Disfrutar con los ojos cerrados</title><content type='html'>Ramiro era mi masajista desde hacía ya cuatro años. Siempre conversabamos mucho, aunque pocas veces logramos el nivel de conexión de aquella tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supo hacerme las preguntas justas y guardó silencio cuando correspondía. Parecía intuir todo sobre mí. Y me incentivó poco a poco a hablar de temas íntimos. Enseguida estuvimos hablando de sexo sin tapujos y sus manos en mi cuerpo comenzaban a tener un sentido más que relajante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba recostada en la camilla, boca abajo, los brazos al costado y con una toalla reposando entre mi cintura y el comienzo de mis piernas. Tenía los ojos cerrados y me había abandonado al contacto de sus manos llenas de crema resbalando por mi espalda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;— Hace tiempo que tienen problemas con tu novio… Entiendo que te cele: sos una mujer hermosa. Tendrían que hacer algo para estar mejor, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no respondía con mi voz, sino con suaves movimientos de mi cuerpo. ¡Estaba tan relajada que no quería levantar mi cabeza ni pronunciar palabras! Sólo escuchaba. Mi cuerpo dijo “sí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bajó por mi brazo derecho lentamente, masajeándolo. Al llegar a mi muñeca saltó a la rodilla y fue hasta mis pies. Empezó a subir desde los gemelos hasta las ingles  transmitiendo calor y fuerza. Friccionaba enérgicamente una pierna mientras pasaba el dorso de su mano por la otra, con una suavidad que me erizaba la piel y minimizaba el dolor de la fuerte presión muscular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Él tendría que aprender a realizar masajes. La relajación es la puerta de entrada a la pasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus palabras rebotaron en el pequeño consultorio y en la oscuridad del cielo estrellado que era lo único que yo veía. Sus dos manos se concentraron en mi pierna derecha. Avanzaban en movimientos circulares. Bajaban hasta la rodilla y subían nuevamente, cada vez más alto. Cuando sin querer se encontró con la toalla el contacto desapareció y volví a sentirlo en mis hombros. Se desplazó por mi espalda y mi cintura dibujando figuras como un patinador sobre el hielo. Luego de unos minutos sus dedos caminaron en la piel y fueron hacia las piernas empujando a su paso parte de la toalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tu piel es magnética, Raquel. Guía mis manos al recorrido que tu cuerpo pide.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz grave transitaba mi cuerpo y llegaba a mis oídos haciendo vibrar los lugares por donde pasaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los movimientos del masaje se habían vuelto frenéticos y recorrían con velocidad mis piernas, mis muslos y por momentos subían hasta mi cintura. Una suave ráfaga de aire fresco alivió momentáneamente el calor. Segundos después me di cuenta de que la brisa la había generado la toalla cayendo al piso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No abras los ojos. Concéntrate sólo en disfrutar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se alejó un momento y volvió a mi cuerpo con caricias. Como si tuviera un mapa de mis sensaciones recorrió cada fragmento de mi piel. Yo sólo era un ente dispuesto al placer: me estremecía, estiraba las piernas y arqueaba la espalda. Las manos, en ese momento más frías —o al menos así las sentía— recorrían mi cuello, mi espalda, las piernas y la línea de mi cola, donde supo estar la toalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve temor de lo que pudiera pasar, pero no quería que se detuviera, estaba disfrutando mucho. Estremecida levanté mi pelvis y al apoyarla nuevamente en la camilla su mano encontró mi sexo. Ya no había vuelta atrás. Podía sentir sus dedos rozándome y mi humedad lubricándolos. Descubrió cada lugar de mi entrepierna con el mismo nivel de detalle que anteriormente tuvo con mi cuerpo. Mis manos se abrían y se cerraban guardándose la diminuta sábana que cubría la camilla. Cuando sus dedos comenzaron a acariciarme por dentro mordí con fuerza la tela. Mi cuerpo respondía como un eco, obediente a sus exploraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de que empezó a sonar la música sus manos se alejaron de mí por un segundo que fue una eternidad. Luego, con la facilidad con que se moldea la arcilla húmeda, arrastró mi cuerpo hacia el suyo y separó mis piernas. Apoyó una mano en mi espalda y acercó su cuerpo al mío. Con un permiso que dio mi cuerpo pero no mis ojos, él entró en mí. Me guió en un baile muy rítmico que tuvo el vaivén de las olas y la intensidad de la tormenta. Junto a mi respiración agitada se escaparon algunos gritos ahogados que supieron esquivar la tela e integrarse al aire del consultorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el quejido de mi placer se hizo más audible que la música y mi mundo estrellado se pintaba de colores, todo se detuvo. Mientras con su mano aún sostenía mi pierna sentí unas gotas frías cayendo en mi espalda. Decepcionada abrí los ojos y la confusión me sacó del trance inmediatamente: Ramiro, con su delantal blanco, estaba parado junto al equipo de música observando todo. Giré mi cabeza y me incorporé en la camilla asustada. Quién estaba detrás mío era Agustín, mi novio. Su rostro estaba fruncido y lleno de lágrimas. De un salto me levanté y fui al cambiador gritando con bronca:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hijos de puta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras me vestía escuchaba su diálogo entre murmullos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Boludo, ahora se enojó conmigo y yo no hice nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pero viste? —los sollozos entrecortaban las palabras— ¡Yo tenía razón! ¡Si vos seguías la tenías! ¡Es una turra!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya vestida, me acerqué hacia ellos, que estaban contra la pared. Me agaché, apoyé cada mano en una de sus piernas y fui subiendo lentamente. Recorrí la cintura de ambos y luego crucé los brazos haciendo que mis manos acaricien sus erecciones. Volví a cruzarlas deteniéndome en su zona erógena a punto de explotar. La caricia bajaba y y subía. Cuando en cada mano sentí el peso del escroto apreté con fuerza clavando además mis uñas. Quedaron agachados, tocándose y balbuceando. Apagué sus quejidos y la música melosa al cerrar tras de mí la puerta del consultorio.&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1701983697733792325?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1701983697733792325/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1701983697733792325' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1701983697733792325'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1701983697733792325'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/11/disfrutar-con-los-ojos-cerrados.html' title='Disfrutar con los ojos cerrados'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6331286174660560382</id><published>2008-11-26T11:20:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T19:56:59.701-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Erótico'/><title type='text'>Volver a la naturaleza</title><content type='html'>La imagen era cada vez más nítida. Pude admirar el aspecto, sus formas, curvas y colores. Había rutas definidas y zonas vírgenes, sin explorar. La niebla cubría las zonas más sensuales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo alto, el viento soplaba la cabeza de la montaña. Los cabellos eran un bosque. Divisé dos lagos con agua cristalina reflejando al sol brillante y redondo. Al costado de cada espejo nacían cauces de arroyos, como si en algún reciente deshielo se hubieran derramado lágrimas. Una montaña pequeña se erguía entre los lagos y mi camino. Allí, dos oscuros túneles mostraban la constante actividad del viento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la absurda ambición de que mi voz recorriera y estremeciera el paisaje que estaba observando dije “Hola”. Sin embargo, sorpresivamente, algo respondió a mi saludo. Me refregué los ojos porque creí ver que dos lomas, antesala de la montaña ubicada entre los lagos, se movían. Descreyendo mi intuición y negando los riesgos de un sismo, caminé más rápido aún y abrí los ojos tan grandes que pude competir con los lagos al tomar la luz del sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ante mí se extendía una larga planicie. Posé mi mano sobre ella. La superficie era suave y podía sentir un cosquilleo en la yema de mis dedos como respuesta de la tierra a mi contacto. A mi izquierda vi otra superficie igual y comprendí que era la parte superior de una loma en forma de tubo aunque no tan uniforme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis pies descalzos se apoyaban con suavidad y permanecían estáticos unos segundos antes de abandonar la fresca piel de la tierra. Mis brazos y mi cuerpo abrazaban a la colina en forma de pierna uniéndonos bajo la brisa proveniente de la respiración de la montaña, allá en lo alto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Levanté mi mejilla de la piel, separé mi cuerpo de la hierba, me puse de pie y miré alrededor. Las dos colinas se hicieron una. Avancé hacia delante y la izquierda. La tierra, menos firme que antes, rodeaba mis pies y dibujaba mis huellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continué avanzando y encontré un pozo poco profundo. Había algo mágico en ese lugar. Una conexión con el pasado y el futuro. Era un lugar familiar. Como si esa depresión natural me llevara atrás en el tiempo, a los orígenes de la vida y a nueva vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguí mi recorrido yendo hacia dos montañas que había visto antes. Caminé de prisa y noté que la tierra se volvía agradablemente tibia. Embelesado llegué al lugar y quise trepar la montaña de la izquierda: imposible; la pendiente lo impedía. Giré alrededor de la montaña ovalada hasta encontrar un lugar más adecuado y pude ver con claridad el monumento que ante mí se elevaba: de textura sólida y color blanco como las nubes, de forma cónica y con una zona oscura en la cima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comencé a escalar a paso lento. Mis pies sentían un vivo calor a medida que subían. La temperatura llegaba a todo mi cuerpo en forma de cosquillas, como si alguien me acariciara por dentro. La sensación era exquisita, sabrosa: deseaba extender cada momento. Por eso avanzaba en zigzag. Recorría los costados y sólo de a un paso por vez hacia arriba. Cuando la forma de la montaña me lo permitió di giros completos sobre el lugar más blanco, puro y reconfortante del paraíso. Al llegar a la cima sentí un suave temblor; todo menos el cielo se movió: un estremecimiento de la tierra que duró sólo unos instantes. O quizá fue mi cuerpo que, embriagado de caricias placenteras, cedió su fuerza al viento agitado que expiraba la cadena montañosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cima era un lugar delicioso y extraño; formado por pequeñas rocas oscuras, coloradas, era como una mora de aspecto flexible al principio y rígida luego de unos instantes. Sentí la tierra latiendo rápido y desde allí tomé conciencia del paraíso viviente que la naturaleza me regalaba: los lagos como ojos llenos de cielo con el bosque frondoso detrás; las lomas en forma de labios entreabiertos que permitirían ingresar a sabrosos laberintos con aliento humeante de quimeras de placer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de varios temblores más decidí bajar de la mística pirámide. Fui directo a sus labios y comencé a besar el suelo resquebrajado. Primero con suavidad y después con fruición. Empecé por las partes externas y seguí con las más cercanas al precipicio. No era tarea fácil porque los vientos allí eran más intensos y rápidos: una respiración agitada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento sucedió algo increíble. Me alejé un segundo y sentí la necesidad de abrazar la tierra, en toda su extensión. Pasé mis brazos por las hectáreas de su cuerpo. Enfrenté mi rostro con sus ojos lagos, que empezaron a reflejar mi figura, la cual crecía en tamaño. Apoyé suavemente mi cuerpo sobre la hierba, la roca, la planicie y sus montañas. De los labios bebí el rocío y respiré su aliento. Recorrí con mis manos todas sus colinas y montañas sintiendo en mis dedos frescura, calor y suavidad. El viento echaba paños de frescura en la roca y la vegetación, y las aves volaban y nos cantaron victoriosas y alegres cuando pude, finalmente, entrar en su cueva prohibida. Así nuestros cuerpos se unieron haciéndose uno parte del otro y comenzaron los temblores: primero suaves y esporádicos, luego fuertes y rítmicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Meciéndonos en una cuna hecha millones de años atrás, la fuerza de los temblores creció hasta convertirse en un volcán que derramó su lava hirviente en un brusco y suave movimiento que nos estremeció, uniéndonos más y trayendo tranquilidad. Era la calma más bella, la resultante de la unión de la tierra y el agua, del fuego y la roca, de respiraciones mezcladas, alientos fusionados, miradas cruzadas y brazos y piernas perdidos entre sí. Era la brisa arrastrando gotas de rocío por doquier y el sol regalando ternura. Era la pasión, más allá de nuestros cuerpos, fundiéndose con la naturaleza. Entonces fuimos uno esperando que alguien nos explore. Desde entonces, respiramos viento y temblamos a veces –el llamado de la naturaleza– cada vez que alguien toca nuestra piel.&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6331286174660560382?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6331286174660560382/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6331286174660560382' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6331286174660560382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6331286174660560382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/11/volver-la-naturaleza.html' title='Volver a la naturaleza'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5644872192324274139</id><published>2008-11-02T17:27:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:01:28.193-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Hospitalidad</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Su auto se quedó sin gasolina. Tras dos horas de intensa caminata por la ruta desierta y empapado de sudor, Emilio distinguió unas casas en el horizonte. Llegaría transitando un angosto camino de tierra cuyo recorrido aliviaría sus pies doloridos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la calle ni siquiera había perros. Las casas parecían abandonadas. Tocó algunos timbres y nadie respondió. Desesperado, siguió repitiendo el ritual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La última casa no tenía timbre, pero había movimiento en su interior. Golpeó la madera vieja y reseca de la puerta y un hombre abrió. Al ver el descuidado aspecto de Emilio, lo hizo pasar. Le pidió a Ely que trajera una palangana con agua para refrescar los pies del viajante. Ely, su hija, aunque era tímida y sumisa, vestía shorts y una camisa atada sobre el ombligo. Dejó el recipiente y luego se quedó en la oscuridad del garage, desde donde observaba todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis, el anfitrión, no tenía gasolina pero comentó sobre una lejana despensa donde la vendían. Se ofreció él mismo a buscarla para que Emilio pudiera descansar. Y se fue caminando con un bidón bajo el brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emilio masajeaba sus pies comprobando como una diminuta herida provocada por el calzado le causaba tanto dolor, cuando escuchó un ruido. Algo cayó al suelo del garage y Ely estaba levantándolo. Se quedó mirándola: la encontró muy atractiva. La llamó, le ofreció conversar y le pidió un vaso de agua, pero nunca respondió. Aunque después de unos minutos la curiosidad pudo más que la timidez y se acercó con dos vasos ¡de vino!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas probaron el tinto e intercambiaron algunas palabras y ya estaban juntos; ella masajeándolo y él acariciándola. Enseguida los labios se encontraron y las manos recorrieron sus cuerpos. Hicieron desaparecer las incómodas ropas del verano y cuando él estuvo sobre ella la eventual pareja perdió la noción del tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entraba y salía. El líquido salía con fuerza. La manguera goteaba. Se llenó el recipiente. El bidón estaba listo. El hombre volvía a su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se lo ve mucho mejor —dijo Luis al entrar a la casa y notar brillo en el rostro de Emilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias a usted, y a su hija también —miró a Ely de reojo y luego, evadiendo la situación, volvió a su viaje—. ¿Consiguió la gasolina?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí, con esto le alcanzará.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los hombres fueron hacia la puerta. Emilio buscó en su billetera y entregó dos billetes a Luis, quién mostró un gesto de desaprobación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Por favor, tómelos..., sé que es mucho por un bidón de gasolina pero su hospitalidad lo vale.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Gracias, pero esperaba un poco más, teniendo en cuenta también la hospitalidad de mi hija…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emilio sonrió nervioso como un niño descubierto en travesuras; un seductor engañado; un macho dañado en su hombría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de entregar unos billetes más se fue. Dio dos pasos y, aún sorprendido, giró y vio a Ely, que desde la oscuridad de la casa, detrás de su padre, agitaba su mano, saludándolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Vuelva pronto! —les escuchó decir a dúo.&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5644872192324274139?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5644872192324274139/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5644872192324274139' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5644872192324274139'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5644872192324274139'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/11/hospitalidad.html' title='Hospitalidad'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7560149335784413471</id><published>2008-10-16T19:49:00.005-02:00</published><updated>2009-01-09T19:58:29.277-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>Malas noticias</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SUI0OEGS70I/AAAAAAAAATc/f6udAx2VPwo/s1600-h/2dopremio.png"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px; height: 23px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SUI0OEGS70I/AAAAAAAAATc/f6udAx2VPwo/s320/2dopremio.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5278839129454604098" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Nunca me gustó recorrer esa avenida: interminable, con una pendiente pronunciada que obligaba a sostener todo el tiempo el carro; solitaria, rara vez en la noche había alguien más transitándola. Pero era era donde más papeles conseguía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retiraba diarios, revistas y cartones de los cestos de basura, como siempre, cuando me llamó la atención un periódico apoyado en el cordón de la vereda, doblado en tres, como recién comprado. Parecía llamarme. Lo tomé y lo vi prolijo, como si aún no hubiera sido leído. Lo desdoblé y comencé a hojearlo. Por supuesto que no leía todo lo que encontraba, pero ese diario, al ser nuevo, fue como un regalo para mí. Y festejaría leyéndolo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sostenía el carro con la mano izquierda y el diario con la derecha. Las noticias eran las habituales. Leía pronunciando internamente las palabras, aunque parecía como si otra voz me lo estuviera recitando. Cuando, vencido por el cansancio de mantener la mano en el aire, intercambié los brazos, sentí un pequeño dolor. Noté como los dedos en los que apoyaba el diario estaban manchados. De cerca pude ver una fila de letras que como hormigas avanzaban desde la punta de los dedos hacia la mano. Seguí leyendo y al rato todo mi brazo estaba lleno de letras y algunos dibujos. Lo froté para quitar la mancha pero fue imposible; la tinta estaba en la piel. Seguí enterándome de las novedades, ya sin leer el diario: las bolsas del mundo habían bajado, se agudizaba la pelea por la punta del campeonato, la oposición lanzó una dura crítica al gobierno, comenzaron los experimentos con impresión de tinta orgánica, géminis y tauro se favorecieron por la posición de los planetas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí cosquillas en el cuerpo. No pude continuar con el recorrido. En ese momento vi que mi pecho estaba lleno de noticias y lo mismo encontré en cada parte de mi cuerpo que examiné. El cosquilleo se transformó en un intenso dolor, que comenzó en las manos, siguió en los brazos y llegó hasta las piernas. Mi piel era un collage de titulares, copetes, fotos y textos. La combinación de asco, impotencia, dolor y desesperación me llevó a gritar enormes titulares, que se fueron apagando en subtítulos y explicando detalladamente en textos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una puntada en el estómago me obligó a agacharme. Sobre mis rodillas y caderas, quedé en cuclillas, doblado en tres, hasta que caí al piso, con la esperanza de que alguien me ayudara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poca gente pasaba por esa avenida desierta, pero al fin se acercó un cartonero. Lo llamé. Me miró con asombro y me tomó en sus manos. Con alegría empezó a husmear las noticias, las cuales recité una por una, con una voz negra, silenciosa y penetrante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7560149335784413471?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7560149335784413471/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7560149335784413471' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7560149335784413471'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7560149335784413471'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/10/malas-noticias.html' title='Malas noticias'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SUI0OEGS70I/AAAAAAAAATc/f6udAx2VPwo/s72-c/2dopremio.png' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1747426383501251821</id><published>2008-10-16T19:37:00.004-02:00</published><updated>2010-04-24T22:43:10.746-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>La ausencia de las presencias</title><content type='html'>La casa de Alba estaba demasiado quieta. Tenía la tranquilidad del amanecer en los cementerios. Apenas un grillo por aquí, o un pájaro a lo lejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La anciana no entendía las razones. Hacía más de veinte años que los tenía como huéspedes. ¿Cómo podían desaparecer así como si nada importara? Alba se había acostumbrado tanto a ellos. Siempre los trató como si fueran parte de su familia. La convivencia era excelente: sin diálogos que dieran lugar a malas interpretaciones; solo movimientos, gestos y acciones de agradecimiento. Era gratificante levantarse a la mañana y encontrar la pava para el mate puesta al fuego. Saber que alguien estaba pendiente de abrir la puerta de la alacena justo cuando se necesitaba más azúcar. Y a su avanzada edad esas ayudas se habían vuelto imprescindibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ellos solo exigían ser tenidos en cuenta. Que no los dejen en los callejones del olvido, en la calle de la ignorancia o perdidos en el más allá. Obtenían todo eso y más con Alba. Conseguían, además, afecto y valoración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días se hicieron largos y grises. Como interminables nubes de una tormenta que no llegaba jamás. Alba fue enfermando y juntando rencor por la ausencia. Nunca había sufrido el abandono, así que estas eran sensaciones nuevas y difíciles de sobrellevar en épocas de vejez. Lentamente fue reduciendo sus actividades. Tosía mucho y se levantaba de la cama solo un par de veces al día. La habían abandonado y ella se estaba abandonando también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un tiempo que conviene contar en días, pero que ella vivió como noches, Alba, con una fuerza que no se sabe de donde provino, consiguió reaccionar, levantarse y pedir al médico del pueblo que la visitara. Así obtuvo atención médica y su sorpresivo diagnóstico. Tenía una incipiente tuberculosis, enfermedad que no detectada a tiempo, a su edad, hubiera sido fatal. Debería tomar una pastilla a diario, a la noche, antes de dormir, durante un mes. Comenzó ese mismo día, en el baño, luego de lavarse los dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un día, en la mitad del tratamiento, se despertó y al desperezarse notó que no había tomado la medicación en la noche anterior. Alarmada, se sentó en la cama y con sorpresa vio que en la mesa de luz reposaban un vaso de agua y la pastilla. Ingirió la medicina y se levantó más animada que de costumbre. Vivió ese día expectante, esperando encontrar una nueva señal de que su compañía había vuelto. Pero no sucedió; ella sola estuvo a cargo de las actividades de la casa y del cuidado de su salud. Con desilusión, pensó: ¿Qué tipo de amistad hemos cultivado? ¿Una que los hace desaparecer justo cuando me enfermo y los necesito?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras ella vacilaba, el pasto se hacía altos yuyos en el jardín y la suciedad se asentaba en el resto de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No olvidó tomar la pastilla, cada noche, hasta finalizar el tratamiento. Para ese entonces se sentía sana y comenzó otra vez con la rutina completa que la amplia casa exigía. Como si se tratara de esos amigos o conocidos que solo aparecen cuando uno está bien, poco a poco, recuperó la ayuda externa. Sucedía como antes. La cortadora de césped se apagaba y luego ella encontraba que había levantado temperatura y el cable desenchufado evitó que se quemara. Entraba a la casa y tenía un refresco preparado y al final del día la bañadera llena. Volvió a disfrutar de la compañía, pero le llevó un largo tiempo comprender la razón por la cual en su momento se habían ido. Cuando lo hizo, se sintió más segura y agradecida que nunca. Era raro agradecer la desaparición de la ayuda, pero si no hubiera sido así el diagnóstico no habría llegado a tiempo. Entonces supo que los silencios y las ausencias dicen mucho más que las palabras y las complacencias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1747426383501251821?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1747426383501251821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1747426383501251821' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1747426383501251821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1747426383501251821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/10/la-ausencia-de-las-presencias.html' title='La ausencia de las presencias'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5659183221105590853</id><published>2008-10-16T19:26:00.003-02:00</published><updated>2009-01-09T20:03:43.673-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Hay que saber sufrir, después amar, después partir</title><content type='html'>Era un cachorro cuando Mariano me trajo, en una caja, a este hogar. Ese día festejaban su primer año de matrimonio. ¡Cuánto salté y cuánto ladré ese día! Recorrí la casa descubriendo cada rincón sin detenerme. Era un dúplex. En planta baja estaba la cocina y el living, y arriba la habitación y una sala que daba a la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras descubría mi nuevo hogar presté atención a las emociones de mis anfitriones. Cuando pasaba entre las piernas de Mariano noté que él sentía alivio. Pero aún habiendo lengüeteado las manos de Belén no pude precisar su reacción ante mi llegada. Había alegría en su cara pero decepción en sus ojos. ¿Sería porque esperaba un perro de otra raza? ¿Le preocupaba mi hiperactividad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de la bienvenida obtuve poca atención de Mariano. Pero sí de Belén. Jugábamos y nos mostrábamos afecto; ella acariciándome, yo recorriendo su rostro con mi lengua o simplemente estando a su lado cuando la veía triste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SPezxph41QI/AAAAAAAAAOA/mZ3DFYctb3U/s1600-h/1imagen1000palabras4.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SPezxph41QI/AAAAAAAAAOA/mZ3DFYctb3U/s320/1imagen1000palabras4.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5257868755521295618" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mi visión de la realidad cambió mucho cuando dejé de ser cachorro y pude subir las escaleras con mis propias patas. Descubrí cuánto me gustaba mirar el atardecer desde la ventana en planta alta, observando la gente y los perros pasear.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprendí rápido la rutina: cuando desde la ventana veía desaparecer la luz del sol volvía Mariano. Apenas sentía su olor corría escaleras abajo para recibirlo con efusividad y alegría. Aunque después de un tiempo la rutina cambió y ya no fue predecible el momento de su llegada ni oportuno el recibimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los años y todo seguía igual o peor. La casa dejó de recibír mantenimiento. Había rajaduras, humedad y musgo en las paredes y pintura saltada en las puertas. El ambiente se hizo oscuro; no había luz de sonrisas en ningún ambiente, en ningún momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando estaba Mariano me tiraba a sus pies, aún sabiendo que él me ignoraba. Si al rato quería ir con Belén tenía que buscarla en la habitación o en el patio. Por suerte aún tenía energía para desplazarme con agilidad por la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces bajaba las escaleras con la cola baja para dormir en planta baja porque en el dormitorio había gritos: ya había comprobado que mis ladridos no eran bien recibidos en esas circunstancias. Yo les ladraba para que se calmen, para que conversen, pero ellos me echaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, al llegar mi vejez, cuando bajar y subir las escaleras se hizo un esfuerzo enorme, tuve suerte porque las visitas de Mariano se hicieron esporádicas. Belén estaba todo el tiempo conmigo, aunque ya no era cariñosa como al principio. Me miraba con los mismos ojos que a Mariano. A veces me hablaba de él. O como si yo fuera él. O como si yo fuera un niño. Ella se encargaba de subirme la comida y el agua hasta aquí, al lado de la ventana, donde pasaba mis días imaginando la vida de la gente que caminaba por la calle: seguramente mejor que mi vida de perro y mejor que la de los dueños de este hogar. Los miraba a través del aire que, cual reja carcelera, a tres metros del suelo, me separaba de una vida diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día estaba tan absorto en esa contemplación que no presté atención a los ruidos. Cuando me di cuenta la casa estaba casi vacía y el camión de mudanzas lleno. Revisé la planta baja, volví a la ventana y ladré. Ladré fuerte y seguido, mientras saltaba de un lado a otro. El camión se fue achicando a lo lejos, como el sol del atardecer. Seguí ladrando sin pausa, quería llamar la atención de Mariano para avisarle que algo le sucedía a Belén. Ella estaba durmiendo en la cocina, desde donde venía un fuerte olor, como el que sentíamos cuando preparaba asado al horno. Luego de que el camión desapareció y cuando la cocina parecía subir como una nube, fui a despertar a Belén con cientos de lengüetazos, miles de ladridos y con mis patas en su pecho. Finalmente comenzó a toser y salimos de la casa que, en pocos minutos, luego de la explosión, perdió su humedad característica.&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5659183221105590853?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5659183221105590853/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5659183221105590853' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5659183221105590853'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5659183221105590853'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/10/hay-que-saber-sufrir-despus-amar-despus.html' title='Hay que saber sufrir, después amar, después partir'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SPezxph41QI/AAAAAAAAAOA/mZ3DFYctb3U/s72-c/1imagen1000palabras4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6045607050870962468</id><published>2008-09-29T16:21:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:01:28.193-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>A la caza de la casa</title><content type='html'>—¡Riiing! ¡Riiiiiiing!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conocía ese timbre más que a su propia voz. Veinticinco años viviendo en el mismo barrio de Buenos Aires, en esa casa que supo albergar su repostería, y que ahora era soledad y tristeza. Desde que Oscar falleciera, hacía ya dos años, Celeste quedó atrapada en una oscura depresión que la llevó a recluirse y dejar de lado sus sueños. Ella quería desarrollar sus actividades gastronómicas pero Oscar lo impedía porque veía la repostería como un pasatiempo y no como un negocio. Cuando él se fue, en lugar de obtener libertad, Celeste cerró la repostería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias a la terapia, estaba saliendo de la depresión. Sólo quedaba pendiente recuperar y materializar su sueño del bar boutique, un lugar donde servir sus exquisiteces a un público selecto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los perros ladraban a lo lejos y el timbre volvía a gritar la urgencia del llamado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya va! ¡Ya va!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Celeste quitó la traba, dio vuelta la llave y empujó la puerta hacia dentro de la casa. Cuando lo vio, sus ojos se desorbitaron. La imagen venía del pasado, pero lo tenía frente suyo, como tantas veces. Sin soltar el picaporte dio un paso atrás y las piernas dejaron de responderle. Todo se hizo gris, un zumbido tapó sus oídos y terminó en el suelo, desmayada. Oscar, que seguía siendo gordo, pesado y torpe, la ayudó a incorporarse y la llevó al sofá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡¿Cómo puede ser?! ¿Vos? —ella no entendía si estaba delirando, soñando, o si Oscar realmente había revivido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Entiendo Cely, que te sorprenda verme. Pasaron casi dos años —Oscar hablaba con parsimonia y seguridad, sin dejar de mirarla a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué pasó? ¿Dónde estuviste? —levantó los ojos y recordó los días grises, la sensación de que nada más importa, el dinero abundante e inútil en soledad, la dolorosa falta de compañía; todo volvía a la mente de Celeste—. ¡Yo estuve tan mal...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cely, yo te di mi palabra; nadie nos quitaría nuestro nidito de amor, ¡éste es nuestro hogar! —dijo Oscar, mientras movía las manos, enérgico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No me mientas! —como un balde de agua fría el entendimiento cayó sobre Celeste—. ¡Fingiste todo! Y yo acá... ¡llorando por vos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo importante es que ahora estamos juntos, que salvamos la hipoteca y tenemos el dinero del seguro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Sos una basura! –gritó enfurecida. Hacía minutos estaba asombrada, quizá hasta contenta de verlo nuevamente, y ahora que veía sus reales intereses, Oscar estaba muriendo por segunda vez, frente a sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Por favor Celeste! Estuve fuera del país dos años, lejos tuyo; ¡yo también sufrí! —ella se puso de pie y caminó sin despegarle la mirada mientras él continuaba—. Ahora tenemos que aprovechar el tiempo. Mudémonos a Panamá: con la venta de la casa y la plata del seguro ¡estaremos muy bien!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ya veo que lo único que te interesa es la plata!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, quiero que estemos juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Celeste se inclinó hacia él y con las manos en la cintura le gritaba, le reclamaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Quedáte acá entonces! ¿No decías que esta casa es nuestro nidito de amor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Acá estoy muerto Cely. En Panamá tengo una identidad, podemos empezar de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No en la clandestinidad. Blanqueá tu situación y luego nos sentamos a charlar. Si no haces vos la denuncia, la hago yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Eso no te conviene Celeste. Fuiste la única beneficiaria de mi muerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡No pienso ser parte de este chantaje! ¡Andáte ya mismo! Viví todo este tiempo sin vos, ¡puedo seguir así!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Estás con alguien no? ¿Es por eso?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Andáte ya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me voy, pero vas a tener noticias mías. Esta casa aún me pertenece y el seguro también. ¡Voy a recuperar todo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de la advertencia, Celeste fue a la comisaría a realizar la denuncia. Con una sonrisa contenida, el oficial se desentendió del tema:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Su marido? ¿Pero si murió hace dos años? Quizá le convenga ver a un psicólogo, en estos casos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin dejarlo terminar, Celeste salió y fue a la compañía de seguros, donde sí la escucharon. Preguntaron todos los detalles de la extraña visita, otros de cuando vivían juntos y algunos del período en que Oscar no estuvo. Iniciaron una investigación. La compañía fue querellante y Celeste declaró como testigo el mismo día en que viajaba.&lt;br /&gt;Varios meses después, radicada en su nueva casa, se enteró que finalmente Oscar fue apresado y juzgado por fraude y falsificación de documentos. Y que ese día vencía el plazo para pagar fianza y evitar la prisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nueva casa estaba llena de luz y de vida. Quedaba en Palmas de Mallorca y desde allí se veía el mar. Fue costosa, pero con la venta de la vieja casa y el dinero del seguro no solo resultó sencillo encontrar un buen lugar para vivir, sino que pudo disponer todo lo necesario para la próxima inauguración de su ansiada boutique de delicias dulces.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6045607050870962468?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6045607050870962468/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6045607050870962468' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6045607050870962468'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6045607050870962468'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/09/la-caza-de-la-casa.html' title='A la caza de la casa'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1307252541768890382</id><published>2008-09-29T15:29:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:01:28.194-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>De pocas palabras</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;¡Qué situación difícil! La vida parecía ensañarse con él. Cada tanto lo ponía a prueba, exigiéndole más de lo que él podía dar. Encima, ese día el ambiente no ayudaba, ya que el lugar estaba lleno de gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A través de las ventanas aún se veía el sol. Y mientras se iba apagando, la gente, apurada, volvía a su casa. Todo pasaba como una película por sus ojos. Por esos ojos que eran pequeños y le impedían ver el cuadro completo de la realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él estaba sentado, ocultando su gran altura. Tenía los codos sobre la mesa y pitaba insistentemente un cigarrillo. Su piel oscura se hacía negra y brillante por el sudor. Quizá más brillante que la mesa. Las manos frotando sus nervios entre sí anticipaban el momento. “Todo llega” era lo que siempre decía. Y fue en ese instante cuando la vio. La siguió con la mirada, la observó, la analizó. La encontró más alta que de costumbre: notó que llevaba tacos. Su melena, llena de rulos, se escondía en un ramillete, pero dos o tres mechones se escapaban. Los rizos se paseaban sobre la piel de trigo como la cola de un perro alegre. Ella se movía de un lugar a otro sin notar su presencia. Él no hacía más que pensar como llamarla. ¿Usaría su voz? ¿Algún gesto? ¿Otra persona?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su voz no. Siempre que estaba nervioso sus labios temblaban, como tiritando de frío. Y su garganta no podía armar palabras sin repetir sus partes, sin tartamudear un poco, como dándose tiempo para preparar las próximas sílabas. Usar la voz no era la mejor forma de llamarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Gestos?, tampoco. No era fácil dominar su cuerpo. Ya había resignado esa tarea. Como si se tratara del cuerpo de otra persona o de un animal. Un animal salvaje que no entiende de razones, sólo de sensaciones. Sus piernas titilaban; las manos con piel mojada agarraban y soltaban cosas, tocaban su pelo y su cara rápidamente. Las piernas, de a ratos estaban cruzadas, de a ratos golpeando impacientes el piso con los pies. Los ojos se movían a gran velocidad recorriendo todo y todos. Los gestos y la expresión corporal no eran su mejor aliado para tan importante empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otra persona: ¡menos aún! Si algo tenía en claro era que no contaría a otra persona lo que estaba pasando. Nadie lo entendería. Esa atracción enorme que lo llevaba a verla muy seguido, ese ahorro de palabras evitando el error, la sensación agradable de la contemplación y el abismo que significa cambiar ese estado de cosas. Tenía que actuar él. No por elección, sino por descarte. Y eso le generaba escalofríos. ¡Cuánto deseaba estar en la primaria, donde un compañero o compañera se encargaría de transmitir el gusto de una persona por otra! Pero, en ese momento, cada quien debía atender su juego. Tenía que sacar pecho, encontrar fuerzas y decir lo que había que decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo corría veloz sólo en el reloj, pero para él cada minuto era eterno. En instantes, toda una era se desarrollaba, tenía guerras, crecía y se recuperaba. Y él, mientras tanto, sentado, con la mirada indecisa, con el corazón como una ametralladora, con el cuerpo como un volcán y con un aire de pánico, pensaba en cual sería el momento más adecuado. Planificaba cada movimiento y lo vivía de antemano. Y el tiempo seguía avanzando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El sonido de una gota de transpiración, que cansada de recorrer su cara se estrelló en la mesa, lo sobresaltó. Con sus ojos chiquitos observó el sudor desparramado y luego fue levantando la vista. Y ¡qué sorpresa! Ella estaba allí. Frente a él pero sin mirarlo directamente. Hacía otras cosas mientras parecía esperar que él le hablara. Era un cambio en los planes. No era así como lo tenía pensado. Tenía que hablar ahora. Un viento helado le cambió la temperatura al sudor. Un sismo recorrió el cuerpo desde el centro a las extremidades. Respiró profundamente, guardó aire como un atleta y repasó las palabras. Vinieron a su mente diccionarios, novelas, películas, relatos de sus amigos. Pero había que elegir rápidamente. Entonces, como pudo, titubeando, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ho, hola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, casi sin pausa, respondió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Se va a servir algo señor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún sentado, con la mirada en el rostro de la mujer pero con su cara inmóvil, expresó la frase cotidiana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Lo, lo de siem. Lo de siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como una deseada lluvia después de una sequía, un manto de tranquilidad cubrió su cuerpo y el charco de transpiración que lo rodeaba. El sonido de huesos chocando se fue apagando. Sus movimientos corporales se serenaban. La camarera se fue. El miedo también. El hombre quedó sentado, con la espalda apoyada por completo en la silla, con su cabeza puesta en el respaldo, casi cayendo hacia atrás y con los brazos colgando. En esa posición de relax, con el cansancio que provoca el éxtasis, pensó: “La próxima vez, apenas se acerque, le pregunto como se llama”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1307252541768890382?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1307252541768890382/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1307252541768890382' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1307252541768890382'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1307252541768890382'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/09/de-pocas-palabras.html' title='De pocas palabras'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-2307187044450320755</id><published>2008-09-29T15:27:00.002-02:00</published><updated>2009-01-15T16:13:20.080-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Erótico'/><title type='text'>Un tsunami llamado Adrián</title><content type='html'>Era un poco más alto que yo; llevaba el pelo hacia atrás, atado y con una colita, como Steven Seagal. Caminaba con seguridad, con la frente en alto y sus pectorales a punto de hacerle explotar la camisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras se acercaba no dejó de mirarme en ningún momento. Se paró frente a mí. No era su mirada. No eran sus ojos. No era su físico en general, sino su boca en particular lo que me atraía. Me hipnotizaba. Los labios eran como dos pinceladas de acuarela sobre el lienzo de su cara y dibujaban dos cuerpos levemente apoyados entre sí. Conté los dobleces del labio superior, hurgué con la mirada  la zona donde el rojo carmesí se hacía morado, en la entrada de la voz, antes de la blancura de sus dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se dio cuenta de que miraba sus labios y me regaló una sonrisa. Los dientes se mostraban como credenciales de alegría, como pasaporte a la intimidad, al juego de la química, el que diluye azúcar al calor de cuatro labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No recuerdo cómo nos acercamos. Yo aún podía observar sus labios, y los veía venir hacia mi. Sentía su aliento cálido. Vi el rostro retraerse para iniciar una nueva búsqueda. Mis labios se predisponían, eran brazos abiertos a la fraternidad, absorbían su aire y lo devolvían como silenciosos gritos de deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esa búsqueda, en ese juego, por primera vez los labios se rozaron. Fue una descarga eléctrica, que nacía en la boca y viajaba a los pies, rebotaba y como una pelota iba perdiendo altura. El segundo contacto fue igual de efímero, con los cuatro labios empujándose en una pelea de sumo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dentro mío corrían cientos de hormigas que gobernaban mis actos. Giré mi cabeza hacia un costado y encontré, como un pié a su zapato, la horma justa para mi rostro. Abracé con fuerza su labio superior. Mi boca no lo soltaba. Saboreé la dulzura de su piel. Perdí mis células en las aberturas. Recorrí la comisura como si se tratara de la orilla del mar, acostumbrándome antes de zambullirme por completo. Sentí la humedad en mi voz, en mi suspiro, en mi cuerpo. Sentí el movimiento mutuo, no acordado, pero buscado. Conocí otras costas del mismo mar. Recorrí los muelles, me salpiqué con la bruma. Sentí los habitantes del mar recorriendo mi boca. La marea subía. Los océanos se mezclaban. Encontré una hilera de perlas y más allá seguí buceando. De la orilla al Atlantis, de la playa a la islas, la búsqueda era intensa, y ciega, se guiaba solo con sensaciones, gusto, intuición. Respiré el aire de sus pulmones y a cambio le dí latidos del corazón, que en ese momento me sobraban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atándonos con dos moños de regalo, mis manos se unieron en su espalda y las suyas tras mi cabeza. Con nuestros cuerpos anclados pudimos usar los labios para emitir sonidos. Yo no dejaba de observar su boca, que aún húmeda, brillaba con cada movimiento. Entendí claramente que me dijo su nombre. Las palabras se emitían crudas, llenas del viento del mar al atardecer, y en un susurro dijeron, “Me llamo Adrián”. Mis ojos brillaron y casi explotaron de la alegría. Luego nos perdimos en un tsunami que cubrió los continentes de temblores y derritió todo el azúcar del mundo. Mientras, como pude, en los escasos momentos en que la batalla del deseo liberaba nuestros labios, dejé el aliento de mi respuesta cerca de su garganta: “Por eso somos especiales. Tenemos el mismo nombre”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;_&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; text-decoration: none;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-2307187044450320755?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/2307187044450320755/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=2307187044450320755' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2307187044450320755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2307187044450320755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/09/un-tsunami-llamado-adrin.html' title='Un tsunami llamado Adrián'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6773238269892255585</id><published>2008-09-02T10:44:00.006-02:00</published><updated>2009-01-09T20:01:28.194-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Bomba de tiempo detonada en un bar</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Mariela dejó sus lentes de sol sobre la mesa, junto al celular. Claudia la miraba atenta y sonreía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo quiero un jugo de naranja y un tostado —miró fijo a Claudia y continuó—, y para ella lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Trabajaban juntas hacía seis meses, pero recién en la noche anterior tuvieron oportunidad de conocerse íntimamente. Mariela vivía sola y la invitó a ver unas películas; y como Claudia no quería volver a su casa aceptó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudia, en ese momento, en el bar, se sentía rara. Aún tenía en su cuerpo las huellas de los caminos que su compañera le hizo recorrer en busca del placer. Eran sensaciones nuevas para ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de respetar su silencio durante la noche, Mariela preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Clau, ¿por qué no querías volver a tu casa ayer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudia tomó aire, la miró a los ojos sólo un segundo, y luego de suspirar, en voz baja le contó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Desde hace dos años, cuando vine de Mendoza, estoy viviendo en la casa de mis tíos. Ellos son jóvenes, apenas ocho años mayores que yo, por eso siempre nos llevamos muy bien. Por cuestión de horarios comparto más tiempo con él que con ella. Abel llega un poco antes que yo, y ella, como es médica, recién a la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Te estás comiendo a tu tío? —los ojos le brillaban y sonreía con lascivia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Mariela! No me digas así. No es tan divertido como parece. Empezamos de casualidad, conversando sobre cuando éramos chicos; me contó que yo le gustaba. Luego vimos una película que trataba sobre una relación prohibida, y nuestro tema salió. Charlamos mucho, decidimos no hacer nada, pero a la vez no parábamos de mirarnos y no pudimos resistirnos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Entiendo, ¿y tu tía qué onda?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Nunca sospechó, aunque últimamente no deja de observarme o de buscar cruces de miradas. La situación es muy incómoda. Abel insiste en que ellos nunca hablaron sobre el asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Por eso no querías volver?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Y porque mi tía tiene vacaciones esta semana. Están como en una luna de miel, y a mi no me gusta verlos así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—O sea que él no planea dejar a su esposa —la miró fijamente y Claudia giró la cabeza en lo que fue una negación y un lamento—. Te está usando, ¡es un hijo de puta!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Me prometió que más adelante la va a dejar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mozo interrumpió la charla para entregar el pedido. Siguió un cruce de opiniones banales, del tiempo, del lugar y cosas así, hasta que Claudia se quedó con la vista inmóvil y entre dientes dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Es ella, mi tía, viene para acá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hace acá? —y Mariela giró el rostro para encontrar una cara conocida: Silvia. Tragó rápidamente y mientras abría los ojos como globos, fue recordando. Habían estado juntas en la adolescencia, ¡si se habrán rateado del colegio de monjas para divertirse! Vivieron su primera experiencia homosexual juntas. Luego tuvieron una discusión y no se hablaron más. Silvia, con una sonrisa enorme y mucho entusiasmo, llegó a la mesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hola Claudia! ¡Hola Mariela! ¿Como estás? ¡Tanto tiempo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bien, bien, pasaron como diez años, ¿no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sí. No sabés —y dirigiéndose a Claudia—, Mariela y yo hicimos la secundaria juntas, éramos muy amigas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia miró otra vez a cada una, y como un perro que huele carne a lo lejos, se animó, no a insinuar, sino a asegurar lo que había pasado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ya veo Claudia, por qué no viniste a dormir anoche. Mariela, ¡siempre igual vos eh!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claudia se puso colorada y clavó su vista en el hielo del jugo, que se estaba haciendo agua. Luego de unos segundos tensos, interminables, levantó la vista para encontrar una nueva sorpresa. Hacia la mesa se acercaba Abel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Hola Claudia! —y besó su mejilla—. ¡Hola Mariela!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hola Abel —respondió tímidamente Mariela, y sin querer buscó el rostro de las otras dos mujeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia, mientras fruncía el seño y hacía desaparecer su sonrisa, escupió, instantáneamente, una flecha de duda, llena de celos venenosos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿De dónde se conocen ustedes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Hicimos la secundaria juntos —se excusó demasiado rápido Abel, ignorando que su mentira, más que un salvavidas era un ancla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El clima estaba feo, todos habían respirado el mismo aire y ahora eran un grupo de imanes y metales, que se atraían y rechazaban mutuamente. El silencio era, en ese momento, la peor de las opciones. Abel miró a Silvia a los ojos y apostó por dejar caer algunas palabras felices.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amor, ¿ya les contaste?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No mi vida, contáles vos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Recién venimos del médico. ¡Vamos a tener un bebé!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia miró a Mariela. Mariela miró a Claudia. Claudia no miró nada: quería desaparecer, estar en otro lado donde pudiera gritar o llorar y no morderse los labios escondiendo la cara, como hacía en ese momento. Abel sentía que la soga que lo ataba a Claudia en la actualidad, y que alguna vez lo enlazó a Mariela, se rompería pronto si seguían con ese juego de silencios, y preguntó, buscando una aceptación como cierre de la conversación:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿No es buenísimo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie respondió. Silvia tomó del brazo a Abel, y arrastrándolo propuso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Amor, sentémonos con ellos y les contamos bien nuestros planes para el bebé, ¿si?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silvia relató con detalle planes reales e inventados, para cachetear con ellos a Mariela, sin saber que en realidad estaba inflamando de dolor las mejillas de Claudia, quién, abstraída, observaba sin acotar nada. Abel solo miraba los labios de Silvia, y asentía todo. Menos Silvia, todos rogaban por un llamado en el celular que corte el calor que dos jarras llenas de hielo no podían controlar. Cuando el silencio volvió a dominar el ambiente, Abel intentó levantarse, pero Silvia quería seguir conversando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Abel, ¿por qué no nos contás alguna anécdota del secundario con Mariela?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo también quiero saber lo mismo —habló por primera vez Claudia, ante la extraña sonrisa de Silvia. Y, como ella siempre quiere ser la última en agregar algo, Silvia apuntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ah! ¡Si! Claudia y Mariela tienen algo —intencionalmente dejó pasar unos segundos—. Tienen algo que contarnos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6773238269892255585?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6773238269892255585/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6773238269892255585' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6773238269892255585'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6773238269892255585'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/09/bomba-de-tiempo-detonada-en-un-bar.html' title='Bomba de tiempo detonada en un bar'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-4400799327146438448</id><published>2008-09-02T10:44:00.005-02:00</published><updated>2009-01-09T20:01:28.195-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Pura</title><content type='html'>Mientras intentaba olvidar a Pura, mi gran amor, trabajaba de mozo en un restaurante. En esa época conocí a Ludmila en un boliche; pasamos la noche juntos y me olvidé de ella al día siguiente. Sin embargo Ludmila comenzó a reclamarme una relación formal. Me visitaba en el restaurante, me llamaba a casa. Nos volvimos a ver y pensaba decirle que no debíamos seguir, pero su entusiasmo, su rostro inocente, su cariño y su gran compañerismo me lo impidieron. Continuamos así durante un mes hasta que me invitó a su casa. En realidad se trataba de una enorme mansión. Era domingo a la mañana y me encontré con la sorpresa: la familia estaba organizando un almuerzo ¡para recibir al novio de Ludmila! Quería escapar de allí; me sentía engañado por “mi novia”, que me miraba con picardía, esperando que su sorpresa me llenara de alegría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontré en su padre a una persona encantadora, conversador y divertido; nos llevamos bien desde el primer apretón de manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras volvía a mi casa sentí una enorme confusión. Yo no quería ser el novio de Ludmila, pero había pasado un buen día con su familia. Aunque, sabiendo que ella era una chica rica, y yo sólo un mozo, seguramente no llegaríamos a buen puerto juntos. Además yo no lograba olvidar a Pura, quién me había dejado hacía ya tres meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero Ludmila me sorprendió nuevamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Mi papá quedó encantado con vos. Me dijo que eras buena persona, entretenido y responsable. Pero...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Pero qué? —consulté apurado, un poco preocupado por la objeción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—…dijo que deberías tener un mejor trabajo —y si, lo suponía, el novio de la nena debe ser profesional o empresario—, así que está dispuesto a nombrarte gerente de una de las sucursales de su empresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué? ¡Pero yo no podría...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente acepté: enseguida estuve a cargo de la sucursal más rentable y claro, me comprometí con Ludmila. Comencé a disfrutar de tiempo libre y dinero, además de recibir, obligado pero gustoso, un nuevo proyecto de vida. Por eso me preocupé mucho cuando, en una entrevista con inversores extranjeros, encontré que la intérprete era Pura. Estaba más bonita que nunca, y mantuvimos un diálogo entre líneas. Cada vez que yo decía algo a los coreanos agregaba un mensaje para ella, y luego con la respuesta de los orientales, y de sus labios, obtenía contestación. Terminamos el juego junto con la reunión, pero quedamos en vernos horas más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pura y yo teníamos una química increíble. Esa atracción que se lleva en la sangre, se siente en la piel y que explota al primer contacto. Luego de actualizarnos sobre nuestras nuevas vidas, y reírnos de los vaivenes del destino, inundamos de pasión la habitación de su casa y de gritos el edificio, según se quejó luego su vecina, una adorable viejita. Pura y yo seguimos viéndonos dos y hasta tres veces por semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con Ludmila continuábamos divirtiéndonos cuando la pasábamos con su familia, aunque a solas no hacía más que presionarme con el casamiento y la cantidad de hijos que tendríamos. Sin embargo la relación era estable y en realidad así debía ser, ya que de otra manera perdería el empleo y el excelente nivel de vida que llevaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La naturaleza de mis actividades me permitía esconder con facilidad en la agenda laboral los encuentros con Pura. Además, ella no me llamaba al celular, así que no tenía problemas. Pero luego del quinto mes las cosas se complicaron. Pura me exigía más tiempo y con la excusa de un viaje de negocios pasamos un fin de semana juntos y me dio la noticia: estaba embarazada. Ni siquiera pude sugerir la posibilidad de un aborto. Al contrario, le prometí que hablaría con Ludmila, renunciaría al trabajo y nos iríamos juntos a otra ciudad. Pero ni yo me lo creí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo, como un aguijón clavado en la piel, iba inflamando la situación. El veneno estaba sembrado y el fruto venía en camino. Reduje la frecuencia de mis encuentros con Pura, y entonces su cordialidad se terminó. Comenzó a llamarme al celular a cualquier hora y a amenazarme diciendo que contaría ella misma a Ludmila y su familia lo que había pasado. Las excusas de mucho trabajo, viajes y problemas de salud solo lograban estirar una soga que, tarde o temprano, se rompería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me enteré de la triste noticia, ¡por suerte!, de boca de Ludmila, que leía el diario mientras desayunábamos: durante la noche anterior hubo un robo y asesinato de dos personas. "Qué insegura está la ciudad" coincidimos con mi mujer, y nos sugerimos tener cuidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue al día siguiente que me visitó la policía. Me contaron que el delincuente entró a la casa de una mujer mayor, robó varios objetos de valor, luego la mató, y también mató a su joven vecina, cuando ella llegaba a su casa. Fingí no entender en qué se relacionaba conmigo ese hecho terrible mientras movía las manos inquieto, transpirando igual que en aquella noche. Y la respuesta del oficial cayó como un balde de agua: Pura llevaba un diario íntimo y allí dejó registrada nuestra relación, su embarazo, sus presiones y mis negativas. Había un móvil y había un sospechoso, dijeron los oficiales, pero no había pistas. Prometieron guardar silencio sobre la delicada situación de desliz romántico dado mi próximo casamiento, excepto que aparezcan pistas me impliquen más en la causa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego llegó el casamiento. Fue una fiesta fabulosa. Y fue allí donde, junto al comisario, que vino sin ser invitado, definimos las características de mi colaboración filantrópica a la comunidad: el instituto Policías Unidos de la República Argentina, “P.U.R.A.”, institución a la que aportaría capital todos los meses y que se dedicaría a perfeccionar los métodos de investigación de crímenes y capacitar a la fuerza policial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más tranquilo, un año después, con enorme felicidad, tuve mi primer hijo con Ludmila.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-4400799327146438448?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/4400799327146438448/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=4400799327146438448' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4400799327146438448'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4400799327146438448'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/09/pura.html' title='Pura'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7569771431605724514</id><published>2008-09-02T10:27:00.005-02:00</published><updated>2009-01-09T20:01:28.195-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>A una cuadra de rob-arte</title><content type='html'>Después que Juan tomara una pastilla de reynol y Marcos terminara de un sólo trago la petaca de whisky, tuvieron la valentía suficiente para su primer atraco. El Pelado les vendió el dato de un banco interno, ubicado dentro del edificio de una empresa, con poca gente y que no se veía desde la calle. Tenían que ir al otro barrio, el de tango, y entrar en el 850 de la calle Castro Barros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron al lugar caminando. En la recepción no había nadie, sólo una gran puerta de blindex oscuro invitándolos a entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se hace la hora, empecemos de una vez  —apuró Juan, el más experimentado, al ver que Marcos vacilaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomaron las pistolas del bolsillo de sus sacos y empujaron la puerta. Permanecieron quietos, extrañados. Maldijeron al Pelado en silencio mientras descubrían que todo era oscuridad y que azarosamente se iluminaban partes de las paredes y el techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Ésto no es un banco!  —exclamó asombrado y un poco temeroso el pequeño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes que Juan respondiera a la obviedad de su cómplice, se escuchó un chillido agudo, insoportable y ensordecedor, que los hizo correr en direcciones opuestas, perdiéndose en la enorme sala y sus pasillos. Finalmente se encontraron en un codo del laberinto, ambos listos para disparar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El chillido no se había apagado y se comenzaba a oír ruidos de golpes metálicos y sonidos de cadenas arrastrándose. Así fue que vieron varios cuerpos desplazándose o siendo arrastrados por sogas de acero. Los cuerpos estaban formados por frutas en descomposición, y el hedor les llegaba. Por las dudas se fueron a una sala contigua, y presenciaron otro espectáculo: un hombre disparaba hacia un reloj, que al recibir el impacto se derretía como un helado mientras uno nuevo aparecía en su lugar. La escena se repetía cíclicamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y si disparamos nosotros?  —propuso Marcos, con humor desubicado, y no obtuvo respuesta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fueron por otro pasillo. Y así, iban y venían de una sala a otra, buscando la salida a esa locura y echándose en cara mutuamente el efecto que las pastillas y el alcohol les estaba provocando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ningún sonido se apagaba. Aún oían, al mismo tiempo e igual de fuerte y nítido que al descubrirlos, las cadenas, los golpes, los disparos y de fondo el molesto chillido. Era desesperante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SL0yUnNboFI/AAAAAAAAAN4/RGg9jVNQS7w/s1600-h/caSTROBARROS850.PNG"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://1.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SL0yUnNboFI/AAAAAAAAAN4/RGg9jVNQS7w/s200/caSTROBARROS850.PNG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5241400871033217106" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;Finalmente encontraron en una pared las líneas de luz que dibujaban el rectángulo de la salida. Casi corriendo llegaron a la calle. La claridad quemaba sus ojos, la confusión aún resonaba en su cabezas, el trafico era apenas un murmullo y así ambos miraron el frente del edificio y repararon en un cartel revelador: "Viví la experiencia de los sueños. Del ominoso surrealismo al moderno Pop Art" y abajo, en letras chicas, "Castro 850".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se quedó mirando el texto embelesado, pero era un simple cartel. Luego, con bronca, gritó, ¿A quién carajo se le ocurre ubicar dos calles casi con el mismo nombre, en el mismo barrio, paralelas y a una cuadra de distancia?&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7569771431605724514?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7569771431605724514/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7569771431605724514' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7569771431605724514'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7569771431605724514'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/09/una-cuadra-de-rob-arte.html' title='A una cuadra de rob-arte'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SL0yUnNboFI/AAAAAAAAAN4/RGg9jVNQS7w/s72-c/caSTROBARROS850.PNG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6842728175468022960</id><published>2008-09-02T10:22:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T20:03:43.673-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>A la cabeza</title><content type='html'>Realmente no le deseo a nadie estar en un lugar así. Por eso cuando traen a alguien más se mezcla la sensación de tristeza y dolor solidario, con un soplo de alegría al recibir un poco de efímera compañía. Me llamó la atención que el nuevo huésped haya llegado a la mañana ya que habitualmente los traen de noche. Dos soldados lo acompañaron a esta celda multitudinaria. El hombre se acercó a mí, supongo, por encontrar similitud en nuestra edad: ambos pasábamos los cincuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo ayudé a acomodarse y consulté, en voz baja, lo mismo que pregunto a todos cuando llegan: ¿Por qué te trajeron acá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No lo sé —me dijo, también en voz baja—. Yo era apenas un quinielero. Me sentaba todos los días en la misma mesa y esperaba que vengan a apostar por los números a la cabeza, o que llenaran una boletita con cinco números para buscar suerte entre los veinte de la lotería. Nunca imaginé que mi vida cambiaría así a partir de esa noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenía en su cara el miedo de lo desconocido. Seguramente aún no vivió nada de aquello a lo que nosotros estamos acostumbrados, porque su mirada carecía de dolor. Que los milicos solo lo hayan acompañado, sin ningún signo de violencia, hablaba de un preso por error o por algún delito común, pero no político. Levantando mi ceja lo incentivé a que siga contando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Era una noche como todas, antes de navidad. Ya había entregado los números al quinielero y volví al bar de Callao y Lavalle, donde paraba siempre, para cenar y esperar que la radio cante la suerte. Ya estaba cerrado, pero el Gaita me atendía igual, de años que yo era su cliente. Me entretuve viendo pasar los colectivos, no era más que eso lo que ofrecía la avenida. Luego me llamó la atención una camioneta, circulando marcha atrás desde Tucumán y que se detuvo casi llegando a Lavalle, frente a mi ventana y mi mesa, al otro lado de la avenida. Además del chofer había cuatro personas que se bajaron rápidamente. Uno se quedó en la esquina, mirando hacia las cuatro direcciones. Los otros blanquearon la pared muy rápido, con un rodillo, desprolijos, tomando pintura o algo así de un tacho enorme. De esos, uno se separó y con un pincel fue dibujando bordes huecos de letras. El motor de la camioneta seguía encendido. No pude entender lo que escribían porque ya era de noche y ese paredón del colegio tiene poca luz. Después de unos minutos empezaron a llenar de pintura los moldes de letras. "¿QUE PASO CON" llegué a leer. Luego me di cuenta cuando pintaron de rojo la clásica hoz y el martillo que eran terroristas, subversivos, escondidos ahí en la oscuridad, parapetados y listos para escapar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Noté cierto gesto de desagrado en su rostro al mencionar algunas palabras. Parece que sentía más simpatía por las botas que por los martillos, por el verde que por el rojo. Respiró pausado, se acomodó mejor, y continuó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Seguían pintando todo de rojo y me sentí cómplice. Al día siguiente, sabiendo que siempre estoy aquí a la noche, me llenarían de preguntas. Así que, aunque el Gaita me dijo que no me metiera, salí del boliche y enfilé derechito por Lavalle a contar lo que pasaba y me quité un peso de encima. Volví y cuando entraba al bar el de la esquina me miró. Me miró con curiosidad y desconfianza. Ya cuando me senté a la mesa estaban subiendo a la camioneta y justo el Falcon doblaba en la esquina. Se escuchó el ruido de los motores pisteando y unos disparos lejanos, tapados por el colectivo 60, que seguía pasando como si nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SL0wey4g3FI/AAAAAAAAANo/BTViOh3tdfo/s1600-h/1imagen1000palabras3.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SL0wey4g3FI/AAAAAAAAANo/BTViOh3tdfo/s320/1imagen1000palabras3.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5241398846942141522" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;—¿Y qué pasó con la pintada al final? —en realidad quería saber de los compañeros de la camioneta, pero me parece que no estaba indagando a la persona adecuada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No terminaron de pintar la última frase. Me quedé mirando pero se me venía la cara del esquinero, el que hacía de campana. Hasta que me acordé: era el hijo mayor de Don Miguel, el fletero. Ahí nomás volví a la comisaría. Algo tenían que hacer. Le expliqué la situación al comisario, que me conocía bien, porque me cobraba mes a mes el permiso para laburar. El me tranquilizó. Prometió ayudarme y así fue. Me acomodó como director de "Quiniela nacional" con una nueva identidad. Pero cuando me negué a arreglar el resultado del gordo de reyes me trajeron acá. "Desagradecido, sos igual que ellos" me dijo un militar, pero debe ser un error, supongo. Y vos, ¿por qué estás acá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo también, como vos, me ganaba la vida con una lapicera y un papel. Aunque antes tuve otros trabajos, hice de todo. Pero supongo que estoy aquí por escribir sobre las miserias humanas. Sobre el mal que el hombre puede causar a sus pares. Cómo, por salvar el propio pellejo, se puede ensuciar de sangre más que una vida. Vos debes saber de eso, lo viviste de cerca, ¿verdad?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Bueno, sí, no me esperaba terminar así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Terminar? Bueno, aquí no se sabe cuando uno termina. Pero no perdamos más tiempo. Tengo cuatro amigos, que están aquí hace unas semanas, y que estarán gustosos de conocerte. Tenemos que apoyarnos entre todos, como vos lo hiciste en su momento, ¿no?&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6842728175468022960?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6842728175468022960/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6842728175468022960' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6842728175468022960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6842728175468022960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/09/la-cabeza.html' title='A la cabeza'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SL0wey4g3FI/AAAAAAAAANo/BTViOh3tdfo/s72-c/1imagen1000palabras3.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-577870780978664839</id><published>2008-08-12T12:22:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:03:43.674-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Se acabaron los cobardes</title><content type='html'>Como todas las tardes, estaba con los gomías en el bar. El gaita nos sirvió vino y hablamos de lo de siempre. Yo no me apiolé que Ramón, el lungo, estaba en otra mesa. Por eso entré a ventilar de la Matilde a calzón quitao. Y bué, me fui de jeta. Dije que él era un gallo de riña y ella ponedora de críos, que ya tienen como nueve gurises, y solo un par son suyos. Que a él ni le importa porque anda en el guapeo político. Ahí todos callaron. Y como una sombra apareció atrás mío el Ramón, con los brazos cruzados y espiándome fijo desde arriba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Ah si que só compadrito vó? De la bruja sólo hablo yo, de los gurises también. Tomá un trago más y vení al campito que lo arreglamo bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Un trago? ¡me bajé todo el vaso de un sorbo! Me metí en camisa de once varas por bocón. Mi único berretín era no parecer cagón ante los demás, pero por dentro se me revolvía todo. El último al que vi fue el gaita, decía que no con su cabeza y su boina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras caminaba tras el que tenía fama de haberse diligenciado varios matones, mi mano toda transpirada iba tomando el cuchillo. Ramón ni se daba vuelta a mirarme. Pensé en atacarlo ahí mismo y cuando las piernas me temblaron me di cuenta que estaba chiflado si me la cría tan fácil. Pero algo tenía que hacer. ¡Quería ser yo quien vuelva al bar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y así lo hice. Más tarde, cuando la noche se hizo fría, volví al boliche. Me recibieron como si nada y esperaban que entre el lungo. Pero cuando confirmaron que venía "solo" me palmearon, me invitaron tragos y se sentaron en rededor mío, todos lujos a los que sólo los guapos están acostumbrados. No podían creer que el Ramón estaba muerto. “Quedó pa juntar moscas en el campito”, les dije, orgulloso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no pude mantener el chamullo por mucho tiempo. Para seguir siendo honesto tuve que contar la verdá de la milanesa: yendo para la plaza, al pasar por la garita donde siempre se escuchan las comunicaciones, le hice seña al yuta, que se la tenía jurada al lungo. “Si le ofrezco un trato me salvo” pensé, y le hice un gesto que entendió, porque se vino atrás mío, medio escondido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el campito, Ramón, cansado ya de caminar, paró y sacó el cuchillo. Así que manotié el mío y lo levanté. Estábamos enfrentados con el filo brillando en alto cuando el Ramón empezó a bajarlo. Puso cara de julepe y ahí se escuchó como un trueno. Yo no sabía si me habían matado a mí o a los dos, pero el lungo cayó al piso; yo guardé mi cuchillo y el yuta quedó echando humo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue terminar de contarlo y me dejaron solo. Ahora tengo frío y ni siquiera un vaso de soda en la mesa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-577870780978664839?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/577870780978664839/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=577870780978664839' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/577870780978664839'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/577870780978664839'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/08/se-acabaron-los-cobardes.html' title='Se acabaron los cobardes'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7701793360907775193</id><published>2008-08-12T12:15:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:03:51.713-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>¿Quién haría una cosa así?</title><content type='html'>El lugar parecía una casa como cualquier otra. Me recibió una mujer vestida de enfermera. Esperé hasta que me avisó, estirando su brazo y apuntando con el dedo índice al final del pasillo, que el "Pai" estaba listo para recibirme. El aire se hacía cada vez más espeso, el olor a incienso era muy fuerte y cuando llegué al final del corredor me encontré con el brujo, sentado tras una mesa y casi oculto entre tinieblas de humo de diversos colores. Me invitó a sentarme con un gesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quise contarle mis problemas pero me pidió que sólo mirara el oráculo. Era una bola traslúcida girando en una fuente de agua ubicada en el centro de la mesa. Ahí se reflejaban las luces de colores. Él también miraba con mucha atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre una música llena de tambores y gritos en un idioma desconocido para mí, y con gran asombro, escuché su relato de mi vida. Nunca despegó la mirada del cristal y, con voz suave y siempre en el mismo tono, me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Tienes dos hijos. Estás separada hace doce años. Siempre has tenido discusiones con tu ex marido, Rogelio. Además te sientes mal contigo misma por los cambios propios de la edad. Aún no te repones de la muerte de tu padre. Tu familia no te acompaña; te sientes sola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía creer el nivel de certeza de sus palabras. Los hechos, las fechas, las sensaciones y sentimientos. Había acertado en todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Sin embargo, estás aquí por problemas económicos. Tienes un comercio minorista y no está yéndote bien. Aunque invertiste dinero en mejorarlo, los ingresos no acompañan. Y creo que ése es el problema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Cuál es el problema? —consulté, un poco confundida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Alguien hizo un trabajo para trabar tu progreso. Y lo hizo sobre la herencia de tu padre, la misma que estás usando poco a poco; para el negocio, para tu casa, para los gastos cotidianos. Esa plata está maldita. No deberías seguir usándola. Nada bueno puede salir de ahí. El trabajo está hecho sobre los billetes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Quién haría una cosa así? —increpé con bronca, buscando saciar mi curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Cuando tengamos los billetes lo sabremos. Hay que hacer dos trabajos para revertir el maleficio; uno para limpiar el dinero que pusiste en circulación, o que ya usaste para comprar cosas, y otro trabajo para quitar la mala onda de los billetes que aún tienes. Habría que empezar por este último para evitar que siguas expandiendo la mala energía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Qué hay que hacer entonces? —estaba dispuesta a hacer lo que sea total que mi vida vuelva a su cauce.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Rápidamente hay que traer el dinero, pasto del patio de tu casa, velas de diez centímetros blancas y verdes, papel manteca, dos rosarios y una infusión con ruda, menta, hojas de paraíso y un limón cortado al medio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Muy bien. Mañana estaré aquí con todo. ¿Cuánto le debo por la consulta?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Prefiero que no me pague ahora. Ese dinero está maldito. Por favor, págueme después que hagamos la limpieza. Luego veremos como bendecir la casa y el negocio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel gesto cerró toda posibilidad de dudas. Si fuera un simple comerciante se aseguraría al menos el valor de la sesión. Esa misma tarde visité herboristería y santería para armar mi arsenal de lucha contra el gualicho de alguien. Ya averiguaría de quien se trataba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, con mucho temor por andar con todo mi dinero en la calle, fui a ver al brujo. Me hizo servir parte del té en un vaso pequeño, agregó un polvo que extrajo de un mortero, dijo unas palabras extrañas y me pidió que lo tomara a sorbos. Dibujó un óvalo de sal en el piso, detrás del escritorio, donde antes estaba su silla. En el centro colocó el papel manteca, sobre él acomodó los billetes y luego encendió las velas. El ritual del brujo incluía una rara danza, muchas palabras y rezos, con uno de los rosarios. El otro rosario estaba enrollado entre mis manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando terminó sus oraciones pidió algo que me sorprendió: que vaya al baño y moje cada parte de mi cuerpo con el resto del té que había preparado. Seguí sus indicaciones, que incluían secarme con un paño de seda apoyándolo en la piel, sin frotar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al volver lo encontré sentado, con las piernas cruzadas, detrás del papel manteca y el dinero. Cuando se consumió la primera vela comenzó a envolver el dinero con el papel manteca, como si fuera un fiambre de almacén. Luego usó el rosario para atarlo y dejó caer las últimas gotas de té del vaso sobre el envoltorio. Me pidió que no abra el paquete hasta que la luna vuelva a su fase nueva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y quién hizo el trabajo al final? ¿Fue mi ex marido?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Se ve la mano de una mujer, de pelo oscuro, no tengo más datos. El oráculo jamás revela un nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo algunas cosas cambiaron a partir de ese momento. Mi ex marido trajo el dinero de la manutención del mes actual, y se puso al día con los meses anteriores. Empezó a compartir más tiempo con nuestros hijos y se hizo cargo de los gastos de educación. Por ese lado obtuve tranquilidad. Pero el resto de los problemas seguían igual. ¿Habría que esperar a la limpieza de la casa y el negocio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se fue la luna menguante fui impaciente a deshacerme del papel y a guardar el dinero nuevamente, dejando separado lo necesario para el mes. El rosario dejó su marca en el papel quedando grabado como un sudario. Cuando quise separar el dinero comprobé el precio que pagué por crédula: solo los primeros billetes eran tales, el resto era papel de diario cortado en el mismo tamaño. Entonces recordé una de las discusiones más comunes con Rogelio; el decía que el dinero de mi padre era de ambos, y que así sería a la larga, nos separáramos o no. Y entendí porque el pai, que no veía nombres en el oráculo, conocía el nombre de mi ex marido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7701793360907775193?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7701793360907775193/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7701793360907775193' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7701793360907775193'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7701793360907775193'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/08/quin-hara-una-cosa-as.html' title='¿Quién haría una cosa así?'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-148718748681592561</id><published>2008-08-12T12:14:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T19:59:23.118-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Realismo mágico'/><title type='text'>Ser o no ser</title><content type='html'>El tren llegó a la estación al atardecer. Al pisar el andén el viento frío abofeteó mi rostro. Seguí la multitud hasta encontrar la salida. Tomé del bolsillo la nota con la dirección y consulté a un portero. Debía caminar quince cuadras para llegar a la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando decidí tomarme unos días de descanso y elegí este pueblo alejado, tranquilo y casi sin turismo, buscaba un alojamiento económico. Pero en este lugar no hay hotelería. Así que conseguí hospedaje en un "bed and breadkfast" a un precio muy económico. Si bien no me entusiasmaba la idea de compartir la casa con alguien más, no tenía opciones, y serían sólo cuatro días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cobijado en mi campera y con la mochila a cuestas recorrí cada una de las cuadras viendo como se apagaba el color de las casas a medida que el sol se escondía tras las montañas. Todos los frentes mostraban jardines y generalmente contaban con fachadas cuidadas. En todas había duendes de jardín o ángeles. Pero la casa de mi hospedaje era diferente. El jardín estaba descuidado, no había esfinges, las paredes tenían la pintura descascarada y se adivinaban fisuras en varios lugares. Solo esperaba que el interior no fuera reflejo de la vista externa. Golpeé la puerta dos veces con mis nudillos helados y, antes de bajar la mano, la puerta estaba chirriando y abriéndose lentamente. Una mujer mayor, de pelo blanco recogido y ropas oscuras, me miraba fijamente sin decir nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Yo soy Marcelo, reservé unos días para quedarme aquí.&lt;br /&gt;—Ah si, Alberto, por favor, adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya tendré tiempo para aclarar mi nombre, quizá por su edad no escuche claramente, pensé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa se veía amplia y confortable. La sala de estar albergaba un hogar a leña rodeado de sillones de estilo entre los que descansaba un perro. A un costado, la escalera llevaba al primer piso donde estaban las habitaciones. Había en el aire un aroma extraño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Éste será su cuarto, como siempre. Acondiciónelo para una larga estadía —encendí la luz y mi cara de asombro por la extrañez de sus palabras se hizo visible—. Seguramente le gustará tomar té antes de dormir, no va a salir con este frío, ¿no Alberto?&lt;br /&gt;—¡Me llamo Marcelo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuarto estaba descuidado. Un manto de polvo cubría la cama y los muebles. Acomodé mis cosas en un modesto placard que rechinaba al abrir sus puertas. A pesar que mis pies sentían frío abrí las ventanas para que ingrese aire fresco, ya que el encierro había convertido en denso y húmedo cada rincón. El té caliente sería una buena idea para ahuyentar el frío corporal mientras la habitación se ventilaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mis pasos en la escalera cortaban el silencio sepulcral que sólo era interrumpido por los leños quemándose. Me senté en uno de los sillones con dudas sobre el perro, que por su tamaño asustaba, pero ni notó mi presencia. Enseguida la mujer bajó sosteniendo una bandeja con porcelana fina y los tés ya servidos, que apoyó en la mesita ratona de roble, sentándose en el sillón frente a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Azúcar Alberto?&lt;br /&gt;—Dos, por favor. ¿No tiene muchos huéspedes habitualmente, no?&lt;br /&gt;—Este es un lugar para quedarse, y no cualquiera cumple los requisitos. Además, me gusta esperar a los voluntarios con las comodidades correspondientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Evidentemente me estaba confundiendo con otra persona. Sólo me preocupaba que su falta de cordura no afectara el precio del hospedaje; al fin y al cabo no pensaba estar en la casa más que para dormir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Entonces, ¿la tarifa es de 20 dólares la noche, con desayuno?&lt;br /&gt;—Si, con desayuno, almuerzo, merienda y cena incluida. Y por supuesto, con todos los rituales de siempre también —guiñó un ojo y esbozó una sonrisa cómplice que no devolví.&lt;br /&gt;—Señora, voy a descansar. Viajé mucho y estoy cansado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me fui caminando despacio, algo intrigado, y giré la cabeza para encontrar que me miraba fijo. Me saludó agitando la mano y dijo algo como "ya empezamos entonces".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creí que me costaría conciliar el sueño pues la habitación era fría, pero en un momento devino la pesadez, los ojos se hicieron montañas que se desvanecieron rápidamente como un alud y quedé dormido. Me desperté con los últimos rayos del sol colándose por la ventana, con la noche llegando nuevamente. Mi vista estaba nublada y sentía un fuerte dolor de cabeza. ¿Cómo es que anochecía nuevamente? ¿Cuánto dormí? ¡Ese té que tomé!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ya todo era oscuridad, con gran esfuerzo y tanteando me levanté. Caminé hacia la pared y encendí la luz. Entonces abrí completamente mis ojos. No por el golpe lumínico, sino por lo que la lámpara descubrió: alrededor de mi cama había un círculo de sal y esparcidos por la habitación, restos de velas ya consumidas. La sal estaba desparramada en partes, quizá por mis pisadas o por las de otra persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Corriendo bajé las escaleras, saltando escalones y generando un ruido ahogado y seco por el corto contacto de mis pies con la madera. La puerta de salida estaba cerrada con llave. Volví al living y me acerqué al perro. Lo empujé con el pié y no reaccionó. Me agaché, acaricié su lomo a contrapelo y sólo obtuve más del raro olor ambiente, que ahora comprendía: era formol, ¡el perro estaba embalsamado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Veo que ya recuerdas a nuestro Bobby. Es un avance, Alberto.&lt;br /&gt;—¡Yo no soy...! —y me quedé sin fuerzas para terminar la frase. Todo se oscureció y sentí mi cuerpo tambaleando unos segundos. Luego, como si aterrizara, fui estabilizándome otra vez.&lt;br /&gt;—¡Alberto! —la voz era suave, mostraba sorpresa y algo de emoción. Abrí los ojos y la vi: el pelo recogido como siempre, delgada, con el vestido azul que siempre guardé en mi memoria.&lt;br /&gt;—¡Caty! ¡Cuánto deseaba verte! —dije, y en sólo tres pasos estuve frente a ella. La abracé con la fuerza de la juventud y ella me respondió con el beso de siempre, el que nos une cada vez que un voluntario duerme veinte horas entre sales y luces, en lo más crudo del invierno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-148718748681592561?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/148718748681592561/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=148718748681592561' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/148718748681592561'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/148718748681592561'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/08/ser-o-no-ser.html' title='Ser o no ser'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-3724438065482232640</id><published>2008-08-12T12:05:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:06:41.180-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>Alma mía</title><content type='html'>&lt;![endif]--&gt;Empezó como un juego, cuando era chica. Si alguien se burlaba de mi le deseaba cosas feas; todos los niños lo hacen. Pero yo me quedaba con esa idea rondando en la cabeza y a la noche no hacía otra cosa que pensar y pensar en ello, desearlo con fuerza y pedirle al supremo que lo haga. Hasta que un pedido fue oído, y una de mis compañeras -que me hostigaba verbalmente- quedó afónica durante una semana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablé del tema con mi abuela, quien me aconsejó ser cuidadosa, usar los “poderes” lo menos posible, sólo hacer el bien y no dejarme “tentar”. Lo que más me tranquilizó -porque este descubrimiento me llenó tanto de entusiasmo como de miedo- fue que se ofreció a ser mi guía, admitiendo que ella también tenía “capacidades especiales”. Pero no sucedió, falleció al mes siguiente dejándome sola, ya que mi madre murió cuando yo tenía cuatro años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté olvidar el tema pero no podía. Además, empezó a funcionar de forma inconsciente. Como en la famosa frase “ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad” debía revisar mucho cada pensamiento o deseo. Pero en la adolescencia no pude controlarme más. Logré popularidad entre mis compañeras, y pude salir con los chicos más lindos del colegio. Claro que esto a su vez trajo problemas, muchas chicas me envidiaban y empezaban a hablar a mis espaldas. Y yo no podía evitar castigarlas en mi pensamiento, que luego se transformaba en escarmiento real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo funcionaba perfecto hasta que comencé a salir con Santiago y su ex novia, Dalila, se enojó. Y a partir de ahí no pude seguir con mis poderes. Además empecé a tener problemas de salud y malestar anímico, y la gente empezó a alejarse de mí. En menos de un mes mi vida se había hundido en la soledad y la depresión. Y Santiago volvió con ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces empecé a investigar la hechicería. No pude recuperar mis capacidades originales, aunque conseguí herramientas más poderosas. Pero claro, para obtener más poder no podía trabajar yo sola. Así fue que, amparada en la oscuridad de la noche, dentro de un círculo de sal y velas rojas, comencé a pedir ayuda a diferentes entidades. Conseguí mejores resultados, pero cada vez el esfuerzo era mayor y debía favores a más y más entidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en la facultad recuperé a Santiago y nos enamoramos. Estuvimos más de un año juntos y con gran entusiasmo decidimos irnos a vivir juntos. Diariamente buscábamos un lugar para construir nuestro nidito de amor. Hasta que se enteró Dalila y la situación se complicó nuevamente. Esa vez sus métodos fueron diferentes; buscó pleito conmigo todo el día, a la salida me provocó y terminamos discutiendo fuerte. Luego me tomó del pelo y al mismo tiempo me empujó al piso. Desde el suelo la vi con un mechón de mi cabellera en sus manos y esa sonrisa igual de irónica como de falsa, que dibujaba automáticamente cuando hacía una maldad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche en casa, llena de furia y con miedo por lo que Dalila fuera a hacer, invoqué a los espíritus. Y no tuve respuesta. Lo intenté varias veces sin resultados. Angustiada decidí pasar al siguiente nivel, contactar entidades más elevadas, algo que era peligroso, pero también mi única opción. Quién me respondió no quiso revelar su nombre y me llenó de preguntas, como quién era yo, por qué hacía invocaciones, a quienes había pedido ayuda y, con voz más grave, firme y amenazadora, consultó si había devuelto favores a cada una de las entidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo rara vez mantenía un diálogo así con una entidad. Normalmente pedía fuerzas, colaboración para determinadas tareas, pero nunca una entidad me habló del “precio” de esa ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz oscura me dijo que el precio era “trece”. ¿Trece qué? le pregunté. Y la respuesta me dejó helada:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Trece almas; la tuya y doce más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras en mi mente retumbaban esas palabras, recordé que había leído -aunque no en profundidad porque no era mi intención llegar a esos límites- que entregar el alma a una entidad implicaba perder la voluntad de acción. A partir de ese momento todo sería gobernado por alguien en el más allá. Y que con el tiempo, y reclutando almas de otras personas, se recuperaba la voluntad y se conservaban los poderes. La forma más común de conseguir almas era con la uija o el juego de la copa, estando la entidad presente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Tienes que decidir ahora! —me gritó soplando con el viento. Yo no sabía qué hacer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era difícil negarse porque no se puede cerrar una puerta abierta hacia los espíritus. Con esto ellos presionan muchísimo, nos empujan y encierran en una única decisión. ¡Pero yo quería seguir siendo yo! ¡Quería ser dueña de mi vida! Ahora, recién ahora entiendo cuanta razón tenía mi abuela con su advertencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Espero que aceptes y no seas ingenua, como tu madre —su aliento quemaba mis pocos recuerdos infantiles. ¿Acaso mi madre pasó por la misma situación? ¿Será por eso que murió tan joven?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo que tomar la decisión más importante de mi vida: aceptar la ayuda del ser superior y conseguir doce almas más, o resignarme a vivir atormentada por él y por Dalila u otras personas que noten mi debilidad. Mientras pienso, en el espejo veo, cada vez que la velas que cortan la oscuridad de mi cuarto se reencienden, un rostro diferente. Primero a mi madre, luego mi abuela, después a Santiago ¡y hasta a Dalila! Y lo único que puedo decir en voz alta es ¡voy a vencerte Dalila!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-3724438065482232640?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/3724438065482232640/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=3724438065482232640' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3724438065482232640'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3724438065482232640'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/08/alma-ma.html' title='Alma mía'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1947140631609205485</id><published>2008-07-21T09:47:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.876-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Fraternidad</title><content type='html'>A través de su rostro, lleno de marcas del tiempo, se veía la estación de trenes. Sus ojos guardaban el frío de varios inviernos. La mirada deambulaba perdida en algún lugar lejano del recorrido de las vías. Siempre estaba cobijado bajo una manta que en forma de carpa lo protegía del invierno actual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasajeros lo ignoraban, como si fuera parte de un paisaje detestable al que se acostumbraban con desgano, como si fuera una mancha más de humedad en la deteriorada estación. Él tampoco quería ver a la gente porque veía en cada uno de ellos el reflejo de lo que no pudo ser. Si eventualmente los miraba, si se dejaba llevar por la primavera de sus vidas, terminaba derramando lágrimas que nadie veía, que corrían por surcos bien marcados en su cara y que caían al vacío que era su hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo se alegraba cuando venía un tren, porque con cada formación volvían los recuerdos de su época de trabajador ferroviario. Y más aún cuando estaba junto a su ex compañero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su amigo le ofrecía una mirada cómplice y le hablaba sin pronunciar palabras, en un lenguaje que los años saben resumir en señas. Se sentaba a su lado y con gestos y movimientos recordaban su trabajo en el ferrocarril; cuando se inauguró, cuando se expandió y como cambió el pueblo con su crecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos se escuchó el tren cabalgar sobre las vías y los durmientes de quebracho. Llegaría en algunos segundos. Entonces su compinche, recién llegado, levantó las cejas e inclinó la cabeza hacia un costado. Acto seguido, con parsimonia, fueron cada uno a su puesto. Uno fue a la obsoleta palanca de cambios de vías y el otro se detuvo, los brazos en alto, al costado de las vías para tomar la posta, mientras el tren, apresurado, llegaba a la estación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después que el malón bajó al andén, el convoy se fue tan rápido como vino. Los dos ancianos volvieron a su lugar de reposo, con una sonrisa de satisfacción en los labios. El visitante antes de irse indicó, moviendo un dedo índice alrededor del otro, que la próxima vez intercambiarían roles. Se fue caminando por la vía. El próximo tren llegaría al día siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre se sentó y apoyó su mirada en el horizonte lleno de piedras, madera y acero. Volvió a guardar el frío del invierno en su manta, esperando paciente que el calor de los motores a gasoil le de una nueva oportunidad de jugar a estar vivo y salvarse mutuamente con su amigo, cambiando oportunamente la vía por donde irá el tren.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1947140631609205485?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1947140631609205485/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1947140631609205485' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1947140631609205485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1947140631609205485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/07/fraternidad.html' title='Fraternidad'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-3740553465833133153</id><published>2008-07-13T21:09:00.003-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.877-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>El primero</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;Siempre sueño con la primera cereza del verano; disfrutándola, deshaciéndola en mis labios, y con todos sabiendo que yo inauguré la temporada. Es importante ser el primero, ¿acaso alguien recuerda al segundo de una carrera? ¿alguien sabe el nombre de la segunda persona que pisó la luna? Sólo los primeros trascienden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo fui el primero en graduarme con honores. Fui el primero en crear una empresa de servicios de seguros y llevarla al tope de ventas. El primero en implementar trabajo en equipo diciendo personalmente a cada empleado, “El lema es que cada uno haga su trabajo y valore el de los demás”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso, cuando en el cóctel de corredores de seguro, entró esa mujer tan bella que acaparó la vista de todos, no dudé en ser el primero en acercarme. Y luego de una animada charla nos fuimos de la fiesta, ante la mirada envidiosa de los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fuimos a un hotel y luego de servir unos tragos, empezó a bailar. Se me acercó meciendo rítmicamente la melena y la falda, mientras tambaleaba dos copas de whisky en sus manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quise ser el primero en desvestirme, pero apenas atiné a quitarme la corbata ella se había desnudado; lo hizo en un santiamén, dejándome atónito, ¡era perfecta! Mientras continuaba quitándome la ropa ella retrocedía contoneándose sensualmente. Ni el whisky helado logró apagar el fuego que ella había encendido. Finalmente cayó sobre la cama y me esperó con las piernas separadas. Cuando estuve a punto de apoyar mi cuerpo sobre el suyo repentinamente se apartó, tapó su cuerpo con las piernas, y con voz suave me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Antes de empezar necesito saber si quieres ser el primero.&lt;br /&gt;-¡Siempre soy el primero! -respondí, apurado por dejar los trámites y pasar a la acción. Aunque luego sentí curiosidad- ¿el primero en qué?&lt;br /&gt;-El primero en pagar.&lt;br /&gt;-¡Por supuesto! Yo pago siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con mi respuesta volvió su sonrisa y por fin comenzamos a disfrutar de nuestros cuerpos. Mientras lo hacíamos, ella me hablaba. Recuerdo poco; me contaba de su madre, que falleció en la pobreza por culpa de un dinero que nunca llegó, y otras cosas más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al terminar me pidió volver al cóctel, pero quería ir a pié. Mientras caminábamos me felicitó por estar dispuesto a pagar mis errores. Ante mi asombro detuvo su marcha y se paró delante mío. Su mirada era una eterna reprimenda y, gritando, me recordó que fue mi empresa la que no pagó el seguro a su madre. Preocupado, quise conciliar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento mucho, ¿que puedo hacer para...?&lt;br /&gt;-Nada. ¡Ya lo hiciste! Aceptaste ser el primero en pagar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dio pasos rápidos y cuando quise alcanzarla un fuerte dolor en el estómago me obligó a agacharme. Sentí nauseas y mucho dolor. Sonriendo me dijo “besa y consuela a mi madre; dile que ya la vengué del primero, ahora faltan los otros dos cómplices”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Retorciéndome de dolor la veo yéndose a buscar su próxima víctima. Deja atrás un corredor de seguros en la calle, muriendo. Sólo cuento con la certeza, pero no el consuelo, de ser el primero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-3740553465833133153?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/3740553465833133153/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=3740553465833133153' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3740553465833133153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3740553465833133153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/07/el-primero.html' title='El primero'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1343679788614125681</id><published>2008-07-13T20:50:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.877-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>La casa de cristal</title><content type='html'>A mil kilómetros de la ciudad, en el medio de un lago ubicado en lo alto de las montañas se emplazaba la casa. Tenía tres plantas y solo el último piso sobresalia a la superficie. Fabricada íntegramente en cristal y acrílico permitía ver a través de todas sus paredes. También los muebles eran transparentes. Allí vivía sólo una persona, María Luz. Era la participante del reality show “La casa de cristal”. ¿El desafío? Vivir en soledad cien días sin otra cosa para ver más que el agua alrededor, sabiendo que hay cámaras en cada pared y que todo es transmitido en vivo por televisión e internet.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cámaras eran controladas remotamente, desde el canal de emisión, en la ciudad. A diferencia de otros realitys, no había diálogo entre la participante y la producción del programa: sólo un televisor que mostraba mensajes, los micrófonos y cámaras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El programa era un éxito. Miles de personas seguían de cerca el espectáculo; la luz artificial rebotando en la noche y mezclándose con los colores de la televisión, la ruptura del sol en múltiples arco iris al amanecer, la rutina y los sobresaltos a los que se enfrentaba María Luz, así como el morbo de verla duchándose tras un cristal apenas empañado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el éxito vinieron los detractores. Cientos de críticas atacaron al programa; sobre el sufrimiento del encierro y la vida en soledad; sobre posibles fallas estructurales en la construcción de la casa; y sobre la acentuada promoción de exhibicionismo físico. Aún así el programa marchaba sobre ruedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo el peligro real no eran las críticas, sino la casa misma. Todo comenzó cuando María Luz encontró una gotera. Inicialmente lo solucionó con un recipiente cuyo contenido luego vertía en el desagüe del baño. Pero la cantidad de goteras aumentó y la convivencia con el agua se hizo permanente. Ella se quejó de la situación aunque desde el televisor le advertían que no había riesgos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero cuando el espectáculo estaba en su punto máximo el problema se agravó: con la llegada de la primavera, vino también el deshielo, que aumentó considerablemente el nivel de agua del lago. El piso que se encontraba sobre la superficie no estaba preparado para soportar la presión del agua, y parte de una de las paredes cedió. La ya acostumbrada humedad de las goteras se transformó en manantiales de agua fría que recorrían cada piso hasta estancarse en la planta baja. La imagen era espectacular y bella: era difícil descubrir donde había agua ingresando, donde muebles acrílicos mojados y donde sólo se veía la profundidad del lago a través de las paredes. Cada tanto aparecía un reflejo de luz de cámara que empezaba en rojo y se desvirtuaba en diferentes tonos de naranja. Pero era tanto de bella como de trágica: la casa se iba llenando de agua como un reloj de arena mortal, mientras María Luz dormía plácidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el mundo seguía las imágenes esperando el ansiado momento: el agua llegando a la superficie de la cama. Mientras la producción del programa enviaba un avión a las montañas para resolver el problema, el agua inundaba el colchón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante los primeros días en la casa la participante se acostumbró a despertarse y ver agua alrededor a través de las paredes. Después, humedad constante. Pero en ese momento, cuando se acurrucó y en cuclillas sobre la almohada, vio que el agua llegaba al nivel de la cama y a su cuerpo, gritó. Fue un grito profundo, desesperado, que se repitió al darse cuenta que el agua venía desde arriba, y que el nivel subía rápidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos apretaban los puños esperando que María Luz salga de la cama y suba al piso siguiente. Y pronto se sintieron los chirridos al levantar un pié y volver a meterlo en el agua. La sorpresa fue enorme: el líquido bajaba por la escalera. Con gran esfuerzo, peleando contra la potencia del agua, los resbalosos escalones de plástico mojado, y después de caerse dos veces, llegó al primer piso, mojada por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los noticieros, consultando especialistas, especulaban la cantidad de tiempo faltante hasta que la casa se llenara de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un plano lejano mostraba a la chica agarrándose la cabeza. Fue cuando vio que el último piso ya estaba lleno de agua. No solo los noticieros se silenciaron. La gente en los hogares quedó boquiabierta. No había salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Detuvo su histeria momentáneamente, como un maratonista frena su marcha para tomar aire antes de continuar. Se quedó mirando el televisor, el mismo que aseguró lo inofensivo de las goteras y sintió furia. Era, junto a las cámaras y micrófonos, su único medio de comunicación con el exterior. Temblando de frío, de bronca y de miedo, tomó el aparato y con esfuerzo lo levantó. Aumentó la fuerza hasta desenchufarlo y corrió chapoteando hasta arrojarlo sobre una de las paredes. En pocos segundos la pecera se llenó de agua y luego, en un instante, la casa se desvaneció. Las cámaras inalámbricas al estar encerradas en cubos herméticos siguieron transmitiendo: solo se veía caos, imágenes confusas, aguas tumultuosas, a veces calmas y también partes de muebles apenas identificables entre los reflejos del sol que empezaba a asomar detrás de las montañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.rinconatfa.com.ar/images/stories/1imagen1000palabras2.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.rinconatfa.com.ar/images/stories/1imagen1000palabras2.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero de María Luz no se sabía nada. Hasta que pasó casi una hora de videos grises y traslúcidos y las aguas calmaron sus nervios. Entonces, una de las cámaras, trabada con un mueble, mostró a la valiente participante, como prolongando su sueño interrumpido, boca arriba, con su ropa de cama, asomando parte de su rostro en la superficie pero sin despertarse por los rayos del sol. Lucía en su mano derecha un reloj especial, el que indicaba los días y horas de estadía que le quedaban en la casa para ganar el juego. Al llegar el avión desde el aire vieron su rostro, y el mundo entero observó el féretro de agua donde María Luz reposó en su última despedida, hasta ganar el juego.&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1343679788614125681?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1343679788614125681/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1343679788614125681' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1343679788614125681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1343679788614125681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/07/la-casa-de-cristal.html' title='La casa de cristal'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-4797824692975146203</id><published>2008-06-25T00:26:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:04:52.300-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Leyenda'/><title type='text'>Metamorfosis</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Era viernes y la reunión comenzó puntualmente, a las diez de la noche. El objetivo lo conocían todos y fueron exponiendo, uno a uno, sus motivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;-Vivir siendo el menor de siete hermanos ya es bastante difícil, pero lo realmente complicado es soportar las supersticiones de que a medianoche nos convertimos en lobos y deambulamos atacando humanos en el monte. Así nos discriminan y nos culpan de cuanto problema de origen desconocido suceda en la noche.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; -Sí, y si bien que el presidente sea nuestro padrino nos da un montón de ventajas se termina convirtiendo en la carta de presentación de nuestra condición. Es una mochila pesada que legaliza la leyenda.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; -Lo peor es que la creencia dice que al salir como lobizones nos alimentamos de excrementos ¡Imperdonable! Y es común ver como pretenden confirmar, cada vez que tenemos un simple problema estomacal, su injuriosa teoría.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; -Nunca me gustó ir a bailar, pero cuando fui adolescente me sentí obligado a salir varios viernes solo para demostrar mi condición humana. ¿Por qué no podemos decidir y actuar como cualquier persona?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; -Además estamos sobrepasando los límites. ¿Sabían que aumentó la venta de balas de plata? Y las iglesias no dudan en bendecirlas.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Luego de varias intervenciones similares, y como se estaba acabando el tiempo, fueron definiendo los pasos a seguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; -Entonces armaremos un petitorio para derogar el decreto 848/1973 que establece el padrinazgo presidencial de los séptimos hijos varones. Por falta de tiempo dejaremos pendiente para más adelante los reclamos a la iglesia y algunos músicos que se esfuerzan en avivar en la gente el fuego de este mito infame. ¡Queremos desarrollar nuestras actividades de forma anónima!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasada la medianoche los participantes se fueron retirando apurados. Bajo la tenue iluminación de la luna llena se veían sus negras figuras alejándose y, solo de a momentos, quizá por la alegría de materializar sus reclamos, se los oía aullar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-4797824692975146203?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/4797824692975146203/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=4797824692975146203' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4797824692975146203'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4797824692975146203'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/06/metamorfosis_24.html' title='Metamorfosis'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7609834914491836158</id><published>2008-06-25T00:14:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T20:04:52.301-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Leyenda'/><title type='text'>La herradura</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Sosteniendo la herradura, Ramón fue golpeando con el martillo hasta insertar el clavo en la madera. Quedó sujeta al tirante del frente de la casa, arriba de la puerta. Tomó un nuevo clavo y repitió el golpeteo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atraído por los ruidos como los insectos a la luz, llegó Oscarcito, corriendo y saltando, al tiempo que jugaba carreras con Charly, quien imitaba los martillazos con ladridos. El pequeño miraba la tarea de su padre y por unos segundos intentó adivinar sus razones, pero finalmente consultó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Papá, ¿para qué ponés ahí una herradura?&lt;br /&gt;-Es para que no entre el diablo en la casa, hijo.&lt;br /&gt;-¿Pero si la puerta igual puede abrirse?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ramón sonrió y comprendió que tendría que narrar la historia, o la lógica inocente de su hijo no lo dejaría continuar. Dejó el martillo, se agachó, y contó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hace mucho tiempo, como mil años atrás, en un castillo vivía un cura que se dedicaba a trabajar con metales. Era una persona muy buena y ayudaba siempre a quien lo necesitaba. Se llamaba Dunstan. Una vez fue a su castillo un hombre pidiendo ayuda porque a su caballo le faltaba una herradura y así no podía andar. El cura enseguida tomó una herradura, martillo y clavos y se arrodilló para tomar la pata del animal. En ese momento vio que el hombre en lugar de pies tenía pezuñas. Entonces se dio cuenta que en realidad era el diablo disfrazado, que quería engañarlo. Rápidamente clavó la herradura ¡pero en la pezuña del diablo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Oscarcito cambió su rostro de preocupación y esbozó una sonrisa pícara, traviesa, y enseguida preguntó: -¿Y después?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El diablo gritaba de dolor y terminó pidiendo a Dunstan que por favor le quite la herradura de su pie. El cura, antes de sacarla, le hizo prometer que jamás entraría a una casa que tuviera una herradura en la entrada. Y dicen que hasta ahora el diablo cumplió con la promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué bueno Pá! ¿Puedo ayudarte?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hijo, esto es muy alto. Pero ¿podrías guardarme la caja de herramientas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño tomó la caja y con algo de esfuerzo, el cuerpo hacia un costado, entró en la casa. Ramón se quedo viéndolo y en sus ojos se mezclaban las imágenes de su propia infancia, y su misma curiosidad por las leyendas, que incorporaba como una esponja, y que fue poniendo en práctica cada vez que llegaba el momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Ramón llenó de clavos todos los agujeros de la herradura ingresó a la casa y no encontró a Oscarcito. Fue a la cocina y desde allí vio, a través de la ventana, a su hijo caminando, con una sonrisa de oreja a oreja, martillo en mano, mientras el sol hacia brillar una herradura débilmente amarrada al techo a dos aguas de la cucha de Charly. Ramón sintió un nudo en su garganta, que no permitía salir de su pecho el enorme orgullo que sentía por su hijo, y que explotaría tan solo unos segundos después, en un gran abrazo, al que seguramente se uniría Charly. &lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7609834914491836158?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7609834914491836158/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7609834914491836158' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7609834914491836158'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7609834914491836158'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/06/la-herradura_24.html' title='La herradura'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-267137629077832676</id><published>2008-06-25T00:09:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.877-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>La caja negra</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;-¡Es muy pesada la caja! ¿Qué tiene dentro?&lt;br /&gt;-Tiene una hermosa joya, cubierta de cristal. Así que, por favor, con mucho cuidado que al menor golpe se puede romper. Recuerda: Parque Industrial Norte, torre 4, piso 29, entregarlo al señor Domínguez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para evitar que el movimiento natural de la moto en la calle afecte al cofre lo colocó en una mochila que ubicó delante de su cuerpo, llevando la joya cerca de su corazón, que latía fuerte por la responsabilidad que había asumido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ritmo lento le tomó casi una hora llegar a destino. Al entrar al parque industrial se quedó vislumbrando las torres unos instantes: eran como bestias imponentes que iban comiendo y escupiendo la gente que pasaba por la entrada de cada edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ingresó a la torre 4 detrás de una mujer muy atractiva, quizá una secretaria o recepcionista, que él observaba disimuladamente al mirar hacia delante. Hasta los dos policías que custodiaban la entrada la siguieron con la mirada. Luego los oficiales, observándose mutuamente, dibujaron en su rostro un gesto de babosa complicidad. Por eso pudo ingresar tras ella sin perder tiempo en controles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan solo catorce segundos después de haber subido al ascensor estaba en el piso 29. Y luego de esperar unos minutos lo recibió una secretaria. Era la mujer había que caminado delante suyo; ahora desplegando su belleza y elegancia con mayor soltura. Fue ella quién recibió el cofre que tenía una cruz tallada en la tapa. Se despidieron con cordialidad, aunque él hubiera preferido algo más cercano; un beso, un gesto de esperanza para una posible relación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió de la torre y caminó por el parque de entrada con mucha tranquilidad por haber cumplido su trabajo. Se quedó pensando en la suerte de quienes trabajan con mujeres tan hermosas cuando de repente sintió un soplo de aire, un estruendo lejano que fue creciendo como una bola, un quejido en el aire y en la tierra, desde sus entrañas, desde la ciudad misma. Giró su cabeza y confirmó lo que el calor anunciaba: la torre estaba en llamas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras unos segundos de confusión y al ver la gente gritando desesperada comenzó a correr hacia el edificio. Solo se detuvo cuando el ruido de vidrios rotos salpicó de cristal y luego de sangre los alrededores. Siguió corriendo y observó en el hall personas tiradas en el piso, intentando alcanzar la salida. Saltando sobre el fuego entró a la recepción y tomó de los brazos a una persona que arrastró hacia fuera. El crepitar del fuego, las explosiones y los gritos se acallaron un instante y él escuchó un maullido. Giró y vio un gato negro, con el lomo en alto, caminar lentamente y reflejar, en sus ojos rojos, la torre en llamas. En ese momento comprendió cual fue su papel en la dramática historia: él llevó a la torre la supuesta joya, tan pesada y misteriosa. Se levantó y corrió nuevamente hacia el edificio en ruinas.&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-267137629077832676?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/267137629077832676/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=267137629077832676' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/267137629077832676'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/267137629077832676'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/06/la-caja-negra.html' title='La caja negra'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5859566378715605390</id><published>2008-06-06T23:53:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.878-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>La frialdad de la roca</title><content type='html'>No era esta la imagen que quería captar. Era en Febrero y por primera vez habíamos ido juntos de vacaciones. Estábamos asombrados; decenas de saltos de agua teñían nuestros ojos de blanca espuma; llenaban nuestros oídos de un murmullo suave, como una respiración, como un jadeo; inundaban nuestra piel con la bruma que como brazos de la cascada nos arrullaba tiernamente.&lt;br /&gt;Entiendo que hayas pensado que era el marco ideal, aunque quizá no era el momento justo. ¿Qué mejor que la naturaleza alrededor para la propuesta? Los colibríes bailaban indecisos una música más rápida que la del medio ambiente, orquestada por grillos, búhos, tucanes y cigarras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestros rostros brillaban por la emoción, por el sol que castigaba y por la humedad que compensaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habíamos llegado al puente que, pasando sobre el río, llevaba a la Isla San Martín; una enorme roca casi sin fauna ni vegetación y cuyo único atractivo era la vista panorámica que, desde la cima, permitía identificar los ríos, lagos y cascadas en un multicolor mapa viviente.&lt;br /&gt;Así que decidiste hablarme ahí, antes de cruzar, antes de alejarnos de la naturaleza colorida, vívida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo que tomaste mis manos, me miraste a los ojos y comenzaste a hablar, mientras una sonrisa nerviosa se te mezclaba con las palabras de vez en cuando. Con los ojos a punto de desbordarse hiciste la propuesta. Yo no podía decir nada. Los segundos pasaron lentos y sinuosos, como una hoja seca apenas arrastrada por la brisa otoñal. Tuve que quitar mi mirada de tus ojos y sentí como tus manos dejaban de sostener las mías. Siempre supuse que lo entenderías, pero cuando tus ojos se mimetizaron con las cascadas arrojando su frío caudal de lágrimas, te diste vuelta. Creí que para secarte el rostro, pero empezaste a caminar. Sabía que apenas ingresaras al puente girarías y con una sonrisa me llamarías para que continuáramos el recorrido juntos. Por eso quise guardar el momento. Tomé la cámara y comencé a fotografiar para inmortalizar tu mirada de comprensión, tu sonrisa de esperanza. Como bien sabés, no sucedió. Nunca giraste. Te fuiste sin mirar atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo quería captar otra imagen. Esto es lo único que me permitiste. Por eso te la envío, para que seas vos mismo quien te ve yéndote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SHqIWMcWQ0I/AAAAAAAAANc/yue-akDQ8Po/s1600-h/1imagen1000palabras.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SHqIWMcWQ0I/AAAAAAAAANc/yue-akDQ8Po/s320/1imagen1000palabras.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5222636632768136002" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5859566378715605390?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5859566378715605390/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5859566378715605390' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5859566378715605390'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5859566378715605390'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/06/la-frialdad-de-la-roca.html' title='La frialdad de la roca'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_NqG-ieNsPcU/SHqIWMcWQ0I/AAAAAAAAANc/yue-akDQ8Po/s72-c/1imagen1000palabras.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-4543989643415844782</id><published>2008-05-22T00:27:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.878-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Completa relajación</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Es un hermoso lugar para trabajar; un consultorio pequeño, alejado, rodeado de jardínes con sol a raudales, aire puro y muchos árboles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé encargándome de la limpieza. La agenda se llenaba de turnos, todos de una hora, y entre un paciente y otro, debía acondicionar el consultorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ingresar debía esperar que salga el paciente, y luego la doctora me avisaba. Tenía sólo tres minutos para ordenar y echar desodorante de ambientes. Una vez al día, mientras la doctora almorzaba, hacía el trabajo en extensión y profundidad; barrer, cambiar la bolsa de residuos, la sábana de la camilla o repasar el sillón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenté mis deseos de progresar y ella me recomendó que sea su asistente. Mientras, empecé a conocer el circuito administrativo del consultorio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al poco tiempo ya me encargaba de otorgar turnos, que según el tipo de terapia tenían precios diferenciados, y empecé a presenciar sesiones a través de una cámara Gesell, observando y oyendo todo detrás de un vidrio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entendí que lo importante era que el paciente pase a la terapia física, y para ello, la psicóloga debía ser muy perspicaz. ¡Y vaya si sabía utilizar las herramientas correctamente! No fallaba nunca. Yo estaba admirada. La forma en que hablaba, su gesticulación, las miradas, todo era perfecto y armónico. Era como una danza hipnótica, ya que los pacientes no dejaban, a su vez, de mirarla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la primera visita la doctora se enteraba de la vida del paciente. Generalmente eran hombres de negocios, y sus problemas eran similares. Luego los convencía de que juntos podían ir avanzando hacia la luz plena, la liberación, la tranquilidad. Les decía que era fácil conseguirlo cuando uno es capaz de compartir todo con el otro. “¿Con quien compartiste todo y con quien estás dispuesto a compartirlo?” era la última pregunta, para que piensen en la semana. En otra sesión les comentaba sobre la terapia física, que incluía liberarse totalmente y disfrutar el momento. Claro que era necesario, para conseguir el objetivo, eliminar obstáculos y enemigos en forma de moral, celos, vergüenzas e inhibiciones. Siempre los convencía. Los pacientes salían ansiosos por tomar un turno para terapia física. Cada encuentro de esta terapia alternativa valía ocho veces más que una consulta ordinaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Adecuamos un consultorio para la terapia física y empecé a trabajar con ella. Mi tarea era desestresar al paciente. ¡Y qué mejor que cirios y flores para crear un ambiente de relajación! Con luz tenue, aroma a jazmín y música suave yo aplicaba un masaje relajante, desde las extremidades al centro del cuerpo. Luego me retiraba, entraba la doctora, y por cuarenta minutos seguían en lo suyo. Claro que encontraban la luz, ¡era un logro plenamente satisfactorio! Y a partir de entonces repetían el encuentro, semana a semana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso necesitamos dos nuevas empleadas. La idea es que se ocupen de la limpieza básica y algo más, cada tanto.&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-4543989643415844782?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/4543989643415844782/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=4543989643415844782' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4543989643415844782'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4543989643415844782'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/05/completa-relajacin.html' title='Completa relajación'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7748033014103635158</id><published>2008-05-01T23:08:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:55.852-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Terror'/><title type='text'>Humo de perros</title><content type='html'>Al despertar no entendía bien. Luego reconocí que estaba en un hospital y recordé mi operación. Tomé mi reloj de la mesita y me asombré: eran las diecinueve del viernes 13 de abril, y me operé el lunes 9. No había médicos ni enfermeros en la sala, sólo otros pacientes durmiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me senté en la cama y luego me paré. Un poco mareado caminé en busca de un doctor que me explique lo sucedido. No había nadie en enfermería. También el pasillo estaba vacío y los consultorios desolados. Bajé las escaleras y el hall central estaba despojado de gente. ¿Será hoy feriado? ¿Habrá alguna huelga?, me pregunté ante el abandono del hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salí a la calle buscando un taxi. ¿Cómo podía ser que en la avenida principal no haya un solo vehículo y ningún peatón? Jamás sentí un silencio así, una soledad igual, en una ciudad tan populosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada veinte pasos me detenía a descansar; estaba débil y me agitaba rápido. Con cada pausa, al relajar mi respiración, el silencio ganaba la batalla inundando como una ola gigante, todo lo que antes era ruido y locura, apagando la vida, la esencia, el aporte humano a la jungla de cemento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya estaba anocheciendo y las luces no aparecían. Era todo muy raro. Necesitaba saber que estaba sucediendo. Con el cielo teñido de rojo pude ver, a unos doscientos metros, un puesto de diarios. Me apuré porque temía perder las últimas luces del día. Tomé los diarios y los llevé al centro de la avenida, donde había más claridad. Los desplegué en el pavimento y me dispuse a buscar alguna pista. Fue fácil. Estaba en los titulares. “Una gran nube de humo invade la ciudad”, “Sería tóxica la humareda”, “Sólo es perjudicial para humanos” y terminé de entender todo con el ejemplar más reciente: “Se inicia el éxodo masivo de la ciudad” y luego “Miles de personas abandonan la ciudad en barco y se registran peleas por obtener un lugar antes que el humo llegue a los pulmones. El pánico se desato al confirmar que los afectados comenzarían a sufrir deformaciones cutáneas y luego perecerían”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Pero el humo no era de quema de pastizales?, pregunté sin hablar. Sin saber que hacer, me dirigí hacia el puerto, con la esperanza de encontrar un humano más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche se adueño del tiempo y tiño de negro las calles con una densa oscuridad solo interrumpida por semáforos que como luciérnagas se perdían en el horizonte. Ya no había humo en el ambiente, pero el viento empezó a azotar y con él las hojas y restos de basura a arrastrarse por el aire. También el viento se llevaba el sonido de mis pasos ahogados y mi respiración. Mis dudas, mi miedo y mi incertidumbre seguían firmes, enganchados al lento desplazamiento de mi cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ratones se cruzaban por mi camino con total soltura, dejando claro que era yo el intruso y ellos los dueños de la noche. Los murciélagos volaban en densos grupos oscureciendo de a momentos la luna o pasando sobre la luz de los inútiles semáforos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cercanía del puerto inundaba las calles de olor a podredumbre. Junto al embarcadero estaba la sala de espera, un enorme recinto con paredes de vidrio. Si la soledad de la calle me asustaba, la nueva compañía era aterradora. La sala estaba llena, pero nadie permanecía en pié. Estaban todos muertos. Las dos puertas estaban cerradas por dentro con cadenas y la gente amontonada en el centro de la sala, muchos abrazados, lejos de las paredes de vidrio. Me acerqué hasta una de las puertas. No quise apoyar mi mano. Miré con algo de espanto esperando no encontrar un rostro familiar, aunque resultaría difícil reconocerlo. Las caras estaban hinchadas, con manchas rosadas y blancas. Algunos habían expulsado un líquido viscoso, otros tenían heridas abiertas. Las moscas brindaban un tétrico espectáculo de danza clásica sobre los cadáveres descompuestos. ¿No salían de la sala por el humo?¿Habrán estado esperando un barco para huir? ¿Habrán muerto de hambre? ¿Por qué tenían cadenas en las puertas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sentí nauseas, aparte mi vista de los cuerpos y con amargura miré la luna con mis ojos llenos de lágrimas. Mi búsqueda de compañía solo trajo dolor. Hubiera preferido la soledad total, a la compañía de muertos con tanto sufrimiento a cuesta, tan expresivo, tan contagioso, y con el extraño juego de símbolos picando: ¿mi destino era estar ahí con ellos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Caminé por la costanera, sin rumbo fijo, con pensamientos absurdos, sobre la sociedad, la comunidad, los sueños, mi vida, mi familia, los sueños y la vida del resto de las personas que ya no están. ¿Hacia donde debo ir?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo lejos se escucharon aullidos. Los llantos de caninos callejeros. Si me los cruzo, al menos tendré con quien jugar un rato. Ellos son incansables niños inquietos, quizá lo más parecido a un humano que podría encontrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los aullidos se fueron mezclando con ladridos. Seguí caminando y cada vez eran más cercanos. Hasta que finalmente me encontré con la jauría. No eran algunos perros, eran cientos, corriendo en grupo por la calle. Pasaron a mi lado ladrando, casi ignorándome y algunos me chocaron. Perdí el equilibrio, caí al piso. Me volví a levantar y los perros siguieron pasando, pisándome y algunos mordiéndome. Sentí como varios perros se habían obsesionado con mis pies, y los mordisqueaban pese a que yo pataleaba para quitarlos. Finalmente caí otra vez, y como si entre ellos se comunicaran avisando que una nueva presa está disponible, vinieron todos hacia mí. Me acurruqué en posición fetal e intenté contener las mordidas. Empezaron arrancándome la ropa, luego sus pezuñas rasparon mi piel hasta sangrar, y mientras yo gritaba con fuerza, fueron mordiendo, con lentitud pero con mucha simultaneidad, todo mi cuerpo. Comprendí a que temían los que esperaban el barco. Me quedaba la duda si el humo sólo afectó a los humanos. Lo último que recuerdo es aullidos, ladridos y ruido de huesos mascados.&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7748033014103635158?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7748033014103635158/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7748033014103635158' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7748033014103635158'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7748033014103635158'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/05/humo-de-perros.html' title='Humo de perros'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-181513955738954553</id><published>2008-05-01T23:06:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:55.853-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Terror'/><title type='text'>El incentivo de la almohada</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;No soy Alá&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Please allow me to introduce myself, Im a man of wealth and taste&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sé que estás soñando. Soy yo, el mismo de siempre, a quién has dado un nombre equivocado, pero jamás te lo recriminé, no me importan los nombres. Conmigo aprendiste que la vida es menos importante que la causa, que al paraíso solo se accede de la mano del sacrificio por la comunidad, que nadie te quitará tus tierras, que nadie, por más grande que sea, puede estar seguro todo el tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eres uno de los hombres más valientes y el mejor estratega que conozco, con pocos medios logras mucho; al mundo le hace falta gente como tú. Gente que pueda dejar el sufrimiento detrás, gente con familias que entiendan, gente que pueda ver a su compañero en pedazos en el piso, y aún así pensar en el objetivo principal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;I stuck around St. Petersburg when I saw it was a time for a change.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; Killed the czar and his ministers and Anastasia screamed in vain.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seré breve. Quiero comentarte, alertarte, adelantarte que tu vecino de la otra manzana está preparando algo. Quizá mañana lo tenga listo. Supongo que encontrarás la forma de evitarlo. Nadie juega tan bien al ajedrez ni entiende tanto el tablero, ni es capaz de cambiar las relaciones de fuerza como tu. Sé que las distancias nunca han sido un obstáculo para ti, sé que lejos de huir de la tecnología te montas sobre ella para obtener el mayor beneficio. Sé que puedes volar en los diferentes sentidos de la palabra, con tu vida o con otras vidas, que son también parte de la tuya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estás acostumbrado a los cambios violentos. Eres, desde las sombras y la oscuridad, capaz de cambiar la historia del mundo. Y es todo tu logro, a mi no me debes nada. Ni siquiera es necesario que conozcas mi nombre. Llámame como quieras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;No soy Dios&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Please allow me to introduce myself, I'm a man of wealth and taste&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no te despiertes. Sólo sigue escuchando. Yo estuve contigo otras veces, aunque nunca lo supiste. Te ayudé a forjar tu carácter, tu personalidad, los rasgos que te diferencian del resto; las bases de tu éxito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy como tu sangre; algo de lo que no eres consciente pero que te ayuda en todo momento a conseguir cada una de tus cosas. Estuve para levantarte cuando te caías. También para probarte. Quizá recuerdes algunas noches, al intentar conciliar el sueño, un tirón en la sábana, una brisa fresca, la sensación de que alguien más estaba ahí. Si, era yo, comprobando que te hayas dormido profundamente antes de hablarte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;And I was round when jesus christ had his moment of doubt and pain&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy tienes los mismos ojos tranquilos e inmutables que aquella vez en New Heaven, cuando la luna se fue del cielo y tus pasos no eran los únicos en la oscuridad. Algo se movía entre los arbustos, algo o alguien pronunciaba tu nombre, te habían asustado. En esa época, tenías la misma fuerza de voluntad, pero aún te faltaba inteligencia, velocidad para decidir. Elegiste no hacer nada, seguir caminando sin rumbo certero, no mirar hacia los costados, y te salió bien. Por eso fue una buena decisión que hayas ingresado a las fuerzas armadas. Ahí endureciste la poca blandura que heredó tu alma. No sentiste miedo cuando volaste el F-102 por primera vez. No sufriste ni sentiste pena cuando hubo muerte a tu alrededor; eras un militar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;But whats puzzling you Is the nature of my game&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El resto fue muy fácil para ti. Pocas personas tienen el privilegio de ser tan importantes, que sus decisiones influyan a tanta gente. Te lo ganaste en justa ley. Otros en tu lugar han vacilado, más tú te muestras firme y decidido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo vengo a decirte que se vienen épocas difíciles, y que confío en que sabrás, día a día, salir adelante. Lo sé porque lo has hecho anteriormente; has sobrellevado los problemas de la naturaleza y sus caprichos; has exigido lo exigible a los otros para usarlo en beneficio de los tuyos, en una perfecta actitud paternalista; has salido airoso de problemas económicos, y podría seguir enumerando, pero sería elevar tu ego a niveles desconocidos, y bien sabes que en la mesura está la perfección.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento tanta confianza en ti que quisiera dejar de estar detrás de las sombras, que me veas a los ojos como yo lo hago ahora, pero a veces es mejor el amor platónico, la realidad complica las cosas. Por eso es que no me molesta que lleves slogans de la competencia, que inteligentemente simules buenas relaciones, porque sé que es parte de tu estrategia, que no das pasos en falso, que consigues lo que quieres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Just as every cop is a criminal and all the sinners saints&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso debo prepararte. Tú y tu familia, mañana, deben permanecer en un lugar seguro, sobre o bajo tierra, no en el aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya sabes, no soy tu dios, no quiero serlo. Solo quiero que sigas desarrollándote.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;As heads is tails, just call me lucifer&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-181513955738954553?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/181513955738954553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=181513955738954553' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/181513955738954553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/181513955738954553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/05/el-incentivo-de-la-almohada.html' title='El incentivo de la almohada'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-2226689833441336644</id><published>2008-05-01T23:04:00.001-02:00</published><updated>2009-08-14T12:58:20.241-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Terror'/><title type='text'>Estación terminal</title><content type='html'>Llegué a la estación treinta minutos antes del horario de partida. Era un viaje de dos horas y preferí contar con tiempo para guardar mi equipaje y acomodarme con tranquilidad. Mi boleto, comprado hace cuatro días, indicaba vagón 56 y asiento 47, pasillo, ideal para no pedir permiso a cada rato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Subí al tren en primer lugar, guardé mi maleta en el portaequipajes y dejé mi bolso de mano sobre mis piernas. Ya sentado, levemente inclinado, me dispuse a leer el diario con la intención de despejarme y no pensar en la razón de mi viaje, la entrevista laboral en Cutex Inc., que buscaba un contador. Habían seleccionado a tres personas, ya habían entrevistado a dos (colegas que conozco) y ahora llegaba mi turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren se fue llenando de gente con un bullicio sordo, como intentando silenciar los ruidos habituales y necesarios, ruidos que serían hundidos en cuanto el motor comenzara con su habitual traqueteo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes que el convoy inicie el viaje fui al baño. Es mejor aprovechar los momentos en que el tren está estático, ya que los vaivenes propios del viaje pueden arruinar la primera impresión del entrevistado, vistiendo de vergüenza a quién como un bombero en un edificio en demolición, no puede controlar su estabilidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al regresar, enorme fue mi sorpresa al encontrarme a un hombre ocupando mi asiento. Supongo que contaba con unos años más que yo, su aspecto era prolijo pero un poco descuidado, como quien no le dedica demasiado tiempo a la imagen personal. Posé mi mirada demandante en sus ojos, esperando su disculpa y retirada, pero él la quitó enseguida para volver al diario. ¡Era mi diario!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Disculpe señor, este es mi asiento-. Le dije.&lt;br /&gt; -No, es mío, yo tengo mi boleto.&lt;br /&gt; -Quizá hubo una confusión, ¿por qué no revisamos ambos boletos? –sugerí, seguro que así terminaría el litigio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -Coche 56, asiento 47P –dijo el hombre, despreocupado, sin atisbo de levantarse.&lt;br /&gt;-No puede ser, yo tengo el mismo –y estiré mi mano con el boleto hacia la suya, y él respondió con lo mismo. Leímos detalladamente los boletos del otro y la cara de asombro nos invadió a ambos. En sincronía nos fuimos alarmando. Cruzamos la mirada y volvimos a leer. Yo me sorprendí porque en su boleto figuraba mi nombre, y no era difícil adivinar que su sorpresa era por lo mismo. Adelantándome, como si eso significara modificar la realidad, anuncié:&lt;br /&gt; -Yo soy Nicolás Palenzani. ¿Usted quién es?&lt;br /&gt;-Yo también, digo, yo soy Nicolás Palenzani. –Un silencio incómodo se sembró entre nosotros y fue creciendo justo cuando el tren se ponía en movimiento. Me senté frente a él aprovechando que aún ese asiento no estaba ocupado. Preocupado por nuestro destino cuando venga el dueño de mi asiento o el guarda nos pida boletos, seguí cultivando el silencio. Pero la curiosidad era mayúscula, y comencé a indagar en los orígenes de la casualidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Dónde vive usted?&lt;br /&gt; -Vivo en el barrio “La Alameda”, cerca del río.&lt;br /&gt; -Sí, conozco el lugar, allí vivían mis padres.&lt;br /&gt;-Los míos también, hasta que tuvieron el accidente. –No quise mencionar, quizá para evitar que la bruma de la coincidencia ciegue mi visión, que mis padres también fallecieron en un accidente.&lt;br /&gt; -¿Viaja hasta la estación terminal?&lt;br /&gt; -Si, tengo una entrevista de trabajo, y con buenas posibilidades, en Cutex.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía creer lo que oía. Misma edad, misma profesión, misma ciudad, ¡y en busca del mismo puesto de trabajo! Pero la búsqueda era una, y seguramente citaron solo a “un” Nicolás Palenzani. Mi cara estaba elevando su temperatura y en la ventanilla, entre los árboles que pasaban rápido, me veía un poco colorado. Mis puños se abrían y cerraban, mojados en transpiración. Mis labios comenzaron a temblar y parecían decir algo sin palabras audibles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Uno de los dos se tiene que bajar! –casi lo grité, acercándome a su rostro, estacando mi mirada en sus ojos, desafiándolo.&lt;br /&gt; -Bájese cuando quiera, “Nicolás”- me respondió irónico, alargando mi nombre, nuestro nombre, al final.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me puse de pie y lo tomé del brazo arrastrándolo conmigo. El saco se arrugaba y mojaba en mis manos mientras lo arrastraba hasta el hueco entre vagones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién lo manda? ¿Qué es esta joda? –le grité mientras cerraba la puerta en lo que fue mi último atisbo de cordura y vergüenza frente a los pasajeros, y con ambas manos en su solapa lo acorralaba contra la pared.&lt;br /&gt;-¿Qué es lo que le molesta? ¿Descubrir que no eres el Nicolás original? ¿Por qué no disfrutas de recorrer el camino que yo voy dejando marcado? –Esa respuesta, que dio tranquilo y seguro, solo yo sabía cuán dura era, cuán profundo acariciaba con palabras como cuchillos afilados, las heridas abiertas a lo largo de años. ¿Y si el impostor se quedaba con mi trabajo? ¿Y si yo conseguía el trabajo y él cobraba? ¿Y mi mujer y mis hijos? No era posible mantener la situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los árboles seguían corriendo en sentido contrario del tren, y el monótono golpeteo sobre los rieles casi tapaba en mis oídos la voz del intruso en mi vida, que seguía metiendo el dedo en la llaga, y parecía alentarme a terminar el problema. Así fue que, ya casi sin aliento, y con el pulso compitiendo con el tren, lo traje hacia mí, y luego lo empujé, con mis brazos y mi cuerpo, hacia delante, hacia la puerta del vagón, fuera del tren, en un esfuerzo vital y mortal. Después el tren se alejó sobre el camino marcado por las vías, y se achicó como un gusano, igual que el bullicio de gentíos, igual que el crujido, igual que mi vista. Y así, el tren, como mi vida, llegó a la estación terminal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-2226689833441336644?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/2226689833441336644/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=2226689833441336644' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2226689833441336644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/2226689833441336644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/05/estacin-terminal.html' title='Estación terminal'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7195927514667066072</id><published>2008-05-01T23:03:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.878-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>El orden es la base de la fortuna</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;span style="font-size:6;"&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;Marta viajó en un colectivo repleto de gente rumbo a su casa, luego de una agitada jornada laboral. Alberto, su marido, como todos los martes, se encargaría de la cena; ése era su día especial; estaban tranquilos y a solas. Conversaban del trabajo, de sus actividades y de proyectos comunes. Con los proyectos venía la discusión de la lotería. Él decía que hablar de planes futuros invitaba a probar suerte, y lo venía haciendo semana tras semana, hacía años, sin resultados. Ella prefería ahorrar o utilizar ese dinero de otra manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marta entró a la casa, colgó su abrigo junto al de Alberto pero le extrañó no oír la televisión, que solía apabullar con programas deportivos. Fue raro no sentir aroma alguno en la cocina o los ruidos de utensilios al chocarse, producto de manos poco hábiles para esos menesteres. Confirmado. La televisión estaba apagada, y en la cocina no había indicios de una probable cena. En la búsqueda llegó a la habitación y entendió que Alberto se había ido. Parte de su ropa estaba tirada sobre la cama, y faltaba una de las valijas. Rompió en llanto y cayó de rodillas al piso, tomándose la panza con una mano y la cabeza con la otra. Repasó mentalmente todos los momentos agradables y vio caer como un castillo de naipes sus planes futuros, su proyecto de vida. ¿Por qué se fue?, se preguntaba con insistencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una hora después preparó su cena y comió con dolor, masticando la ausencia en cada bocado, bebiendo bronca y lágrimas. Encendió el televisor para apagar el silencio y solo veía figuras y colores en movimiento y un ruido de fondo, en este caso de noticias, y no de deportes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Tendrá otra mujer?, dudaba, y de improviso se vio revisando su saco, en busca de un nombre, alguna pista de infidelidad. Nada. Solo papeles sin importancia, sin nombres, sin huellas. Hubiera sido demasiado fácil encontrar la solución así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba muy alterada, tanto desconcierto le hacía mal. Deslizó su cuerpo en el sillón y trató de concentrarse en la televisión; ya tendría tiempo de pensar, quizá una vida entera, en qué pudo haber pasado realmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clima, internacionales, política, deportes, nada llamaba su atención. Entre el cúmulo de pálidas noticias, una persona hablaba con alegría. Era quien anunciaba los premios de la lotería. Mencionó el número y le resultó familiar. ¡Pero si era el número que siempre jugaba Alberto! Entonces ¿se fue por qué ganó la lotería? ¿Y nuestros planes? ¿Nuestro futuro? ¡No lo puedo creer! ¡Hipócrita!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una nueva ola de lágrimas, ahora con más bronca que tristeza, inundó el rostro de Marta. Y recién cuando el líquido dejó libre sus ojos pudo ver el arribo imprevisto del recuerdo del día anterior. Ella, ordenando el portafolios de Alberto, guardó un billete de lotería, el último, en su saco, para que él lo encuentre posteriormente. Casi corriendo asaltó nuevamente el abrigo, revisó los bolsillos y luego levantó la mirada, mientras esbozaba una sonrisa de satisfacción. &lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7195927514667066072?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7195927514667066072/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7195927514667066072' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7195927514667066072'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7195927514667066072'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/05/el-orden-es-la-base-de-la-fortuna.html' title='El orden es la base de la fortuna'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1017247110580393417</id><published>2008-04-01T14:34:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:09:24.469-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Policial'/><title type='text'>Entre siete y sesenta</title><content type='html'>“¡Siete pesos! ¡Sólo siete pesos!”. Dijo sonriendo, mientras le servía la última copa de champagne.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; -¿Contó toda la historia?&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todo. En realidad le contó a su hermana. No quise escuchar, pero como mozo de barra, siempre estás cerca. Pero para mí mentía, víctima de celos, envidia y otras vanidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Contó que venía caminando, de noche, por un barrio desolado. Estaba oscuro y decidió caminar por la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Una mujer se le acercó; la vio avanzar desde la vereda en diagonal hacia él. Se detuvo enfrente y le pidió una moneda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dudó, pero buscó en el bolsillo. Entonces notó que había varias personas más rodeándolo, y que arrasaban, como aves de rapiña, con sus pertenencias. Empezaron con la billetera, siguieron arrancando el reloj de su muñeca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dijo que lo tomaron de la nuca y lo forzaron a agacharse. A los tirones, lo llevaron a un pasillo entre dos casas. Eran como diez, jóvenes y exaltados. Querían las zapatillas; se las arrancaron. Pidieron el cinto y apenas lo aflojó, lo quitaron de un tirón de su cintura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Relató que uno de ellos sacó un arma y apuntó, en forma desganada y nerviosa, a su cabeza. Tuvo miedo de no resistir, que su interior repleto de demonios explote y que el precio sea un disparo fatal. Pero aguantó y no rompió la promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acerqué a limpiar la barra. Su hermana andaba con todos los sentidos atentos y escuchó el final de la historia. El hombre dijo que en aquel instante, los momentos más lindos e importantes de su vida pasaron en cámara rápida, en contados segundos, por sus ojos. Luego vino la preocupación por el dolor que causaría, al morir, a sus seres queridos. ¡Y él que estaba preocupado porque la cabeza le dolía desde la mañana!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No gatillaron pero lo dejaron en ropa interior, medias y una remera. Cuando estaban yéndose, y aquí empieza la parte que no creo, dijo que les gritó. Pidió que le devuelvan el documento que estaba en la billetera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Loco, déanle los documentos al pibe! ¿Quién tiene la billetera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; -Yo la tengo, acá.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el documento voló por el aire, en el pasillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No se hagan los giles con la billetera como el otro día eh! ¡Pibe! ¿Cuánta guita tenías en la billetera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tipo, a esa altura borracho, dice que respondió: -Como sesenta pesos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Escucharon? ¡Sesenta pesos! ¡No me zarpen más eh!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces empezó a reír al tiempo que decía "¡Siete pesos, sólo siete pesos tenía en la billetera!". Y trasfiguró su rostro con una fuerte carcajada. Cayó sobre la barra tirando todo y hasta le entró champú en los ojos, que quedaron burbujeando.  Pero ya te dije, para mí inventó todo. ¿Vos por qué lo buscas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt; -Por una broma que él hizo, y que le quiero devolver. ¿Sabés si vuelve por acá? &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ni idea, era la primer vez que venía. Pero la hermana si, ella estaba ahí, en un aviso del diario, que cada tanto sale, y entonces viene por acá.&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1017247110580393417?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1017247110580393417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1017247110580393417' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1017247110580393417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1017247110580393417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/04/entre-siete-y-sesenta.html' title='Entre siete y sesenta'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5934508108301336990</id><published>2008-04-01T14:33:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:09:24.470-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Policial'/><title type='text'>De liebres y tortugas</title><content type='html'>El sol aún no había secado el barro que dejó la lluvia cuando el inspector Salvati entró al barrio con tranquilidad y lentitud. Disfrutaba del paisaje con la parsimonia del dominguero; así era su vicio laboral de observar y analizar todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las casas eran todas iguales: duplex alpinos de paredes cubiertas de troncos con una cochera y un quincho en la parte posterior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las luces de los patrulleros iluminaban de reojo el frente de la casa de los Echagüe, pareja de renombrados abogados, según le informaron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salvati, ante la risa burlona de los oficiales, que a sus espaldas lo llamaban “inspector tortuga”, dio vuelta alrededor de la casa observando, tomando fotografías, algunas medidas y muestras del lugar. Luego, cambió su calzado e ingresó a la casa. En el living yacía la mujer, en diagonal sobre el sillón, con su brazo cayendo a un costado. El cuerpo del Dr. Echagüe estaba en un rincón, al lado de la chimenea, sobre un charco de sangre, y en una posición que indicaba haber estado en cuclillas o acurrucado antes del desenlace, con sus manos y uñas rojas, símbolo de pelea contra la muerte. En el otro extremo de la sala, tirado en el piso, con el pecho ensangrentado, mal vestido y sin afeitar, estaba el tercer muerto, el intruso en la casa, al lado de un circulo blanco indicando el lugar donde encontraron el arma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fiel a su costumbre, después de la inspección de rutina, pidió un resumen de los hechos al comisario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Según testimonios de los vecinos, al anochecer se vieron luces y movimientos en la casa. Luego llegaron el abogado y su mujer, como era habitual. Pasados aproximadamente veinte minutos dieron parte a la policía sobre gritos y disparos. Se presentó un móvil y encontraron la misma situación que usted vio: tres occisos; los dos habitantes de la casa y el tercero, presumimos ladrón, porque los oficiales encontraron una mochila con dinero y objetos de valor en la misma. La mujer murió de un ataque al corazón, informó el forense. El arma es propiedad del Dr. Echagüe, le faltan tres balas; hay un impacto en la pared y otro en cada uno de los cadáveres masculinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El inspector, que miraba al comisario atentamente e intentaba enlazar las palabras con las imágenes que acababa de registrar armando un rompecabezas trunco, provocó un silencio incómodo y, cuando el comisario amago a retirarse, entre dientes, dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Entiendo. Informe eso a la prensa y hágame llegar toda la información que tenga sobre las tres personas. Luego le entregaré el informe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los datos policiales llegaron al día siguiente. Decían que Roberto Vallejo era un ladrón, salido de la cárcel hace una semana, preso por robar un banco. Que Ronaldo Echagüe era abogado y tenía un estudio jurídico, dedicándose a casos penales hace veinte años y civiles hace cuatro. Que Clara Llanos de Echagüe era abogada y se ocupaba de los casos civiles del mismo estudio. Qué el estudio representó al banco en el caso por robo que terminó con Vallejo, y otros cuatro implicados, condenados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvió a observar las fotografías y una sonrisa, indecisa entre irónica y sarcástica, se esbozó unos segundos en su arrugado rostro. Pensaba en sus colegas, quienes hubieran cerrado la investigación, sino en el primer día, seguro al obtener estos datos, que cambiaban el móvil de los hechos. Pero, aún a riesgo de que el tilde de tortuga se haga piel en su piel y caparazón en su espalda, siguió adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le llevó cuatro días más conseguir la información faltante. Se interiorizó sobre cada caso del estudio del Dr. Echagüe y visitó la cárcel donde había estado Vallejo, buscando el motivo de su salida prematura, antes de terminar su condena. Allí encontró la verdadera razón: Vallejo estaba en esa casa para pagar su libertad. La salida fue arreglada por Ricardo Parissi, jefe máximo de un reconocido sindicato. Vallejo obtendría el cargo de jefe de una nueva seccional en una provincia lejana. Faltaba conseguir algo de dinero para concretar el proyecto, y el abogado tenía bastante guardado. El deseo de una nueva vida empujó a Vallejo a salir de la cárcel por la misma puerta que usó para entrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parissi estaba en problemas. Décadas de negocios turbios llevaron al sindicato a la quiebra. Además, pesaban sobre él varias causas penales y la más importante estaba por obtener sentencia; era cuestión de semanas para que el sindicalista ingresara por largos años a la cárcel. Faltaba el alegato final del abogado querellante, su perseguidor incansable, el Dr. Echague.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos nuevos días pasaron hasta que Salvati entregó el informe que, como siempre, era difícil de digerir. Su capacidad de ver diamantes donde todos ven roca, de encontrar el arco iris tras cada llovizna y de oir voces en el bullicio, no hacía más que poner el dedo en la llaga a los que se guiaban sólo por la realidad tangible, visible, superficial.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El informe recomendaba analizar las fotografías de la parte trasera de la casa, donde había, además de las huellas de los dueños, pisadas de otras dos personas, dejadas al ingresar. Y a la derecha, pasos cortos y profundos; la corrida de una persona sola. Sugería tener en cuenta el testimonio del convicto, quien sabía que Vallejo saldría a robar, pero desconociendo quien sería el dueño de la casa a ultrajar. En síntesis, analizar la coincidencia de deseos de muerte o venganza hacia el Dr. Echague, entre Vallejo y Parissi, y la posible presencia de un cuarto participante en la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalizó el informe haciendo saber, por primera vez, que conocía su apodo, al escribir: "&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Las liebres son rápidas, pero su visión es panorámica, y apenas reconocen el paisaje por colores y formas. Las tortugas captan cada detalle y sienten el clima, la tensión y la esencia, que es invisible, en sólo unos pasos. Ahora que la tortuga pasó es tiempo de que corran las liebres otra vez, pero con el camino marcado"&lt;/span&gt;. En tan solo una semana, tortuga Salvati terminó su trabajo.&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5934508108301336990?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5934508108301336990/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5934508108301336990' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5934508108301336990'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5934508108301336990'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/04/de-liebres-y-tortugas.html' title='De liebres y tortugas'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-9078309633237265695</id><published>2008-02-28T17:59:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:09:24.471-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Policial'/><title type='text'>Las causas de las causas</title><content type='html'>Como fiscal, nada me molesta más que reabrir una causa. Sobretodo en casos como este, con sentencia firme, y más aún si el culpable ya estaba cumpliendo condena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tuve que releer todas las fojas de la causa antes de incorporar la nueva declaración. Se trataba de la familia Aguada, integrada por Romualdo Aguada, su mujer María Gonzalez y sus hijos Julio, Norberto y Lucía, de 33, 27 y 26 años. El matrimonio Aguada y su hijo mayor, Julio, fueron asesinados el mismo día, aunque en lugares diferentes. El arma, con sólo tres disparos ejecutados, era de Norberto Aguada, y solo tenía sus huellas digitales. Según una carta de Julio, Norberto estaba interesado en la importante herencia de sus padres. Además, en dicha carta, Julio se oponía a internar a sus padres en un geriátrico, ya que veía esa acción como “empujar a sus padres a la muerte”, debido a su enfermedad y avanzada edad. Varias personas vieron llegar a Julio al bar donde estaban Norberto y Lucía; donde luego Julio fue encontrado muerto. Lucía se negó a declarar y comenzó de inmediato con tratamiento psicológico para superar el shock de la violenta situación. Con estos elementos, el juez fijó la condena, que Norberto cumple desde hace tres años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La nueva declaración es presentada por Jorge Santino, dueño del bar donde murió Julio. Aquel día, Jorge atendía la barra del lugar, y según él, los hechos sucedieron así:&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Courier New;"&gt; El bar estaba tranquilo. Norberto conversaba con Lucía con serenidad, pero la montaña de colillas de cigarrillo que generaron mostraba que los nervios hervían por dentro. Algo habrían hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente, como si hubiese visto un fantasma, Lucía se levantó y se fue apresurada, atropellando todo, a la mesa de al lado. Norberto no necesito mirar hacia la puerta del bar para adivinar quién había entrado. Él sabía que solo a su hermano Julio, Lucía le tenía tanto miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos detuvieron sus conversaciones para ver ingresar a Julio. Entró con el peso hacia delante, la mirada exploradora y los ojos desorbitados. Cuando pasaba de largo por la mesa, cada persona sentía alivio de saber que no él a quién Julio estaba buscando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se detuvo detrás de la silla de Norberto, quien apenas giró su cabeza para mirarlo, como toda expresión de bienvenida y saludo. Miró fijo a Lucía, pero por poco tiempo. Vio en la mesa restos de conversación, un whisky aguándose en la mano de Norberto y otro con danzantes cubitos de hielo aún en la mesa. Corrió con su pié la silla donde antes estaba Lucía y se sentó bruscamente. Con su mano enfundada en un guante negro y adelantando las intenciones, sacó el arma y la dejó en la mesa (la gente abandonó el bar en ese momento). Acto seguido, buscando los ojos de Norberto -que solo se concentraban en el hielo-, Julio habló:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  -&lt;i&gt;Como bien supondrás, estoy al tanto de todo&lt;/i&gt; –la voz era firme aunque más grave y temblorosa que la habitual. Con silencio y una mirada penetrante, Julio demandaba una respuesta-. &lt;i&gt;No... no me asombra que hayas complotado con Lucía. ¡Já, Lucía! Tampoco me asombra tu ambición desmedida. ¡Ni siquiera quiero oír tus excusas!&lt;/i&gt; –tomó el arma en su mano y la agitó en el aire mientras gritaba- &lt;i&gt;“Que no tenía alternativa”, “que necesitaba dinero”. ¡Por dios! ¡Meter a los viejos en un geriátrico! ¡A los empujones! ¡No! ¡No!... ¡Esto, esto no va a quedar así!. Quiero que sepas que hace tiempo siento que Lucía y vos ya no son mis hermanos. Y quiero que sepas que este arma... tú arma, viene a terminar lo que empezaste. &lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Norberto se incorporó en la silla, una mano apoyada en el respaldo y la otra en la mesa. Sentía que su final había llegado y pensaba en sus padres y en Lucía. El panorama era oscuro, tenso, y se llenaba de opaco brillo de lágrimas. Mientras, Julio, como una fiera, seguía gritando-. &lt;i&gt;¡Sí!, ¡sí!... serás el único heredero legal, el último visto con los viejos, el único que les dejo huellas, el dueño del arma con tres disparos gastados.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas Norberto tuvo tiempo para pensar en el número tres y Julio preparó el arma y ajusto el dedo en el gatillo. Lucía explotó en sollozos al tiempo que bajaba la cabeza y tapaba su cara con las manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El disparo sonó como un trueno. Aún en este mundo, Norberto escuchaba el llanto de Lucía, mientras Julio yacía sobre la mesa. Su pecho no paraba de sangrar y después, sólo después vino el silencio y la tranquilidad para Julio; la misma que sus padres habían encontrado unas horas atrás.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; Jorge cerró el bar donde acontecieron los hechos. Luego se casó con Lucía y juntos compraron una confitería muy grande, que es actual motivo de disputa en el proceso de divorcio. Pero esa es otra causa, en otro fuero, y no debemos mezclarlas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-9078309633237265695?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/9078309633237265695/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=9078309633237265695' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/9078309633237265695'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/9078309633237265695'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/02/las-causas-de-las-causas.html' title='Las causas de las causas'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-384239753026476428</id><published>2008-02-25T19:37:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:55.854-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Terror'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>El cementerio protegido</title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;Tras un elevado y sólido muro de ladrillos se encontraba el cementerio, el más antiguo e importante de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos hombres llegaron a pie y se detuvieron en la vereda, entre un árbol y el paredón. Vestían ropa oscura, tan negra que ni la luna llena los hacía brillar. Treparon la pared y cayeron dentro del cementerio. Caminaron hacia la derecha en busca del mausoleo. Se desplazaban con suavidad. Sentían cada paso en el césped, divisaban con claridad cada arbusto y ornamento antes de avanzar. Prestaban especial atención a los ratones e insectos, únicos capaces de hacer ruido en la noche, y se movían en sincronía con ellos. Esos ruidos y movimientos eran permanentes; costaba hallar rincones tranquilos, por lo que se mantenían en continuo movimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegaron a la entrada principal. Debían atravesar cincuenta metros sin árboles ni otra cobertura más que algunas estatuas y carteles. La consigna era cruzar agachados, a paso lento, uno por vez. Raúl avanzó sin problemas, pero Aníbal se detuvo a mitad de camino, exaltado, y luego continuó, muy apurado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Lo viste? –susurró Aníbal, con la voz entrecortada- ¡Una luz pasó caminando!&lt;br /&gt;-Tranquilo, seguramente fue una linterna, quedémonos agachados y en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La espera fue inquietante. Ambos veían, de a momentos, fragmentos de una persona que se desplazaba y desaparecía; a veces sólo el torso, ó solo un costado, como si ráfagas de viento la pintaran de luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Viste que te dije! Mejor nos vamos, ¿no? –insistía, balbuceando, casi sin voz, Aníbal.&lt;br /&gt;–No podemos irnos ahora, esperemos que eso se vaya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero eso no se fue, sino que completó su forma hasta convertirse en una mujer. De pelo largo y prolijo, con un vestido gris verdoso, que eludía todo efecto moderno, y con un color entre blanco y verde brillante en su piel. Estaba de frente y tenía las manos detrás de la espalda, como ocultando algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la oscuridad, el etéreo cuerpo se desplazaba sin caminar y pronunciaba ciertas palabras sin mover los labios. La voz no parecía venir de la mujer, aunque era clara y lejana. Después de agudizar la atención identificaron sólo la última frase: “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;...en los lugares sagrados el destino cuelga del horizonte&lt;/span&gt;”. ¿Era un mensaje para ellos? ¿Se refería a la luna?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raúl y Aníbal estaban abrazados, formando una única inmovilidad. La mujer nunca los miró directamente, pero ellos se sentían intimidados. Raúl empujó su cuerpo hacia arriba arrastrando a Aníbal a levantarse. En ese momento una luz blanquísima cegó sus ojos y delató sus cuerpos. Por el cansancio y también por el sueño, pero sobretodo por el asombro y el temor, Aníbal se desmayó. Raúl se esforzaba en observar cómo la mujer parecía fundirse con la luz. Al mismo tiempo, varias linternas y algunos perros se acercaron. Los habían descubierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró a su alrededor y comprendió lo que había pasado. Algunos haces de luz roja delataban el paso por el pasillo y, en lo alto, una máquina de proyección de hologramas emitía luces verdes brillantes, dibujando su destino.&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-384239753026476428?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/384239753026476428/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=384239753026476428' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/384239753026476428'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/384239753026476428'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/02/el-cementerio-protegido.html' title='El cementerio protegido'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1079911587806324628</id><published>2008-02-20T09:10:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:10:16.541-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Grito de libertad</title><content type='html'>El techo era bajo y, como las paredes, estaba lleno de humedad. La única ventana que daba al exterior estaba casi cerrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba yo, contemplando alternativamente los dos cuadros de realidad. Uno a pantalla completa, otro a través de los ocho o diez centímetros que separaban la ventana del marco. Desde allí miraba los niños jugar y las personas caminar, a la mañana anhelantes, al anochecer extasiados, pero siempre libres. Veía los autos correr sobre los adoquines de la avenida, reflejando luz de la luna. ¡Cuántas veces habré recorrido esas calles!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro cuadro era oscuro. Con muebles estancados, clavados en el piso, bañados en pegajoso polvo y humedad. Se respiraba la falta de aire y el encierro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego, como sucedía cada día, el silencio era interrumpido por los toscos, brutos y descuidados pasos de Juana. Siempre estaba moviéndose de aquí para allá, conociendo cada rincón de la casa más por costumbre que por ayuda de la escasa iluminación del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día, cuando ella pasó a mi lado, desde abajo busqué su mirada pero rápidamente me encontré viendo sólo su sombra. No me animé a llamar su atención. Continué en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero mi necesidad me quemaba, así que me moví. Me ubiqué en su camino, en el medio del habitual recorrido. Cuando Juana volvía mi mirada escribió en sus ojos mis deseos de siempre. Mi súplica diaria. Entonces sus labios, arrugados por la dejadez y el paso del tiempo, me hablaron: -&lt;span style="font-style: italic;"&gt;¡Ni lo sueñes! No vas a ir a la calle. ¡Te quedarás aquí!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo al principio todo era armónico? ¿Cómo los abrazos tiernos pudieron convertirse en barrotes carceleros? ¿Cómo fue que caminar juntos por una vereda cualquiera era el mundo y de repente fue solo recuerdo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus palabras siempre me hirieron, pero esa vez, aunque llevaba tiempo sin sonar, su tono de voz registró la diferencia. Las palabras fueron como cuchillos acariciando mi carne viva, jugando con mi vida, remarcando quién decide el destino de quien. Y así sucedió todo. Di un salto y caí sobre su gordo cuerpo. Aunque soy pequeño el impacto logró que Juana cayera al piso. Quedé sobre su pecho. Me tome un segundo para observarla: su cara estaba pálida, sus labios temblaban y los pómulos parecían pintados de rojo, como uno de esos atardeceres que ya casi no veía. Me deleité con esa imagen recién descubierta, por un segundo que pareció una eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin dejar de mirarla, con el rencor acumulado por años y con una mezcla de amor y decepción, maullé. Maullé tan fuerte que giró su cara a un costado. Fue entonces cuando mi pata izquierda clavo sus garras en el esponjoso cachete. Inmediatamente, con solo dos saltos, estuve en la ventana. Juana, aún temblando y con la cara y manos ensangrentadas, levantó la persiana, poniendo punto final a la encrucijada. Nunca más la volví a ver. A veces, la libertad está a un grito de distancia, a un salto del presente. Supongo que para los humanos también.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1079911587806324628?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1079911587806324628/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1079911587806324628' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1079911587806324628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1079911587806324628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/02/grito-de-libertad.html' title='Grito de libertad'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-614692718846978250</id><published>2008-01-28T12:27:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T20:06:41.180-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>La voz en el árbol</title><content type='html'>Desde que tengo memoria estuve en el mismo lugar. A mi alrededor había algunos arbustos; seres conformistas que no precisan de la altura para su felicidad. Debajo, una extensa pradera verde salpicada de margaritas que, como espejos, guardaban las nubes y el sol. A un lado, el mar me susurraba suave y a veces enérgico, al otro, las montañas guardaban para sí la nieve del invierno y sólo la soltaban cuando se hacía agua en sus manos. Esquivándome, como en una mejilla acostumbrada al llanto, el arroyo dejaba escapar las lágrimas de la montaña al consolador regazo del mar. Y arriba mío, arriba mío siempre el sol, que me quemaba por fuera y me movilizaba por dentro. Y claro, las nubes me regalaban el esporádico descanso. ¡Era todo tan bello así!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando las nubes me cubrían entendía, por lo fresco que se volvía el viento, porqué a tantos les gusta descansar bajo mis ramas. Si supieran las cosas que uno se entera: Cosas lindas, cosas feas, verdades, mentiras, promesas eternas, promesas ya muertas antes de nacer, declaraciones de amor, rupturas. Todo lo que escuché fue muy enriquecedor, tanto como los diversos paisajes y estadios de la naturaleza, incluyendo noches sin luna, tormentas y grandes vendavales, que no hacían más que fortalecerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por suerte tenemos garantizado este estilo de vida; el gobierno no permite talar árboles mientras conserven vida plena. Pero tenemos otros peligros. Si pudiera hablar advertiría ¡Ojo con las voces que vuelan! Pues algunas son muy dañinas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos han caminado sobre mis raíces, hasta he soportado que escriban efímeros enlaces de nombres en la corteza de mi cuerpo, aves me han elegido como su hogar, insectos vivieron conmigo y muchos otros esporádicamente compartieron su tiempo en mis ramas, en mi sombra, en mi espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cuidado con esas voces que uno no puede determinar bien de donde vienen! Yo escuché con atención y ahora, ahora nada es igual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz me contó como es el mar, como se siente el viento justo arriba de la rompiente y del espumeante sabor de la ola al encontrarse con su compañera. Me habló de las obras de arte que la nieve dibuja teniendo a las montañas como lienzo. Me explicó lo vertiginoso de cruzar el arroyo contra la corriente y desafiar a la naturaleza. Me contó que más allá del verde nuevos paisajes esperaban ser vistos por quien realmente quiera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La voz me invitó a ser libre, a luchar por mi destino, a romper las ataduras y dejarme ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue en ese momento cuando comprendí que no era libre. Porque no podía correr a evitar que las olas rompan en la playa, porque no podía volar sobre las montañas, porque no podía jugar con la naturaleza en el arroyo, porque solo podía conformarme con ver los paisajes que mis ojos llegaban a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Porqué mis raíces me atan? ¿Porqué no las puedo quitar de la tierra y correr? ¿O agitarlas fuertemente y volar con ellas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Concluí, con total convicción, que era infeliz. Y por más que lo intenté no pude cambiar mi destino. Entonces, por primera vez en mi vida, mis ramas aparentemente tristes de sauce llorón eran sostenidas con desgano por un realmente triste sauce llorón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gasté todas mis fuerzas en ser libre y conseguí ser más esclavo que nunca: mis ramas comenzaron a perder hojas, mi tronco a perder capas como envolturas de papel, dejé de sentir la tierra húmeda; estaba muriendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, el mar solemne siempre con su murmullo, apenas igualado por el triste o alegre llanto del arroyo. Las montañas siempre tiñéndose y destiñéndose de blanco. Las praderas más verdes y salpicadas que nunca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y yo muriendo al dejarme llevar por la ambición, por comprar sueños de otros. Creí estar consiguiendo un pasaporte a la libertad, pero en realidad morí por una angustia innecesaria en el oportuno momento más fibroso de mi madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, la dulce voz está visitando otro bosque y yo, siendo mi propio ataúd, navego legalmente rumbo al aserradero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-614692718846978250?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/614692718846978250/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=614692718846978250' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/614692718846978250'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/614692718846978250'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/01/la-voz-en-el-rbol.html' title='La voz en el árbol'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-5621807862327809994</id><published>2008-01-18T12:03:00.001-02:00</published><updated>2009-01-11T19:00:10.446-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ciencia ficción'/><title type='text'>El barco de Noelia</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt;Noelia estaba muerta. Al menos eso indicaban los registros de Xsturion, el sistema informático en el que estaba basado el mundo entero. Estaba muerta, como otras 282 personas en diferentes lugares del mundo, porque sus padres no la registraron al nacer para evitar la inserción del chip Quasar, obligatorio para todos los vivos, y única forma de vivir en sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Por eso, Noelia y el resto de los chipless, se transformaron en parias, relegados de la sociedad e ignorados por todos primero, y en rebeldes y enemigos del sistema después.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Nadie creía en la existencia de los chipless porque normalmente no se percibía, no se veía, a alguien sin Quasar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El chip era, en realidad, un transmisor-receptor y un estimulador de redes neuronales cuyo poder crecía junto a las capacidades de cada persona. Cada veintitrés días se enviaba nueva programación a los Quasar de todas las personas del mundo. Cada uno recibía la actualización que le correspondiera, según su estado actual de desarrollo y de acuerdo al perfil de ciudadano que tuviera asignado. A través de esta programación las personas incorporaban conocimientos y habilidades, características de conducta y personalidad, orientación de pensamientos y opiniones, deseos y pasiones, gustos y rechazos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Gracias al masivo uso del Quasar, la elección de parejas quedaba en manos de los padres. Cuando un joven cumplía dieciséis años a sus padres se le presentaban diferentes perfiles para que seleccionen uno. Si los padres de la otra persona estaban de acuerdo, en la próxima actualización del Quasar (QU, Quasar Update) se incorporará la información a los pretendientes. Se propiciará el contacto –aparentemente casual- y los pretendientes resultarán enamorados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; La cantidad de profesionales en distintas áreas, de obreros y empleados, era la justa y necesaria. Rara vez había desfases ya que el consumo estaba controlado desde el origen, desde el deseo de compra. No había abogacía, ni marketing, ni ventas, ni docencia, y mucho menos filosofía. Tampoco había desocupación. La sociedad era un enorme reloj donde cada engranaje contribuía con precisión a que el tiempo siga girando, bajo la tutela de Xsturion.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Allí, al corazón de la sociedad, al grupo de computadoras Xsturion, Noelia y los chipless dirigirían su ataque. Como los románticos tradicionalistas que eran, deseaban libertad para todos y formar una sociedad auténtica, con aciertos y errores, con aprendizaje y con conciencia colectiva; dejar de ser autómatas, máquinas-herramientas al servicio de los Coders. Los Coders eran el grupo de programadores y administradores de Xsturion, la única casta alta de la sociedad, que eran desconocidos por todos los ciudadanos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Los chipless dedicaron décadas de estudio a comprender el complejo funcionamiento de Xsturion y encontrar la forma de vulnerar su seguridad. La información sobre el funcionamiento de Xsturion solo podía conseguirse de alguien con Quasar; y los únicos con chip que podían ver a los chipless eran sus padres. Ellos contribuyeron y así pudieron conocer Xsturion y preparar el ataque único y definitivo. Les tomó treinta y cinco años de estudiar y compartir información vía e-mails encriptados. Finalmente, el momento de la liberación había llegado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El código de ataque ingresaría a Xsturion a través de sus padres. Más de quinientos fragmentos de código que se activarían con la próxima QU. Los chipless esperaban ansiosos, y sus padres algo temerosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Sin embargo, nada sucedió el día previsto. Con sorpresa, comprendieron que el QU se realiza cada veintitrés días, pero en fechas diferentes, comenzando a contar desde el injerto del Quasar. Había que esperar para que el código suba completo y se active. Los siguientes veintitrés días los vivieron expectantes, aunque el tiempo libre dio lugar a la especulación. ¿Cómo nos verán los ciudadanos cuando ya no tengan programación? ¿Nos reconocerán como pares? ¿Olvidarán su vida Quasar? ¿Se adaptarán a ser dueños de sus actos?, se preguntaban.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pasaron los veintitrés días, con suerte de que ningún Quasar portador de código falleciera, ni que Xsturion detectara la modificación. El código intruso cambiaría la codificación que identifica a cada Quasar, con lo cual ningún QU sería posible ya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pero no funcionó. Los QU siguieron realizándose, aunque con identificadores cambiados. Ningún ciudadano recibió el QU propio, sino el de otro, o alguno nuevo. En diferentes lugares la gente comenzó a comportarse de forma extraña, y por primera vez en mucho tiempo, aparecieron los conflictos. A los quince días el mundo era un caos, porque hasta quienes debían ayudar a los desquiciados estaban fuera de sí. Se sucedían accidentes y juegos fatales; la muerte se hizo frecuente, nadie podía detenerse ni controlar a los demás. Los Coders intentaban sin éxito corregir el problema y los chipless se escondieron por un tiempo de sesenta días, como habían planeado hacer si surgía algún inconveniente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Dos meses después, al salir de los bunkers, el panorama era desolador, aterrador, apocalíptico. Todos los Quasar habían muerto. El aire era irrespirable, la descomposición intoxicaba todo y atraía a cientos de animales e insectos. Noelia y cuatro chipless corrieron hacia el mar, esquivando cadáveres. El mar traía aire limpio a la costa. Pero no podían quedarse. Debían unirse a los chipless de otros lugares del mundo, y solo podrían viajar por agua. Buscaron un barco de madera y escribieron, a babor y a estribor, “Noelia”; palabra que los otros grupos sabrían identificar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mientras se alejaban de la ciudad comprendieron, al mirarse entre sí y encontrar lágrimas en todos los ojos, el tremendo crimen que habían cometido. Habían matado a sus padres, quienes le dieron mejor vida al excluirlos del Quasar. Habían matado a toda la humanidad, una sociedad equivocada, pero que merecía algo mejor. Sólo esperaban que esa culpa vaya perdiendo peso poco a poco, y les permita, al juntarse con los otros chipless, comenzar de nuevo, crear una sociedad libre. Aunque sin olvidar que los Coders no eran Quasar, y probablemente estén vivos, en algún lugar del planeta.&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-5621807862327809994?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/5621807862327809994/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=5621807862327809994' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5621807862327809994'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/5621807862327809994'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/01/el-barco-de-noelia.html' title='El barco de Noelia'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1771507151327734389</id><published>2008-01-17T09:50:00.002-02:00</published><updated>2009-01-09T20:06:41.181-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>Fotógrafo</title><content type='html'>Marcelo era fotógrafo de tiempo completo. Vivía de las constantes fotografías que los turistas se llevaban como recuerdo de su estadía en el pueblo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pueblo, pequeño pero con muchos atractivos, lo mantenía ocupado; mitad del tiempo trabajando, mitad en admirar recónditos lugares o fotografiar viejos y conocidos paisajes desde otra óptica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Marcelo le encantaba confundir el objetivo con el paisaje, como la copa de un árbol en la pradera, el mar en el cielo y las blancas palomas en las nubes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero claro, él nunca aparecía en las fotos, estaba detrás de la cámara. -¡Mejor así! –se decía, por temor a confundirse en el paisaje, a mimetizarse con el objetivo, a pasar desapercibido, a no destacar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él recorría uno a uno los lugares turísticos cuando no había visitantes para explorarlos y conocerlos en detalle. Así fue que recreó la visita a la estatua de la plaza abandonada. A pesar de la falta de mantenimiento la esfinge seguía siendo casi idéntica a un humano, en proporciones y detalles, de color blanco y con sombras en varios tonos grises, y resaltaba sobre el tupido árbol que la escoltaba. Esperó mucho tiempo para encontrar tomas donde la blancura del esbelto cuerpo se hiciera nube, donde sus sombras fueran árbol y sus brazos ramas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de reveladas observó detenidamente cada fotografía; de manera general primero, detenidamente después y por último dejándose llevar por las figuras y colores, como quien se concentra en el paisaje de un rompecabezas esquivando de la vista las líneas que separan cada pieza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y fue en esta última fase de cada foto donde el resultado se hizo visible y sobrevino el asombro. Lejos de encontrar la estatua fundida en el paisaje, a primera vista surgían otras imágenes. La estatua y la nube eran un rostro blancamente barbudo, con mirada serena e implacable. La foto de la estatua y el árbol le permitía ver una mano abierta, con los dedos hacia arriba, el índice buscando llegar más alto y el brazo como escondiéndose.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente, después de las tradicionales fotos con viajeros y mientras la noche pintaba de oscuridad el cielo, Marcelo volvió con su cámara a ver la estatua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y allí estaban nuevamente cada una de las imágenes. El rostro serio y lleno de años y la mano, aún más oscura que en la foto. Ya no podía ver la estatua; solo dos imágenes se alternaban de acuerdo a quien, momentáneamente, sol o luna, ganara la pelea por la iluminación del lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo, quizá para cerciorarse si la visión cambiaba o por simple atracción, fue acercándose a la estatua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Él quedó de pié frente a la estatua o, mejor dicho, frente al rostro o la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue en el momento en que la luna se convirtió en el único farol de la noche cuando Marcelo notó que estaba parado sobre una placa de bronce ya que el viento de la tormenta que se acercaba levantó algunas hojas descubriendo el texto, nuevo para él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo, que sentía su confusión tan vívida como su respiración pero tan molesta como el viento con polvo que en ese momento soplaba, vaciló. El siempre quería destacarse, pero estaba oculto del otro lado de las fotos. Deseaba ser el plato principal, pero se quedaba siempre en la cocina. Quería tener la experiencia de los años, pero escondía la mano antes de aventurar algo nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tormenta avanzaba tan rápida como la noche. La lluvia mojaba y hacía brillar todo. Entonces, con los ojos llenos de cristal, Marcelo se apartó de la placa y leyó. El nombre era ilegible, había sido borrado por los años, pero debajo decía “&lt;span style="font-style: italic;"&gt;quien no se animó a ser, destinado solo a ser parte de otros&lt;/span&gt;”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marcelo se quedó pensando, mirando con los ojos cerrados. La tormenta pasó con furia y la plaza recibió las luces del nuevo día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se volvió a ver al fotógrafo: según dicen, se confundió con el paisaje, pasó desapercibido, siguió sin destacar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante el día, el nuevo contingente de curiosos turistas revisó cada centímetro de la tradicional plaza donde, aún mojada, estaba la estatua. Al mirar la placa de bronce leyeron &lt;span style="font-style: italic;"&gt;“Marcelo, quien no se animó a ser...”&lt;/span&gt;.&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1771507151327734389?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1771507151327734389/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1771507151327734389' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1771507151327734389'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1771507151327734389'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/01/fotgrafo.html' title='Fotógrafo'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6746218421861947515</id><published>2008-01-07T15:14:00.001-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.879-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Como un árbol</title><content type='html'>Desperté en lo que parecía una habitación en penumbra. Lo que supuse techo estaba bastante cerca para serlo. Todo se balanceaba suavemente, incluyendo las paredes a mi costado. Refregué mis ojos y me sorprendió el roce de puntillas en mi puño. Intenté incorporarme y mi cabeza golpeó la madera. Ya no estaba en el hospital.&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;      &lt;p class="MsoNormal"&gt;Empujé la tapa con ambas manos y sólo conseguí avivar el olor a café. ¡Yo sólo estaba enfermo!&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;      &lt;p class="MsoNormal"&gt;Como un perro que desentierra un hueso comencé a raspar con mis manos la madera al tiempo que escupí un grito mudo. Supe tener un buen cuerpo, pero ahora solo los brazos me respondían.&lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;!--[if !supportEmptyParas]--&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;      &lt;p class="MsoNormal"&gt;Varias uñas fueron cayendo sobre mi pecho en el intento, pero seguí raspando ¡tenía que ver el sol y detener el balanceo! &lt;span lang="ES-AR"&gt;&lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;      &lt;p class="MsoNormal"&gt;Ya sin uñas y con sangre en el cuerpo fui perdiendo fuerzas. En un lento degradé me fundí con el café y, aún a oscuras, pasaron ante mí algunas imágenes y situaciones de mi vida: el placer de los paseos en bicicleta en los viejos tiempos y la sensación de que nada más importa, como  cuando era bebe y me dormía en los brazos maternos, mientras me acunaban de un lado a otro. Ese mismo movimiento que ahora mismo estaba dejando de percibir, mientras cerraba los ojos, esta vez por dentro, esta vez por siempre.&lt;span lang="ES-AR"&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;   Fue entonces cuando salí del encierro. Subí sin esfuerzo y vi la escena desde arriba. Seis personas habían encontrado la forma de caminar tomados de la mano entre sí, y todos conmigo. Pude decirle algo a cada uno sin siquiera mover los labios. Quería que piensen en otras cosas, que no sufran. El espacio que circundaba a cada uno estaba lleno de humo blanco, menos el del médico y su asistente, cubierto de un halo negro. Sin embargo yo estaba lejos del rencor. Sólo sentía pena por quienes debían vivir rodeados de oscuridad. Aceptaba mi destino mientras que, como un árbol creciendo, estaba cada vez más cerca del sol que de las raíces terrenales.&lt;span style=";font-family:&amp;quot;;font-size:12;"  lang="ES-AR" &gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6746218421861947515?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6746218421861947515/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6746218421861947515' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6746218421861947515'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6746218421861947515'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2008/01/como-un-rbol.html' title='Como un árbol'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-4143330145010345381</id><published>2007-12-21T11:51:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.879-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>La rosa robada</title><content type='html'>&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt; Esperaba paciente que el sol se transforme en brasas, que la luna esté aún desperezándose y que ningún farol esté encendido. Ese era el momento del cambio de turno del personal de seguridad; el instante más adecuado para ingresar de improvisto en la mansión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Las señales gritaron al unísono la llegada de la hora. Sus pequeñas manos levantaron el tejido y como un roedor se arrastró en el piso. A pesar de algunos raspones pasó bajo los alambres. Cuando se puso de pie y vio el horizonte morado –más como uva que como naranja- sintió urgencia. Temiendo que la noche lo sorprenda corrió sin pausa por un camino de tierra. Agitado llegó al jardín de la casa y se quedó detrás del rosal. Había gente cerca así que permaneció agachado, acurrucado, en cuclillas, como un bicho bolita. Luego, con movimientos suaves, buscó la rosa más colorida. Muchas habían cerrado sus alas pero otras aún buscaban el último beso de febo. Tanteando el tallo buscó un lugar sin espinas en la rosa y aplicó presión. La miraba unos segundos y decidía si quedársela o ir por otra. Habitualmente cortaba cuatro o cinco flores hasta encontrar la que él consideraba más bonita.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la garita de seguridad, los guardias repitieron el diálogo diario: -¿Alguna novedad? –No, la tarde fue tranquila, como siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente la rosa de labios abiertos, de aroma fuerte y colores intensos, la elegida, era la única aún en sus manitos. Amparado en la ausencia de luz se alejó paso a paso, mezclándose sigilosamente entre los arbustos, a la par del camino empedrado, hacia la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Uno de los guardias lo vio y, alarmado, le comentó a su compañero: -¡Me parece que ahí está el guacho otra vez!&lt;br /&gt;  -Ojo, el chico tiene madre, ¡no está solo eh! –aclaró Juan.&lt;br /&gt;-Ah, si, Natalia, yo la “conocí” hace como cinco años ¡linda mina! –Sonrió e hizo un gesto grosero moviendo las manos. Juan clavó la mirada en su compañero y giró la cabeza intentando negar lo pasado, rechazando su actitud-. Me quiso encajar un pibe y rajé.&lt;br /&gt;–Bueno, firmemos el libro de novedades. –apuró Juan, que no quería seguir con el tema.&lt;br /&gt;  -Si, pero esperá que esta vez lo voy a agarrar al mocoso.&lt;br /&gt;-No, dejá que yo lo voy a buscar, vos revisá el libro. –Juan sabía muy bien el camino que el chico elegía para salir, y fue en su búsqueda por otro lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño continuaba avanzando a paso lento, despreocupado, y se detenía tras cada arbusto que encontraba. Entre la vegetación se cercioraba que nadie esté cerca, y volvía a caminar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al volver, Juan, sin querer, lo descubrió con su linterna, dejándolo expuesto, con sus ojos frescos observándolo, inmóvil, y con la rosa de siempre en la mano. El hombre, sabiendo que la rosa era para su madre, le indicó con la mano que siga su camino, y luego cambió la dirección de la interna. ¿Cómo no dejarlo ir? Si deseaba ser él mismo quien alcanzara una rosa hasta las manos de esa mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Se escapó de nuevo –dijo Juan, y cuando su compañero lo miró desconfiado encontró en sus ojos la misma mirada del niño-, tiene mucha habilidad para escaparse, casi como vos.&lt;br /&gt;-Ja, ja... vos nunca te escapas y ni siquiera buscás lo que querés. Si te ponés las pilas vas a conseguir lo que quieras. Y si no te escapas como yo, ¡lo vas a conservar!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan se acomodó en la garita, y miró el parque, deteniéndose en las rosas caídas, iluminadas por faroles y luna, las que no llegarán a las manos de su mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esa noche pasó lentamente. Deseaba llegar a su casa más que nunca. Y regocijarse al encontrar a su mujer despierta, esperándolo para desayunar, a su hijo de soltera aún durmiendo, y la rosa en la mesita de luz, que durante una semana regalaría color y aroma a la secreta familia.&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-4143330145010345381?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/4143330145010345381/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=4143330145010345381' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4143330145010345381'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/4143330145010345381'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/12/la-rosa-robada.html' title='La rosa robada'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1584082874303623937</id><published>2007-12-13T09:52:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.879-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>A la caza de la casa</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt;¡Riiing! ¡Riiiiiiing!&lt;br /&gt;  Conocía ese timbre más que a su propia voz. Treinta años viviendo en el mismo barrio de Buenos Aires, en esa casa que casi fue rematada, y que ahora estaba llena de soledad. Desde que Oscar falleciera, hace dos años, Ana quedó inmersa en una oscura depresión de la que recién ahora estaba saliendo gracias al tiempo y la ayuda psicológica.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Los perros ladraban a lo lejos y el timbre volvía a gritar la urgencia del llamado.&lt;br /&gt;  ¡Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiing!&lt;br /&gt;-¡Ya va! ¡Ya va!&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Ana quitó la traba, dio vuelta la llave y empujó la puerta hacia dentro de la casa. Cuando lo vio sus ojos se desorbitaron. La imagen venía del pasado, pero ahora lo tenía frente a frente, como tantas veces. Sin soltar el picaporte dio un paso atrás y las piernas dejaron de responderle. Todo se hizo gris, un zumbido tapó sus oídos y terminó en el suelo. Oscar, que seguía siendo gordo, pesado y torpe, la ayudó a incorporarse del repentino desmayo y la llevó al sofá.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  -¡¿Cómo puede ser?! ¡Vos! –Ana no entendía si estaba delirando,  soñando, o si realmente Oscar había revivido.&lt;br /&gt;  -Entiendo Any, que verme te sorprenda. Pasaron casi dos años –Oscar hablaba con parsimonia y seguridad, sin dejar de mirar los ojos de ella.&lt;br /&gt;  -¿Qué pasó? ¿Dónde estuviste? -Los días grises, la sensación de que nada más importa, el dinero abundante pero la dolorosa falta de compañía, todo volvía a la mente de Ana-. ¡Yo estuve tan mal...!&lt;br /&gt;  -Any, yo te di mi palabra; nadie nos quitaría nuestro nidito de amor, ¡éste es nuestro hogar! –dijo Oscar, mientras movía las manos, enérgico.&lt;br /&gt;  -¡No me mientas! -Como un balde de agua fría el entendimiento cayó sobre Ana-. ¡Fingiste todo! Y yo acá... ¡llorando por vos!&lt;br /&gt;  -Lo importante es que ahora estamos juntos, que salvamos la hipoteca y tenemos el dinero del seguro.&lt;br /&gt;  -¡Sos una basura! –Ana gritó enfurecida. Hacía minutos estaba asombrada, quizá hasta contenta de verlo nuevamente; y ahora que veía sus reales intereses, Oscar estaba muriendo por segunda vez, ahora frente a sus ojos.&lt;br /&gt;  -¡Por favor Ana! Estuve fuera del país dos años, lejos tuyo; ¡yo también sufrí! –Ana se puso de pié y caminaba sin despegarle la mirada-. Ahora tenemos que aprovechar el tiempo. Te propongo mudarnos a Panamá: con la venta de la casa y la plata del seguro ¡estaremos bárbaro!&lt;br /&gt;  -¡Ya veo que lo único que te interesa es la plata!&lt;br /&gt;  -No Any, quiero que estemos juntos.&lt;br /&gt;  Ana se inclinó hacia él y con las manos en la cintura le gritaba, le reclamaba:&lt;br /&gt;  -¡Quedáte acá entonces! ¿No hablábas de esta casa como nuestro nidito de amor?&lt;br /&gt;  -Acá estoy muerto Any. En Panamá tengo una identidad, podemos empezar de nuevo.&lt;br /&gt;  -No en la clandestinidad. Blanqueá tu situación y luego nos sentamos a charlar. Si no haces vos la denuncia, la hago yo.&lt;br /&gt;  -Eso no te conviene Ana. Fuiste la única beneficiaria de mi muerte.&lt;br /&gt;  -¡No pienso ser parte de este infame chantaje! ¡Andáte ya mismo! Viví todo este tiempo sin vos, ¡puedo seguir haciéndolo!&lt;br /&gt;  -¿Estás con alguien no? ¿Es por eso?&lt;br /&gt;  -¡Andáte ya!&lt;br /&gt;  -Si, ya vas a tener noticias mías. Esta casa aún me pertenece y el seguro también. ¡Voy a recuperar todo!&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  A pesar de la advertencia, Ana fue a la comisaría a efectuar la denuncia. Con una sonrisa contenida, el oficial se desentendió del tema:&lt;br /&gt;  -¿Su marido? ¿Pero si murió hace dos años? Quizá le convenga ver a un psicólogo, en estos casos...&lt;br /&gt;  Sin dejarlo terminar, Ana fue a la compañía de seguros, donde sí la escucharon. Preguntaron todos los detalles de la extraña visita, otros de cuando vivían juntos y algunos del período en que Oscar no estuvo. Iniciaron una investigación. La compañía fue querellante y Ana declaró como testigo el mismo día en que viajaba.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;  Dos meses después, radicada en su nueva casa, se enteraba que finalmente Oscar fue apresado y luego juzgado por fraude y falsificación de documentos. Y que esa semana vencía el plazo para pagar fianza y evitar la prisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La casa estaba llena de luz y de vida. Quedaba en Palmas de Mallorca y desde allí se veía el mar. Fue costosa, pero con la venta de la vieja casa y el dinero del seguro resultó sencillo encontrar un buen lugar para vivir.&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1584082874303623937?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1584082874303623937/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1584082874303623937' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1584082874303623937'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1584082874303623937'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/12/la-caza-de-la-casa.html' title='A la caza de la casa'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-3846545381358388613</id><published>2007-12-10T17:23:00.000-02:00</published><updated>2009-01-09T20:08:04.879-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Conexión terrenal (armonía con la naturaleza)</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;Es la hora dorada. El sol se esconde y lo que queda de él tiñe de rojo la vegetación. El cielo indeciso se pinta de plomo. Pronto vendrá la noche. Todas las señales indican que el ritual comenzará enseguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una docena de personas se sientan en círculo y tomadas de la mano miran al centro, aún vacío. Los minutos pasan llevándose la iluminación de color, dejando sólo a la luna actuando de farol nocturno, pero nada nuevo sucede aún.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De repente, el hombre de túnica oscura se acerca, se ubica en el centro, y sin mirar a nadie, con la cabeza apuntando al cielo, comienza a bailar. Se desplaza de un rincón a otro del círculo de personas inclinando su cuerpo hacia un lado y otro, girando y gimiendo palabras extrañas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si no lo vieran hace el gesto acordado, y se acciona el equipo oculto en la vegetación. En segundos, el lugar se llena de humo frío, y sus movimientos se hacen más místicos aún. Él sigue bailando, cada vez con movimientos más exagerados. Elige a la primer persona y la ayuda a ponerse de pié. Danza a su alrededor y emite los monosílabos necesarios. Nadie sabe cómo, pero al momento en que cada persona se levanta se encienden múltiples haces de luz que surgen desde la tierra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El estruendo del trueno y la ráfaga de luz dejan inmóvil al orador que cae de rodillas, en el mismo momento en que se parten las ramas de los árboles circundantes, y rompe en llanto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La parte que sigue ya la conozco: la excusa de que alguien tiene un conflicto con la naturaleza y será necesaria una nueva sesión de “Conexión Terrenal” para encontrar armonía, pero cada uno en un grupo distinto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estas notas de audio me serán muy útiles para aprender el oficio. Mi padre ya está viejo y pronto deberé reemplazarlo para continuar sin interrupción, el negocio familiar que comenzó mi bisabuelo; la venta indiscriminada de ilusiones efímeras, que como velas iluminan la esperanza de armonía hasta que el viento apaga la llama de falsa conexión, entibiando la cara de personas crédulas, que escuchan lo que quieren oír, y sienten lo que buscan sentir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-3846545381358388613?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/3846545381358388613/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=3846545381358388613' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3846545381358388613'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3846545381358388613'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/12/conexin-terrenal-armona-con-la.html' title='Conexión terrenal (armonía con la naturaleza)'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7955502775601660731</id><published>2007-12-05T21:12:00.001-02:00</published><updated>2009-01-11T18:50:11.987-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>El sueño encadenado</title><content type='html'>Nada podía ser más inspirador que una cabaña de ciprés, escondida entre montañas y al lado de un lago de deshielo. Allí estaba yo, rodeado de cálida madera llena de nudos y plieges, dispuesto sólo a alimentarme y escribir. Allí no había recuerdos; nada de familia, amores, deseos ni frustraciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me asombró que al final del día la primera hoja de la novela aún conservara su color blanco, como la leche de cabra del desayuno, ya que parte de la jornada la usé en conocer los alrededores de ese paradisíaco Edén que Jacinto y Elisa cuidaban, cual Adán y Eva, como si de ello dependiera la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día bajaba su bandera roja marcando la llegada de la noche. Comencé a pensar en una protagonista para mi historia. En mi mente, la buscaba, hasta que, paso a paso, sigilosamente, se desplazó como un fantasma; sin rostro, sin cuerpo; y me sentí cautivado por ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz de luna explotaba en suaves ondas expansivas sobre el lago y, buscando a ese ángel negro que se ocultaba, caí en el sueño, al tiempo que la noche se recostaba en la montaña. Soñaba su cuerpo, laxo e indefinido al principio, estilizado y esbelto después, a medida que, como un dios, me bastaba desear los cambios para que se realizaran. Era cosa de brujería, o de la enorme relación de poder entre soñador y soñado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el sol matutino transformó mis ojos en marionetas del amanecer, abrieron la puerta. Llegué a ver la sombra de Elisa –que extrañamente me era familiar- y escuché el eco de su voz invitándome a desayunar. El desayuno fue exquisito: pan casero, dulce de moras y rosa mosqueta, té de hierbas, licuado de durazno y la escueta charla con los caseros. Jacinto quiso saber como elijo a los protagonistas de mis novelas, así que aproveche para contarles mi sueño, para rubor de Elisa y asombro e interés de Jacinto, que me llamó “artista plástico” y se quedó mirando la variedad de colores de la mesa, viajando más allá del desayuno, quizá ensoñado, y que terminó su travesía al levantar el rostro y cruzar su mirada con la de Elisa, cambiando inmediatamente de tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la intimidad de mi cuarto me dispuse a completar mi visión para comenzar a redactar. Cerré las ventanas y, tirado en la cama, forcé al sueño al presionarme los ojos. La duermevela me llevó en andas. La busqué y la encontré. Enseguida dirigí mi atención a su rostro sin cara y le pensé labios abultados, pómulos rojos bajo el cielo de un par de ojos celestes y pelo castaño, ondulado. Todo lo que pensaba lo veía. Ella era hermosa. Yo la contemplaba embelesado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ojalá que no puedas” escuché y de un salto me repuse en la cama. La voz ronca fue débil, pero clara y sentida, como pronunciada apretando los dientes. ¿Había sido en el sueño o fuera de él? No había gente en la habitación ni en el pasillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No volví a dormir ese día. Sólo fumaba y recordaba. El rostro perfecto y la silueta sensual se salpicaban con esa maldición que sonaba como un chapuceo que al mojarme rompió el sueño y la creación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron tres noches sin sueños hasta que volví al mundo sin gravedad, sin reglas, al embrión de mi musa, y ahí la encontré. Pero no parecía la misma. Sus labios eran delgados, el rostro alargado, el pelo lacio ¡pero era ella! Sentía su esencia en el aire, aunque la imagen era otra. El asombro inicial no me permitió notar lo evidente. La mujer era una copia de Elisa. ¡Pero yo no la creé así! Y mientras, asombrado, abría mis ojos, nuevamente la voz sonó como un redoblante de tambores graves y oscuros, con un tono dulzón que no lograba tapar la ronquera de años, -Al final no pudiste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comprendí que quien, hace tres noches, me anticipó que no podría, se estaba robando la mujer de mis sueños, modificaba mis deseos en el preciso momento de la germinación, quería cambiar las alas de mi mariposa cuando aún era crisálida, él buscaba que la musa sea Elisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo pudo ingresar a mi sueño y modificar mi creación? Pero yo todavía era el dios de mi mundo onírico, y tenía el poder de crear y terminar todo. Ella no era la que yo deseaba, y la maté. La maté porque era mía y estaba contaminada con los deseos de otro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y antes de recomenzar la creación quería eliminar el contaminante. En mi sueño, fui directo a buscar al intruso. Era Jacinto ¡en mi sueño! (sólo él conocía lo suficiente a Elisa como para moldearla con tanto detalle). Su gesto era mezcla de soberbia y orgullo, aunque yo esperaba decepción y enojo, por la muerte de Elisa. Intenté matarlo como hice con la mujer, pero sólo conseguía divertirlo. Insistí en matarlo de diferentes maneras y cuando sus risas eran carcajadas comprendí que era imposible. Entendí por qué él podía modificar mi sueño. Entendí por qué yo no podía matarlo. Entendí que yo no era humano; solo era su sueño y él mi soñador, mi único dios. Luego Jacinto abrió los ojos, llegó la luz blanca; y no recordé nada más.&lt;span style="font-family:Verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7955502775601660731?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7955502775601660731/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7955502775601660731' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7955502775601660731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7955502775601660731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/12/el-sueo-encadenado.html' title='El sueño encadenado'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1646898791875000770</id><published>2007-11-21T17:58:00.000-02:00</published><updated>2009-01-11T18:50:57.612-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>Las promesas</title><content type='html'>La reunión con Julián Ardino, su nuevo jefe, fue un éxito. Y además, luego de conversar del negocio, lo felicitó por su próxima paternidad y empezó, orgulloso, a hablar de su familia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   –Ella es mi mujer, -dijo Julián, señalando el cuadro en la pared- y éstos mis hijos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con los ojos dilatados y vidriados, Mariano no podía creer lo que veía. El pelo negro enrulado, la sonrisa perlada, y esa mirada mezcla de inocencia y picardía yacían en la foto, como un pasado que era lejano y familiar a la vez. Pasó la uña por la foto y raspó el vidrio, al tiempo que Julián, con palabras que fueron truenos primero y tormenta después, le confirmaba la duda: -Parece una mancha, pero es un lunar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras oía, Mariano repasó mentalmente. Recién al casarse pudo olvidar y quitar de su zapato la piedra de la desaparición inesperada de Mariela; pudo tirar al fondo de su memoria la carta de despedida, la que ella dejó abandonada sobre su cama vacía, escrita con hielo y leída en fuego, con líneas que como llamaradas devoraban los años de noviazgo y derretían en escurridiza agua la frase final, la promesa. Y ahí la veía, feliz, con su familia hecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiso desaparecer. De la oficina, de su pasado, de las mentiras, de las vueltas de la vida. Con el cuerpo tembloroso, miró el reloj y titubeando fingió recordar un compromiso. Incapaz de romper aquel silencio sin delatar su nerviosismo, se alejó de allí con la cabeza gacha, como un perro vagabundo, corriendo detrás de su pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se fue con culpa a su oficina. Sentado, con la cabeza inclinada, estrujó sus ojos hasta que un par de gotas recorrieron su mejillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su cabeza era una sucesión desordenada de imágenes rápidas y música confusa. Recordaba los labios de Mariela, las noches durmiendo abrazados con la futura madre de su hija, las letras de la carta de despedida, la ternura del olor a desayuno diario, los rulos del pasado sobre sus hombros, la imagen de la ecografía. Barajaba recuerdos como cartas en un mazo, buscando la escalera que explique la desazón y un comodín que le permita seguir adelante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La foto familiar volvió a su mente y la promesa de Mariela también; en la última línea de la carta, llena de lágrimas , el compromiso de inmortalizarlo en el nombre de su hijo; y la voz de Julián, presentando, inocente y altivo: -El mayor es Mariano y la peque es Laury.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   Miró hacia arriba, limpió su rostro, respiró profundo y llamó a su mujer, que enseguida consultó por la reunión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me fue bien. Mi jefe es Julián Ardino –del otro lado, la mujer tragó saliva y mordió el lápiz sin punta con el que jugaba-. Tiene una familia..., después te cuento bien. Yo estaba pensando, tenés razón, mejor elegí vos el nombre de nuestra hija, ¿si?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Gracias amor! La verdad, Juliana me gusta mucho más que Mariela. ¡Te amo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo también te amo, Lau.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-1646898791875000770?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/1646898791875000770/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=1646898791875000770' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1646898791875000770'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/1646898791875000770'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/11/las-promesas.html' title='Las promesas'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7128292707164997464</id><published>2007-11-08T21:10:00.001-02:00</published><updated>2009-01-11T18:50:11.987-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>Recuerdos cruzados</title><content type='html'>&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Yo creí que caminaba, pero al ver los demás entendí que sólo me desplazaba. Como todos, iba buscando el rostro que coincida con mi recuerdo. La búsqueda podía durar unos instantes o una eternidad. Millones de almas se paseaban, todas iguales; se espiaban unas a otras, siempre en la búsqueda de su par para terminar el solitario recorrido, mientras iban soñando vidas nuevas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Teníamos memoria sólo para lo que pasaba durante la búsqueda. Y para el recuerdo que seleccionamos en el purgatorio. Ese recuerdo era lo único que nos unía con el mundo terrenal, y era lo único que nos podía hacer volver, solo que no sabíamos cuando sería, si sucedería o no. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Entre nosotros nos comunicábamos, aunque no puedo decir que hayamos conversado ya que no necesitábamos mirarnos y menos aún pronunciar palabras. Sólo sentíamos un mensaje y dejábamos nuestra respuesta en la esencia del otro, mientras los inexistentes sentidos descansaban con una música extraña y hermosa, unos relajantes colores de formas sinuosas, nubes que olían a hortensias y con aire puro y simple.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Algunas almas se marchitaban, como un jazmín fuera de su tierra, y era porque eligieron mal el recuerdo; se quedaron con el de alguien sin destino blanco, y se arrastraban autistas, disociadas, mutantes y sin sentido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Yo seguía deambulando, flotando por aquí y por allá, cruzándome con otros, comparando mi recuerdo con cada espectro, hasta que te sentí. En un momento estuvimos juntos, no tengo en claro si frente a frente, o uno en el otro. El cielo se nubló repentinamente y mis sordos gritos atronaron las nubes que lloraron lágrimas de un sentimiento sin nombre. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;Mi recuerdo me permitió reconocerte; sólo faltaba confirmar la coincidencia, el cruce de recuerdos que nos daría la nueva vida, nos arrojaría a un nuevo destino y nos empujaría a senderos diferentes; caminos que en algún punto se cruzarían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;En el medio de la tormenta y entre gritos ahogados sucedió. Dejaste en mí una fotografía que era un espejo de mi pasado, y te devolví mi recuerdo, que era también tu recuerdo. Ahora sí, tendríamos la fortuna de visitar la tierra en el mismo tiempo físico. Sin notarlo, tu imagen se había esfumado, y la mía también.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;En algún lugar del mundo dos bebes están dando su primer grito, la continuación del llanto celestial iniciado antes. Por ahora, ambos somos conscientes de todo, pero a medida que aprendamos a expresarnos con los medios terrenales, iremos perdiendo conciencia de nuestros orígenes. Y así llegará un día en el que, sin explicación aparente, cuando el destino nos ponga frente a frente sabremos que, en lo alto, los dos fuimos uno, y nos volveremos a unir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-AR"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7128292707164997464?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7128292707164997464/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7128292707164997464' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7128292707164997464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7128292707164997464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/11/yo-cre-que-caminaba-pero-al-ver-los.html' title='Recuerdos cruzados'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-3020093379817062071</id><published>2007-11-06T17:10:00.000-02:00</published><updated>2009-01-11T18:50:57.612-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>“Dos Mundos”</title><content type='html'>El manto de modernidad abrazó a medias al tradicional, costumbrista y añejo bar que, a partir de esa frustrada actualización, se llamó “Dos Mundos”.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mitad del salón, la que se extiende sobre la calle Salvador, cuenta con mesas oscuras, sillas de madera con detalles de cuero, gastado en partes, como la rodilla de un niño, pero siempre limpio. La iluminación es tenue y tiene la clásica atención del “Gaita”. El Gaita, con su metro y medio de tosquedad, a su manera, de tanto conocer a los clientes, se hacía querer. Nunca usó una birome pero siempre recordó cada uno de los pedidos. Siempre vestía igual; pantalón negro y camisa marrón cortada por el chaleco bordo. Arrastraba más eses que pasos y tenía más exabruptos que años, pero todos lo entendían.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro lado muestra mesas de vidrio verde labrado apoyadas en una estructura metálica, sillas ergonómicas de plástico, iluminación dicroica y focalizada en cada mesa y en los potus, que desde el cielorraso bajaban como una cascada de agua verde y daban vida al ambiente. Luciano era el mozo. Con más simpatía que conocimientos gastronómicos, le daba frescura a la atención, coherente con este lado del mundo, el moderno.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día me quedé en la barra  y pude observar al hombre de corbata gris y a la mujer de vestido beige. Cada uno se ubicaría a un lado de la frontera, entre los dos mundos.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El  hombre llegó con paso rápido. Empujó la puerta con familiaridad, como si fuera la de su casa. Sin demasiadas vueltas eligió lugar dejando su diario sobre la mesa, doblado en dos, como una bandera de conquista. Acomodó su cuerpo en la silla, acomodó el servilletero, el azúcar y el menú en el extremo más lejano de la mesa y se dispuso a hojear el diario. El Gaita tuvo que repetir dos veces su acostumbrada bienvenida “¿Qué le sirvo señó?” para que el hombre notara su presencia.  Sé que pidió un café bien cargado porque sentí el aroma fuerte, penetrante, como el olor a tormenta, mientras el Gaita se lo llevaba, en una desolada bandeja plateada, a su mesa. Le pagó al recibirlo, aunque al Gaita eso no le gustaba y refunfuño un poco. Luego comenzó con la lectura, cambiando cada tanto de página y de mano el diario, a veces acercándolo a su cara, otras acercándose él al papel apoyado en la mesa. Y ahí se quedó, absorto en ese sueño de noticias que lo llevaba al mundo y lo abstraía de él, y que ni siquiera se interrumpía para dar un suave y corto sorbo a la tacita de café, a mitad de camino entre la mesa y su rostro, en cámara lenta porque no quitaba la vista del diario.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La señorita ingresó con suavidad, mirando las diferentes mesas. Pasó por varias y las fue desechando hasta quedarse con la única que no lindaba con otra mesa ocupada. Y a pesar de estar del lado moderno se unía en diagonal con la mesa del tipo del diario. La mujer era alta, al menos más alta que Luciano. Llevaba un solero color beige que se confundía con su piel bronceada. Su pelo era lacio y llovido, negro con destellos azules al pasar bajo las dicroicas. Retiró la silla y empezó a cruzar las piernas mientras se sentaba, lentamente. Luego apoyó su diminuta cartera, que parecía una extensión de su vestido, en el borde derecho de de la mesa.   Enseguida Luciano se presentó y ella, con una sonrisa, hizo su pedido. Cuando el mozo se dio vuelta agregó –Mejor que sea capuchino, por favor.  Estuvo expectante, observadora. Con una sutil mirada recorría ambos salones, incluso cambio de lugar la cartera, quizá como excusa para girar un poco el cuerpo y ver el resto del lugar. Cuando Luciano se acercaba con el capuchino, el jugo y las masitas en perfecto equilibrio en su mano izquierda, ella estaba cambiándose de silla para ver el televisor, que estaba ubicado atrás y arriba del tipo de corbata gris.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recién en ese momento el lector empedernido despegó su vista del periódico y observó detalladamente a la mujer, sin intención de pasar desapercibido en su tarea, casi con tanta obsesión como con las noticias. Pero enseguida volvió a su habitual ocupación.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era muy fina tomando su café. Volcó con prolijidad un sobre de azúcar, revolvió y sin probar agregó la mitad del segundo paquete. Ambos sobres fueron depositados, casi guardados, sobre el cenicero. Tomaba la copa de capuchino al tiempo que alejaba el dedo meñique de la mano. Más que sorber apoyaba la copa en sus labios y se ayudaba con la fuerza de gravedad para saborear el cóctel de café, chocolate y canela, poco a poco. Entre cada uno de esos besos, y luego de apoyar sus labios en la servilleta de papel para después beber jugo de naranja, miraba atentamente la televisión.      Más o menos para cuando la mujer terminó su capuchino el tipo se mostró asombrado y ansioso. Miraba a la mujer y al diario alternadamente y una sonrisa apareció por primera vez en su rostro, bajo los negros bigotes.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La hermosa dama, que parecía sentir la mirada como una lluvia de rayos láser, a decir de su movimiento de ojos y cabeza, se incomodó. Cambió el sentido de su visión y se distrajo con una computadora de mano que extrajo del diminuto bolso. Pero cuando ella notaba que el dejaba de lanzarle dardos con sus ojos, levantaba la vista de la mini computadora y aprovechaba para observarlo. No se si por curiosidad, o que intenciones había pero cruzaban miradas. Ella alternaba la tele y su compu con el bigotudo; él quedó varado en una misma página y la analizaba sin descanso.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el hombre se levantó para ir al baño la dama aprovechó para acomodarse un poco más cerca de la mesa del bigotudo, y se quedó mirando la tele, con el cuerpo inmóvil y los ojos verdes llenos de brillo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Gaita, que siempre quería saber todo, pasó por la mesa y se enteró. Según me contó, en el diario estaba la foto de la mujer del otro mundo. Yo había escuchado esa noticia en la radio. La mujer hizo una importante donación a un hospital; era una exitosa empresaria textil.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre, con sus zapatos brillantes, prolija camisa blanca y la corbata que confirmaba la pureza de su estilo, volvió caminando con firmeza pero con una lentitud que no le era propia, como desfilando para una única espectadora.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella lo miraba venir, o miraba la televisión y marcaba diferentes gestos en su rostro. Luego llamó al mozo. Le pagó a Luciano y se fue rápidamente, con pasos cortos y veloces. Abrió la puerta, salió y no volteó la vista en ningún momento.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El de bigotes salió tras ella, sorprendido pero aún sonriendo, sin el diario, sosteniendo con su dedo en gancho al saco en su espalda, apurado.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por eso le dije al jefe que tenemos que unificar la estética del lugar: o todo moderno, o todo de estilo, pero no podemos mezclar dos mundos.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y recién cuando se apagó el ruido de las cucharitas, las tacitas sobre el plato, los vasos, cuando se alejaron los pasos de tacos y zapatos, pudimos escuchar en el noticiero el relato de la historia del semental estafador, o vividor, como le decíamos antes, y cuando miramos la pantalla vimos el identikit, igual, igual al tipo de bigotes. Y ya no podemos perder más clientes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-3020093379817062071?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/3020093379817062071/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=3020093379817062071' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3020093379817062071'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/3020093379817062071'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/11/dos-mundos.html' title='“Dos Mundos”'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-7389165693699036658</id><published>2007-10-23T12:28:00.000-02:00</published><updated>2009-01-11T18:50:57.613-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>El día de mi muerte</title><content type='html'>&lt;span lang="ES-AR"&gt; &lt;!--[endif]--&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;-Le quedan seis meses de vida –sentenció el doctor. Me quedé muy quieto y contuve el aliento mientras los ojos se llenaron de lágrimas. La muerte asusta, y cuando viene con tanta urgencia y con aviso previo, tiñe de angustia el último espacio de vitalidad. ¿Por qué no viene cuando sea y ya? ¿Por qué tiene que avisarme antes? Con cincuenta y cinco años, todavía me sentía joven y, aún disconforme con mi vida, tenía proyectos por delante. Pero en ese momento la oscuridad entró a mi ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con la mirada perdida volví a casa. Desde el taxi todos los edificios tenían el mismo color, la gente la misma cara, el aire el mismo olor, todo se sentía como recuerdo, todo sería recuerdos en alrededor de ciento ochenta días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empujé la puerta y entré. Toda la casa estaba oscura. La biblioteca llena de libros de lomo negro, el piso marrón oscuro y hasta la luz de la ventana estaba ennegrecida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo me pesaba y así fui a la cocina, arrastrándome como un cuerpo sin alma, agarrándome de las paredes casi sin pensarlo. De un manotazo arranqué todos los colgantes de la puerta: la cuota de la hipoteca, el resumen de la tarjeta de crédito y algunos imanes estúpidos. Abrí la puerta y tomé a borbotones el primer líquido que encontré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Intenté pensar en otra cosa. Encendí el televisor, la computadora y la radio. En medio de esa vorágine, entre el cielo y el infierno, me pareció escuchar a alguien recitando. Presté más atención:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“Si pudiera vivir nuevamente mi vida”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no, hasta en la radio me lo recordaban. Todo se complotaba, cada segundo que pasaba era uno menos, y esa fue la gota que rebalsó el vaso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“Correría más riesgos,&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;haría más viajes”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¿Saber cuando uno morirá, no es como nacer de nuevo a partir que uno se entera?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“...si pudiera volver atrás trataría&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;de tener solamente buenos momentos”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¿Podría condensar lo que me quedaba de vida en seis meses? Como si fuera fácil...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;“Daría más vueltas en calesita,&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;contemplaría más amaneceres,&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;si tuviera otra vez vida por delante”&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esas palabras, que rebotaron por toda la casa, cambiaron mi percepción del tiempo. Viviría lo que me quedaba con urgencia, con la desesperación que tenía cuando aún era joven y no importaba nada. Con el descaro de saber que ya no estaré aquí en poco tiempo, como cuando era adolescente e iba de vacaciones y todo, los romances, las amistades, los problemas terminaban al volver. ¡Que así sea!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese fue el momento de planear las últimas vacaciones. Sólo necesitaba tiempo y dinero. Empecé por obtener el tiempo que dedico a mi trabajo. Llegué a la oficina y entré con una sonrisa de oreja a oreja y fui directo a la oficina del jefe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Ah! ¡Apareciste! –comenzó a recriminarme, pero lo interrumpí enseguida.&lt;br /&gt;-Si, y sólo para decirle que no quiero volver a verle la cara. Que mi tiempo vale mucho más de lo que usted puede pagar. No vengo más y no se moleste en preparar la liquidación. No necesito su dinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonreí y me fui cantando. En el camino se oían murmullos, alguien comentó que gané la lotería, con mi famoso número de la suerte, y no me interesó corregirlos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya tenía el tiempo. Entonces pasé por el banco y retiré los ahorros. Quité del débito automático los gastos y di de baja todas las tarjetas y servicios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Y ahí, recién ahí, empecé a vivir la vida.&lt;br /&gt;Recorrí los mejores lugares: la majestuosidad de las Cataratas del Iguazú, la solemnidad del Tren de las Nubes, los relajantes paisajes del sur. También visité las Islas Galápagos, Francia, Madrid, Roma y Grecia.&lt;br /&gt; Viví las mejores experiencias; paseos en lancha, trekking, paracaidismo, bungee jumping y ala delta.&lt;br /&gt; Y, no voy a negarlo, conocí bellas mujeres, aunque no el amor; eso quedó en la anterior vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi ánimo era inagotable. Aunque ya tenía poco tiempo. Y poco dinero. Volví a casa, pero no pude entrar. Habían ejecutado la hipoteca. Me hospedé en un hotel y desde ahí arreglé mi partida. Las cosas de la muerte es mejor solucionarlas en vida: contraté un buen servicio fúnebre y un excelente lugar de descanso, acorde con una larga vida de trabajo y con seis meses de agotadora panacea. Escribí, de mi puño y letra, cartas avisando mi defunción y un destacado en el obituario del diario más leído.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante más de treinta años fui contador y tesorero; obviamente que tuve éxito con los gastos de esos seis meses. Faltaban sólo dos días y llegué con lo justo. No tenía sentido llevarme dinero al más allá. Me alcanzó para pagar el hotel y esperar la muerte, a quien, a esas alturas, esperaba ansioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Fue en ese momento cuando recibí la llamada en mi celular. Era mi médico.&lt;br /&gt; -¡Aún no me morí, Doctor! Pero ya tengo todo listo...&lt;br /&gt;-Augusto, ¡tengo buenas noticias! –Las palabras fueron latigazos, fueron más fuertes que el vértigo del bungee jumping, pero aún faltaba caer, y no sabía si la cuerda funcionaría.&lt;br /&gt; -Bueno, hubo un error administrativo, con el diagnóstico... en realidad ¡estás bien! ¡No te vas a morir!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así empezó mi calvario. Tuve que escapar del hotel y dormir en la calle durante tres noches. Luego enloquecí de odio y fui a ver al responsable, el que me quitó la vida y la muerte. No quiso atenderme porque no tenía turno. ¡Qué descaro! Pero esperé que terminara de trabajar; lo que me sobraba era tiempo. ¿Y sabe qué? Me trató de loco. Dijo que debería estar en un hospicio. Por eso mismo, ya que el doctor me mató a mi primero, seis meses antes, en el día que nunca llegó y también hace cinco días con su “buena noticia”, e intentó matarme en vida ayer mismo, al mandarme a un loquero. Por eso mismo, señor juez, es que no pueden acusarme de asesinato.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-7389165693699036658?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/7389165693699036658/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=7389165693699036658' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7389165693699036658'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/7389165693699036658'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/10/el-da-de-mi-muerte.html' title='El día de mi muerte'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-6640902201874117238</id><published>2007-10-22T12:13:00.000-02:00</published><updated>2009-01-11T18:50:11.988-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Fantástico'/><title type='text'>En_sueño</title><content type='html'>El despertador sonó a las siete en punto. Eran cientos de latigazos sin fin azotando los oídos. La pesada mano lo silenció y el resto del cuerpo empezó a tomar conciencia de sí mismo. Esa noche Jorge había soñado. Soñaba con frecuencia, pero esta vez se despertó perturbado e intrigado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ducha, el mate amargo y el frío de la mañana no podían quitar el sabor desconocido del sueño tan real. Se moría de ganas de contarlo a sus compañeros de trabajo, pero sabía que el suceso era tan extraño que se burlarían de él. Es que ellos eran los co-protagonistas de esa historia; la historia cuyo fin fue salvado por la campana a la hora en que cantan los gallos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegó a la oficina saludó a Mónica. Sintió irrefrenables deseos de contarle todo como respuesta  a la tradicional pregunta “¿Cómo estas Jor?”. Se mordió los labios cuando dialogó con Juan y se tragó el salado sabor del silencio al decidir no comentarle a Carlos. A él le preguntó: ¿Y Fernando? –Fer anoche trabajó hasta cualquier hora y creo que después salió con Laura. Seguro que llega más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge no acostumbraba a hablar mal de los demás, pero se animo a decir: -Este Fernando, siempre el mismo irresponsable. Nos va a meter en quilombos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los días comunes las miradas se cruzaban como rayos multicolores entre los cuatro empleados; guiños cómplices, comentarios cómicos, cargadas sutiles y otras sarcásticas. El clima era ameno y entretenido. Pero ese no era un día común. Las miradas caían, victimas de la fuerza de gravedad, en los escritorios llenos de papeles o directamente al piso alfombrado, donde se perdían en ningún lugar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge no creyó que algún día extrañaría el parloteo chillón de Mónica, los comentarios irónicos de Carlos y las serias, cortas y ácidas intervenciones de Juan. También ese día, algo diferente lo unía con sus compañeros de años. Algo distinto sucedía. Comprendió que no solo a él le pasaban cosas. O quizá estaba tan conmovido por el sueño que vivía las situaciones de forma diferente. Pero no le preguntó nada a nadie. Se mordió la lengua, se tragó las preguntas, digirió mil hipótesis y sacó de su maltratado y ulcerado estómago un poco más de paciencia. El sabía que era martes y todos los martes, desde que Fernando fue designado Jefe de Área, iban a cenar juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las horas laborales pasaban lentamente, decididamente, implacablemente como un buque trasatlántico rompiendo el hielo espeso tras el cuál hay aún más frío. Fernando no fue a trabajar. Era la segunda vez que Fernando no iba, pero la primera que no avisaba previamente. ¡Si se ocupaba de llamar por teléfono ante un simple retraso de cinco minutos! Fernando fue el único motivo de diálogo que integró a los presentes. Después de manifestar extrañeza concluyeron, como discurrió Mónica, que Fernando había decidido no trabajar pero que seguro iría a la cena; después de todo fue su idea y es el que más insiste en conservar la tradición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los quince minutos del rutinario viaje en taxi hasta el ya conocido restaurante tuvieron que soportar escasos y sobretodo muy superficiales diálogos. Sólo al taxista parecían importarle realmente los comentarios del tiempo, del tránsito y la inseguridad. A los pasajeros las palabras se les caían de los labios como baldosas pesadas, eran frases cortas como quien recién aprende un nuevo lenguaje y cerradas como cuando después de una discusión alguien no está interesado en seguir la conversación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco platos escoltados por cubiertos protegían el centro de la mesa redonda. Las copas se fueron volteando una a una para mojarse de vino tinto. El oscuro fruto de uvas entraba en las bocas en estado líquido y luego era expulsado en forma de tímidas palabras que buscaban más romper el silencio que ser oídas atentamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan, el contador, tan práctico y lógico, en esta oportunidad, con la copa dibujando recorridos de hamacas entre sus labios y la línea imaginaria de la vela de color, divagaba: “La luz es poderosa. Nosotros apenas si podemos lograr que el vino entre en nosotros, en cambio la luz logra entrar en las entrañas del vino, recordando los viñedos, su ausencia en el tiempo de estacionamiento...”. Carlos,  que apostaba a que el vino sea un gran tema de conversación, agregó: “Es arte. Miren. Las figuras que el vino dibuja al resbalar sobre el interior de la copa. Y siempre es distinto, según la textura, si es añejo, varietal. Es arte efímero, es trabajo y premio. Nace de un pequeño movimiento, se explaya rápidamente, impacta y se va de golpe. Es como un sueño”. Nadie respondió pero todos miraron los ojos de Carlos. Su comparación (él se dio cuenta) no fue bien recibida. Si él mismo sintió estar delatando en el temblor de sus labios lo que le pasaba. Después de juntar miradas en sus ojos, Carlos notó que sus compañeros se miraban entre ellos, asombrados de haber encontrado a los demás inquietados por lo mismo. El silencio se mantuvo hasta que el mozo la interrumpió con forzada alegría para preguntar si podía servir la comida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es lo mismo si no está Fernando –dijo Mónica. Jorge apoyó su espalda en la silla y entre dientes respondió. -Sí. Y además yo quería hablar con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan seguía callado y sólo miraba, como en un partido de tenis, quien lanzaba cada frase de un lado a otro de la mesa. Pero Carlos, titubeando, nervioso y sorprendido, rápidamente dijo: -Yo, yo también tengo que... hablar con él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vamos a seguir esperando -dijo Mónica sin mirar al mozo. En cambio Juan busco la mirada del anfitrión y señaló tímidamente la botella de vino, ya sin sangre en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mónica era sin dudas quien más soltura mostraba al hablar. Apenas si se notaban que los nervios corrían por sus venas, casi no se percibía que todo era difícil en ese día para ella. Quizá porque como encargada de ventas estaba acostumbrada a controlar sus emociones. Dicha lucidez le permitió comenzar a tirar las primeras piedras de lo que terminaría siendo un volcán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Fernando está teniendo problemas. Ayer me comentó algo. –Quienes bebían tragaron de repente. Los que solo jugaban con la copa en sus manos la depositaron en la mesa. Juan, que solo miraba, se apoyo de codos en la mesa y puso la pera sobre su mano derecha al tiempo que clavó su mirada en los labios de Mónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Me habló de un sueño, más bien de una pesadilla. Es algo recurrente, le impide dormir y los recuerdos lo atormentan cuando está despierto. Me pidió que lo ayude con algunas tareas ya que no está al mismo nivel que antes. Pero hoy yo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿También soñaste Mónica? –adivinó Jorge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Mónica asentía con la cabeza se escuchó el sí de Juan y él “yo también” de Carlos. Un clima de tranquilidad invadió la circular mesa como una luz cenital. El saber que todos compartían el mismo padecimiento los consolaba. Un consuelo de tontos frente a su mal compartido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mozo llenó las cinco copas del mejor vino tinto. Aquel al que los había acostumbrado Fernando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge no aguantó más y así como el cuerpo de un borracho expulsa aquello que le hace mal, empezó a vomitar palabras. –En el sueño... estaban ustedes, todos. Pero... sus caras, me miraban con desconfianza y expresaban maldad. Algo que nunca paso... Algo raro –Jorge hablaba rápidamente y terminaba las frases con suavidad y bajando un poco el tono de voz y el ciclo se repetía-, algo raro estaba por pasar. Algo yo iba a hacer, sus rostros se me acercaban cada vez mas... y sonó el despertador. No sé porque pero me angustié mucho. No comprendo, si no pasó nada en el sueño. Y tuve esas imágenes conmigo todo el día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para sorpresa de todos, Juan fue el segundo en hablar: -Era un cuarto pequeño, de 2 metros y medio por 3 metros. Todos nos apuntábamos con dedos acusadores. Pero el cuarto se iba haciendo más chico cada vez hasta que nuestros cuerpos se empezaron a chocar. Después sonó el despertador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Les propongo que escuchemos juntos el sueño de Fer antes de sacar conclusiones –sugirió Mónica muy decidida, mientras retiraba la servilleta sin usar de su falda. -¿Vos decís ir a su casa? –consultó Jorge.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salieron con gran entereza, uno detrás del otro, con impaciencia y ansiedad. Mónica guió el camino, era quién mejor conocía el camino a la casa de Fernando. Tiempo atrás habían sido pareja, aunque no por mucho tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge examinó detenidamente con su mirada a Mónica. Era una mujer que no aparentaba los 40 años que estaba estrenando. Elegante, en extremo femenina y con gran decisión. La observó elegir uno de dos manojos de llaves de su bolso y buscar aquella que abría la puerta de la morada de Fernando. Los 3 hombres solo tejían hipótesis sobre como tenía esa llave, más sabiendo que hace tiempo terminó la relación amorosa con quien luego sería su jefe. Pero entraron en la casa con total naturalidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los 3 vagones del ferrocarril seguían fielmente a la locomotora que se dirigía al cuarto de la casa. Allí estaba Fernando. En la cama, con su ropa de dormir, inmóvil, en posición fetal. Mónica lo llamó suavemente. Luego tocó su hombro. Después lo zamarreó pero Fernando no reaccionaba. Lo giró y al acercar su oreja al pecho de él solo oyó silencio. El llanto fue inmediato, el grito nació después y se repitió varias veces. Los hombres de la habitación juntaron lágrimas en los ojos y se apartaron de la cama, dos o tres pasos. Mónica fue hacia ellos y los increpó: -¡Ustedes! ¡Ustedes!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jorge cayó al piso, sentado, con el cuerpo perdido. Los demás lo miraban amenazadoramente, con cara de maldad y asombro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Digan la verdad! ¡Lo de anoche no fue un sueño! ¡Ustedes sienten culpa! –seguía gritando Mónica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No! ¡Fue un sueño! –se excusaba Juan- ¡Yo, yo le pegaba, pero era un sueño, no, no, no lo maté, no quería hacerlo!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Juan no se atrevía a mirar nada. Ni a sus compañeros ni al cadáver en la cama. Sólo sentía, con ambas manos tapando su cara, que la habitación se hacía cada vez más pequeña, y que él quedaba encerrado en el centro y sabía que pronto se chocaría con sus compañeros acusadores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Vos  no dijiste nada de tu sueño! ¿Qué nos estás ocultando? –Increpó Mónica al último, y logró el cometido: Todos se señalaban entre sí con el dedo, echando culpas como disparos con el dedo índice, cumpliendo cada uno su sueño, y ella, ella cumpliendo su ensoñación, su venganza perfecta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-6640902201874117238?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/6640902201874117238/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=6640902201874117238' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6640902201874117238'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/6640902201874117238'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/10/ensueo.html' title='En_sueño'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-719763465487714684</id><published>2007-10-18T12:26:00.000-02:00</published><updated>2009-01-11T18:50:57.614-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ficción'/><title type='text'>La séptima prueba</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;El viento soplaba apenas y hacía que sus rizos acariciaran mi rostro. Íbamos a trote lento camino al castillo; ella justo delante mío, entre mis brazos, mostrando una sonrisa, de perfil al camino.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;La encontré perdida y ofrecí mi ayuda. En ese momento solo pensaba en la recompensa que obtendría. ¿Caballos? ¿Algún título? ¿Tal vez su mano?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Necesito volver al castillo, pero no sola –me dijo al acercarme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Mientras acomodaba la montura para que entráramos ambos, el cielo se tiñó de negro tormenta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-Si partimos ya, nos tomará la lluvia por sorpresa –le dije, esperando la posibilidad de ir juntos a un refugio.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;-No me importa, ¡tenemos que irnos ahora!&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;La llegada al castillo fue triunfal: La puerta se abrió y comenzaron los vítores, la algarabía y algunos festejos más. Hasta las nubes se dispersaron para que también el sol pueda recibirnos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Antes de bajarse del caballo me preguntó con dulzura “¿Eres religioso, verdad?”. Y esa sería la respuesta a mis preguntas del viaje.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Bajó al tomar la mano de un caballero que la besó con familiaridad. A mí me llevaron a una galería donde en soledad hicieron que espere la ceremonia. Así eran sus costumbres, me dijeron. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;En la plaza principal estaban todos. La doncella recibió su condecoración: Conmigo completó la prueba. Pasó exitosamente la prueba de la carne; yo fui el séptimo y su consagración. Entonces anunciaron la fecha del casamiento. Sus ojos y los del prometido brillaron más que el sol.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Sólo una cosa era segura: ella se casaría con otro. Y yo aún no entendía que parte de la religión, entonces, tenía que ver conmigo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-AR"&gt;Después de varios sermones y algunos rituales incomprensibles, pusieron una tela negra en mi cabeza y comprendí que no tendría recompensa. -¡No soy religioso! ¡Yo la ayudé! -grité en vano, mientras me sostenían firmemente.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;    -Ojalá ésta sea la última vez que lo hacemos –dijo el verdugo, pero nadie lo oyó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: 12pt; font-family: &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;" lang="ES-AR"&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5728724347422081347-719763465487714684?l=walterpascual.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://walterpascual.blogspot.com/feeds/719763465487714684/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5728724347422081347&amp;postID=719763465487714684' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/719763465487714684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5728724347422081347/posts/default/719763465487714684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://walterpascual.blogspot.com/2007/10/la-sptima-prueba.html' title='La séptima prueba'/><author><name>Walter Pascual</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09749675692593807887</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5728724347422081347.post-1583165513177617878</id><published>2007-10-18T12:25:00.000-02:00</published><updated>2009-01-11T18:52:21.416-02:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Ciencia ficción'/><title type='text'>En todas las salas</title><content type='html'>Deseaba no recordar, pero recordaba todo, todo el tiempo. Recordaba el rocío bañando la verde pradera, el sol en los ojos, el molesto gentío de la feria de los sábados, mis años de estudio, el trabajo, ¡extrañaba a mis insoportables jefes!, también los amigos, la familia, todo cobraba vida en mi mente, con sólo cerrar los ojos. Pero la película duraba poco; con solo abrirlos nuevamente tomaba conciencia de que estaba en la luna, hacía ya 5 años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba en “el casco”. Así llamaban a la construcción en forma esférica, con una base llena de instalaciones y una cúpula transparente, desde donde se veía el infinito cielo, el oscuro espacio de nada que me rodeaba, el rostro lleno de aburridas pecas blancas que me veía envejecer segundo a segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya conocía el lugar de memoria. La sala de máquinas, las salas de estar, y las habitaciones. Las habitaciones para “ellos”, los profesionales de la nasa, y para “el resto”; los operarios, los empleados, como yo, flamante “Jefe de mantenimiento” de la planta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue todo cuestión de un día. Yo estaba revisando una de las paredes de cristal líquido cuando todos empezaron a correr y la sirena chilló imparable. El plan de evacuación comenzó. Todos debían abandonar el casco y volver a la tierra. Era una decisión sorprendente, a solo 2 meses de estadía, cuando se planeaba permanecer más tiempo, y habiendo preparado la planta para 20 años de aire puro. Yo conocía como programar las compuertas, por eso tenía que salir en último lugar, pero algo falló y se cerraron conmigo dentro, y se bloquearon luego; ahora sólo se pueden abrir desde afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cansado de mirar el cielo, aburrido de mirar las repetidas imágenes de las pantallas que finalmente reparé, exploré cada detalle de la planta. No entiendo por qué seguía teniendo fuerzas. Lo más fácil era abandonarme a la muerte, ya estaba muerto para todos. Pero en el silencio espacial, allí donde cada paso es un trueno y un temblor, mis pisadas sonaban diferentes en determinadas zonas. También noté que algunas paredes eran más anchas de lo que el diseño hacía suponer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi cabeza, quizá por ausencia de otras cosas en que pensar, se fueron tejieron mil hipótesis. ¿Habría pasadizos secretos? ¿Se trataba de espacios huecos por protección? Decidí averiguarlo. Revisé la documentación de la planta y nada. Tuve que realizar exploración experimental, y así fue que encontré que los comandos para unas puertas aún no terminadas en realidad desplazaban paredes. Programé que se abran en 48 segundos, el tiempo necesario para llegar frente a la supuesta pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se abrió, fue todo muy confuso. Lo primero que vi fue ese rostro con antenas y un arma enorme apuntándome, con la luz roja encima. Indeciso, me tiré encima y lo comencé a golpear. Realmente nunca pensé que al encontrarme con alguien después de varios años de soledad reaccionaría así. Seguí pegándole, lo golpeé con el aparato de la luz roja, hasta que varias manos, que llegaron de la planta, de la pl
